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En cuarentena, las mujeres asumen más tareas del hogar

Una encuesta en Córdoba concluyó que el aislamiento implica una sobrecarga que produce un desgaste físico y mental. Especialistas indican que son claves los pactos que había en la pareja antes del confinamiento.

09 de mayo de 2020 a las 12:01 a. m.
En cuarentena, las mujeres asumen más tareas del hogar
Todos en casa. En este contexto, si bien todos asumen más labores del hogar, las mujeres tienen una carga de actividades mayor que antes de la cuarentena. (La Voz)

El aislamiento social preventivo por el coronavirus obligó a generar nuevas reglas y acuerdos –provisorios– en todos los ámbitos: laboral, institucional y, también, en el hogar. Las rutinas cambiaron para casi todos porque ahora los adultos trabajan desde casa o no trabajan; porque los niños y adolescentes toman clases virtuales; y porque se suspendió la cadena de cuidados de los más pequeños, ya sea familiares o institucionales (escuelas, jardines, entre otras).

Cada familia, cada casa y hogar tiene su propia realidad y se reorganiza de distinto modo de acuerdo a las nuevas circunstancias, pero hay patrones que se repiten. Los especialistas y los organismos internacionales advierten que donde había desigualdad, el aislamiento la profundiza, y donde había buen diálogo y negociación, puede generar actitudes reflexivas y nuevas negociaciones.

Lo cierto es que los datos indicaban antes de la cuarentena que en la mayor parte de los casos había desigualdad en el reparto de las tareas domésticas, como el cuidado de niños y adultos mayores, limpieza, cocina, entre otras.

La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) de la Organización de las Naciones Unidas advirtió en un informe que la pandemia del Covid-19 profundiza la crisis de los cuidados y que en este contexto las desigualdades de género se acrecientan en los hogares de menores ingresos.

En Argentina, la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) remarca que, mientras que las mujeres dedican 6,4 horas diarias a las tareas del hogar, los hombres sólo lo hacen 3,4 horas. La mitad. A ello debe sumarse que el 84 por ciento de los hogares monoparentales están a cargo de mujeres, lo que refuerza aún más esa sobrecarga.

Otro dato –y que responde al último período de aislamiento– es que en el caso de las parejas separadas y con hijos, ante la prohibición de circulación (que fue revertida la semana pasada) los niños debieron quedarse en su residencia habitual, que en su mayoría coincide con la de la mujer.

En Córdoba, un reciente estudio de investigadoras del Conicet y la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) indagó en base a una encuesta a 550 personas (la mayoría mujeres) sobre las tareas de cuidado en el contexto de emergencia, las horas de sueño, las preocupaciones, emociones y estados de ánimo en este contexto.

El resultado de las investigadoras Paola Bonavitta y Gabriela Bard Widgor indicó que las mujeres sienten una sobrecarga de trabajo: el 50 por ciento indicó que están cuidando las 24 horas y las emociones predominantes que surgieron de la encuesta fue “cansancio” y “angustia”.

Desde la ONU ya advertían esta realidad con un informe en abril. “La pandemia de coronavirus ha puesto de relieve, de forma inédita, la importancia de los cuidados para la sostenibilidad de la vida y la poca visibilidad que tiene este sector en las economías de la región, en las que se sigue considerando una externalidad y no un componente fundamental para el desarrollo”, indicaron.

Y a su vez, señalaron: “La crisis sanitaria en curso pone en evidencia la injusta organización social de los cuidados en América Latina. Urge pensar las respuestas a las necesidades de cuidados desde un enfoque de género, ya que (...) son las mujeres quienes, de forma remunerada o no remunerada, realizan la mayor cantidad de tareas de cuidados”.

Desgaste físico y mental

Bonavitta y Bard Widgor resumieron: “Las principales conclusiones de nuestro estudio tienen que ver con la sobrecarga en los cuerpos de las mujeres. Sostener una doble y triple jornada laboral en un mismo espacio físico implica una percepción y una sensación de un cuidado 24 horas, donde los cuerpos de las mujeres se resienten no sólo físicamente, sino también mentalmente”.

En la misma encuesta consultaron a las mujeres si habían notado un aumento del tiempo que dedican a realizar actividades que les gustan: la mayoría respondió que no. A esto se suma que la mayoría duerme entre una y tres horas menos de las ocho recomendadas.

Julieta es docente y vivía sola antes de la cuarentena. Luego decidió compartir el tiempo de aislamiento con su novio. Ambos tuvieron que establecer nuevas reglas para su convivencia y si bien se reparten las tareas, ella asegura que es difícil en un contexto donde ella sigue trabajando desde su casa y él no porque su actividad está paralizada.

“Creo que la cuarentena nos ha perjudicado más a las mujeres porque la división de tareas nunca es del todo equitativa y cuando lo es, hubo todo un proceso anterior donde tuvimos que enseñarles a los hombres cuáles eran las tareas y preocuparnos para que las cumplan. Una vez que las automatizan, ahí las empiezan a hacer pero la carga mental siempre recae en nosotras. Eso me pasa a mí”, dijo.

Alejo y Sebastián, también docentes, indicaron que no tuvieron mayores inconvenientes con las tareas domésticas con sus respectivas parejas, pero sí reconocieron que tuvieron que reorganizar sus rutinas y flexibilizar horarios para adaptarlos a la nueva situación. Aseguraron que la buena relación y comunicación con sus parejas tuvo que ver en el proceso.

Romina Lerussi, investigadora de Conicet, si bien admite que aún no se conoce a fondo la situación que se está viviendo ahora en los hogares, asegura que de acuerdo a la realidad que se vivía anteriormente se pueden inferir que en las parejas donde había un pacto equitativo previo, esta situación puede haber dado lugar a un proceso de autorreflexión y renegociación.

“Pero donde ya existían situaciones de desigualdad, que es en la mayoría de los casos, podemos inferir que este contexto tiende a incrementarlas y que las mujeres llevan la mayor carga, sobre todo porque están ausentes las personas o instituciones en las que se tercerizaba el cuidado, y ahora la escolarización a través de las pantallas requiere de un adulto que acompañe”, concluyó