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En 30 años, Córdoba perdió el 73% de sus quinteros

En 1985 se censaron 770 productores en el Gran Córdoba. Hoy quedan 206. Traer verdura y fruta de otras provincias suma $ 3 por kilo. Menor consumo, falta de agua y presión inmobiliaria, algunas de las causas.

03 de mayo de 2014 a las 12:02 a. m.
En 30 años, Córdoba perdió el 73% de sus quinteros
Abandono. En Villa Gran Parque, hace tiempo que se dejó de sembrar y cultivar. Alrededor de la zona, sólo se ven focos de pobreza (Sergio Cejas/La Voz).

Luis Marcuzzi tiene 66 años. Toda la vida trabajó sus cinco hectáreas en Colonia Caroya, con durazneros y perales. “Estoy achicando las plantaciones, el año pasado tuvimos dos pedreas grandes y este año no hubo fruta por helada y altas temperaturas cuando los durazneros estaban en flor”, dice.

Tiene una hija psicopedagoga y otro odontólogo. “No quise que siguieran conmigo, es muy ingrato el trabajo de la chacra, son pequeñas parcelas no rentables en otra cosa más que en esto, con muchos contratiempos”, asegura. Evalúa incluso abandonar los frutales y hacer algo de papa, o ni eso. Un sobrino está poniendo malla antigranizo, pero para plantaciones que recién arrancan.

Marcuzzi está a un paso de hacer lo que cientos ya hicieron: no producir fruta, ni verdura, ni papa. El que tenía dos o tres unidades las unió y hace soja, ganadería o apicultura. Otros quedaron atrapados por la trama urbana o industrial y ya no pueden producir en las mismas condiciones que antes, y está el que loteó –incluso sin autorización municipal– y le sacó buena plata a la tierra.

En 1985, el cinturón verde de Córdoba –que incluye Monte Cristo, Guiñazú, Colonia Caroya, Colonia Tirolesa, Jesús María, Río Primero y Río Segundo– nucleaba a 700 productores, según el Censo Nacional Agropecuario de ese año. La ciudad de Córdoba era la tercera productora de papa del país, después de Balcarce y Villa Dolores, y líder en producción de duraznos. Exportaba papa a Uruguay y Paraguay, y mercados de la Patagonia y del norte del país venían a comprar frutas y verduras.

Hoy quedan apenas 206 productores, según datos de la Dirección de Ferias y Mercados del municipio de Córdoba, lo que representa una reducción del 73 por ciento en casi 30 años.

En el ejido de Capital, había en el ’85 unas 17 mil hectáreas bajo riego. Hoy, se calcula, quedan 4.500 en el norte de la ciudad dedicadas a la producción hortícola y unas mil en el sur que hacen papa.

Ya no se exporta papa ni frutas, y hay épocas en las que se compra en Mendoza y La Plata más de la mitad de lo que consume la ciudad. Traer un cajón tiene de flete entre 20 y 25 pesos, lo que significa que el consumidor paga, en promedio, tres pesos más por kilo.

¿Qué pasó?

Hay varias causas que explican la reducción. “Este sector está en crisis porque consumimos poco. No pidamos un sector dinámico si el mercado es interno y consume cada vez menos”, sentencia Héctor Fontán, director de Ferias y Mercados y con años de experiencia en el área. Otro problema grave es la falta de agua. Córdoba tomaba agua del San Roque a través del canal maestro norte, que ya no provee más. Se esperan las cuatro perforaciones que está haciendo la Provincia. “El riego del cinturón verde se terminó, la papa que se hacía en el norte se reconvirtió a cereal, que no necesita agua”, dice Juan Perlo, titular de la Asociación de Productores Frutihortícolas de Córdoba. “El achicamiento fue muy grande, se han ido a Río Primero y Río Segundo, adonde hay agua”, coincide Agustín Pizzichini, de la Federación Agraria Córdoba.

Para los del sur, el canal maestro trae agua de Los Molinos, aunque está tan deteriorado que pierde hasta la mitad de su caudal, lo que es un problema en tiempos de sequía. También es cierto que el sector no se reconvirtió, ya sea por dudas propias, por falta de fondos o por ausencia de ayuda estatal.

Según Fontán, hay tres cosas que hacer: riego por goteo, porque el canal implica dilapidar el 80 por ciento del agua; media sombra para morigerar las temperaturas extremas, y malla antigranizo. La inversión es de 200 mil pesos por hectárea, a recuperar en cinco años (ver aparte).

Y también hay otros factores. Los hijos de los “viejos quinteros” no quieren trabajar en los campos, desalentados por sus padres o por la baja rentabilidad. Perlo asegura que años atrás, “el 70 por ciento de los productores eran gringos y 30 por ciento bolivianos, y hoy es al revés”. “Si no fuera por la comunidad boliviana, Córdoba estaría pagando el doble de lo que hoy paga”, sentencia Pizzichini, que pide reducción de cargas sociales porque no consiguen mano de obra interesada en los cultivos.

También es cierto que a muchos, aun teniendo los recursos, no los convence la reconversión. “Se atomizó de tal manera el cinturón verde que quedaron los que no se quieren ir, los que tienen entre dos y 10 hectáreas. Esos son los que queremos salvar, estamos tratando de sacarlas del patrón 4 y 5 de industria peligrosa y hacer una zona extra de reserva de producción intensiva”, dice Perlo, en referencia a un trabajo iniciado hace dos años con Planeamiento, cuando estaba a cargo de José Calviño.

De todos modos, Fontán asegura que el proceso de achique “se frenó” y que un 15 por ciento de los quinteros ya inició la inversión que asegurará más eficiencia, mejor rentabilidad y la posibilidad de esquivar la inclemencia del clima. Confía en que los otros, cuando vean los resultados, se animen también.