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En el interior, se apuesta más fuera de temporada

Salvo en las localidades de perfil turístico, en el resto se juega 13% más de marzo a noviembre: son los propios vecinos los que dejan sus ingresos en las “slots”.

13 de abril de 2015 a las 12:01 a. m.
En el interior, se apuesta más fuera de temporada
Deán Funes. Una de las localidades menos favorecidas de Córdoba. Allí se juegan 1,5 millones de pesos al mes (LaVoz/Archivo)

En la provincia de Córdoba hay 17 ciudades con tragamonedas en sus casinos. De esas 17, ocho son de un perfil turístico indiscutido: Carlos Paz, Alta Gracia, Río Ceballos, La Falda, Embalse, Cosquín, Mina Clavero y Miramar. En estas localidades (en Carlos Paz y en Río Ceballos hay dos), como es de esperar, el dinero jugado aumenta de manera notoria en los meses de diciembre, enero y febrero, cuando reciben turismo de todo el país. Por ejemplo, en enero pasado, se apostaron en las máquinas de esas salas 16.700 millones de pesos, el 65 por ciento de todo lo que se jugó en slots en ese mes. San Francisco no forma parte de ese pelotón. Hay nueve ciudades que también tienen tragamonedas, pero que no son de perfil turístico. Entre ellas se cuentan, además de San Francisco, Río Cuarto, Villa María, San Francisco, General Roca, Corral de Bustos, Morteros, Laboulaye, Cruz Alta y Deán Funes. Algunas tienen más flujo de tráfico, con viajantes y camioneros que, al fin y al cabo, están trabajando; no son turistas.Resulta interesante ver cuánto aportan estos grupos de ciudades en el mapa del juego cordobés.En los tres meses de verano, según datos que publica la Lotería de Córdoba, las ocho ciudades turísticas le reportaron a Lotería 45,12 millones de pesos en concepto de canon. Como el canon representa el 24 por ciento de lo jugado, cordobeses y turistas dejaron en las tragamonedas durante las vacaciones 188 millones de pesos, el 63,3 por ciento de lo apostado en las 3.600 slots que tiene Lotería en la provincia de Córdoba. Por su parte, en el pelotón de localidades no turísticas, se jugaron 109 millones de pesos, el 36,7 por ciento restante. El resto Pero ¿qué pasa fuera de temporada, cuando los turistas se van? En aquellas ciudades de veraneo, las apuestan caen. En Mina Clavero, por ejemplo, se reducen a la mitad. Pero en aquellas que no son turísticas, las apuestas suben. Esto significa que esas nueve ciudades no turísticas efectivamente no reciben visitantes y que son los mismos vecinos, quienes en el verano quizás salen de vacaciones, los que apuestan durante el año.Para evaluar el fenómeno con cifras: en el conjunto de las no turísticas se jugó entre marzo y noviembre 391,7 millones de pesos de los 944 millones que se apostaron en las 3.600 tragamonedas. La cifra representa el 41,5 por ciento del total jugado. Esto significa que en las ciudades no turísticas, fuera de temporada, el juego aumenta 13 por ciento. Entre las turísticas, cuando no hay veraneantes, cae 7,6 por ciento. Fenómeno Para evitar la distorsión que puede provocar la inflación, bien puede compararse sólo enero con abril. En las ocho ciudades turísticas, en abril las apuestas caen 16 por ciento frente a lo jugado en enero. Pero en las nueve que no son turísticas, suben 3,9 por ciento. El fenómeno no es nuevo, se repite todos los años; incluso más acentuado. En abril de 2011, por ejemplo, en las ciudades de veraneo, las apuestas cayeron 8,7 por ciento respecto de enero de ese año; pero en las no turísticas crecieron 13,6 por ciento.Por supuesto que el fenómeno no es lineal, porque aún entre marzo y noviembre hay feriados largos y las vacaciones de invierno. Pero así y todo, esta lectura de las cifras confirma lo que es evidente: en los pueblos chicos, las tragamonedas consumen los bolsillos de los laburantes. ¿Quiénes juegan? "El casino destruyó económicamente a Deán Funes; parte de cómo está la ciudad es culpa del casino", asegura José Marchessi, a cargo, con su papá, de dos locales de productos regionales y naturales y, además, miembro del Centro Comercial de Deán Funes. Asegura que empleados y jubilados dejan hasta lo que no tienen en las tragamonedas, abiertas de 14 a 6 de la mañana. "En Deán Funes se han instalado financieras, porque la gente se endeuda... al comercio eso lo mata", agrega. "Acá no hay campo, no hay turismo, y el impacto en el comercio es muy grande", sostiene. Recuerda que las slots llegaron a Deán Funes porque Jesús María las rechazó; y que el argumento que se esgrimió es que iban a estar acompañadas de inversiones turísticas. "Pero nada de eso pasó", asegura.En Laboulaye la situación es similar. "Por lo que uno ve, la gran mayoría de los que juegan es gente del pueblo. Por ahí puede ir alguien de paso que viaja a Mendoza y hace noche aquí o alguna visita; pero no somos una ciudad turística". El que habla es Erman Bosco, sacerdote de la parroquia Jesús Redentor de Laboulaye, con presencia desde hace seis años en esa localidad del sur cordobés. Dice que antes estaban en un hotel en la ruta, pero ahora se mudaron frente a la plaza. "Están en el Centro, lo que no favorece porque es mucha la gente que entra... es un drama, la verdad que es un drama, porque siempre hay bicicletas estacionadas en ese lugar", agrega el cura.