Entusiasmo y creatividad en una nueva Feria de Ciencias
Ayer finalizó la 51ª edición provincial de la que participaron 1.600 proyectos de alumnos de todos los niveles escolares. La temática ambiental y la irrupción de la robótica fueron las notas destacadas.
La Feria de Ciencias y Tecnología de Córdoba “Alberto Maiztegui” derrochó este año entusiasmo y esperanza. “Siempre se muestra el costado negativo de los adolescentes y de la escuela, pero observar el trabajo que las chicas y los chicos hacen para estar en esta feria muestra que es falsa esa idea de que esta juventud está perdida”, aseguraba ayer Esther Galina, secretaria de Gestión del Ministerio de Ciencia y Tecnología de Córdoba.
Este despacho, junto con el Ministerio de Educación, organizaron la 51ª edición del encuentro que cerró ayer. Este año fue récord: se presentaron más de 1.600 proyectos en los encuentros zonales de toda la provincia.
En el Centro de Convenciones Brigadier General Juan José Bustos, en el Complejo Feriar, 280 trabajos de los niveles inicial, primario, secundario y terciario participaron de la instancia final en Córdoba. Unos 40 se clasificaron a la feria nacional que se realizará en Tecnópolis a principios de noviembre. Obvio que todos querían ganar, pero no hubo caras largas entre los perdedores. El triunfo ya es participar de una instancia científica que comenzó como una “loca idea” del físico y profesor Alberto Maiztegui en 1968.
Año a año, la feria ha ido creciendo en cantidad de participantes. Galina cree que ese éxito se debe a una apuesta de la Provincia por impulsar el trabajo por proyecto dentro de las escuelas y por la difusión que ha tenido el evento. Pero sobre todo se debe al trabajo de los docentes para buscar estrategias que motiven a los alumnos.
Foco en el ambiente
Como todos los años, la problemática ambiental sigue siendo protagonista de los proyectos. El foco está puesto en mostrar formas de reciclar los residuos y en cómo aprovechar las energías sustentables, además de en estudiar los hechos de contaminación que afectan el entorno escolar.
“Los chicos tienen una sensibilidad para visualizar el entorno. Y hay un espíritu solidario en cada proyecto. Quieren ayudar a alguien o al menos aportar otra mirada sobre los problemas”, asegura Galina. Pero además observa que con los años los alumnos van mostrando más capacidad creativa y han ido incrementando el nivel de profesionalismo con el que realizan los trabajos.
Además del ambiente, varios proyectos abordaron problemáticas típicas de estos tiempos y de los adolescentes, como el uso de la tecnología, la educación sexual, los accidentes de tránsito y las adicciones. También sorprende el interés por temas vinculados con la alimentación saludable. Varios trabajos buscaron crear alimentos saludables para incorporar en la dieta escolar.
La robótica es una disciplina cada vez más popular en las escuelas técnicas. Pero no hace falta tanta tecnología. Bruno Villarroel, del Ipea 234 de Ambul, estaba entusiasmado con su proyecto para producir aceite de oliva: una máquina sin motor para prensar las aceitunas y obtener el producto. Ambul no tiene olivos, pero Bruno cree que puede transformar el pueblo. “El clima lo permite. El objetivo del proyecto es mostrar a Ambul y a la escuela que podemos tener una economía regional basada en el olivo”, dice.

