“Empecé a comer carne aquí y dejé de ser vegetariana”
Adriana encontró en la Argentina las “mejores carnes del mundo”, aunque extraña las arepas, las frutas tropicales y el plátano frito.
Adriana encontró en la Argentina las "mejores carnes del mundo", aunque extraña las arepas, las frutas tropicales y el plátano frito. "Yo empecé a comer carnes cuando me vine a la Argentina. Fui vegetariana por una concientización ecológica. Siempre sensible con los animales. Pero de repente, no sé, se me quitó esa conciencia", se ríe.Al mate, dice, no lo entiende. Funciona para estudiar porque quita el sueño y es una buena manera de compartir, pero no le encuentra el gusto. "Es un agua amarga", opina.Lo que sí adoptó son palabras populares o del lunfardo como "laburar", "chamullo", "quilombo" y "piola". También, algunas normas y aprendió, a fuerza de multas, a prender las luces del auto. Organización y seguridad Aunque parezca difícil de creer para un cordobés, Adriana asegura que le llama la atención la organización y la seguridad. "Acá son muy organizados para nosotros. Por más que uno critique, el control social es muy fuerte… Das el documento y te figura donde vives. En Venezuela no está tan avanzado. Si te olvidas de ponerte el cinturón, aquí las multas son increíbles", sostiene. Y agrega: "Uno va a un concierto y la gente no está bebiendo. En Venezuela fui a un concierto del circo y terminó con la gente tirándose botellazos. Aquí es muy familiar. Eso me da tranquilidad", subraya.Entre otras cosas, Adriana disfruta de andar de noche en bicicleta por la costanera o de salir a tomar un café a cualquier hora. "En Caracas o en la Isla Margarita, a las diez de la noche ya no puedes salir. Y no es exageración. Es verdad. Hay mucha inseguridad. La gente cierra los negocios a las nueve de la noche. Los lugares nocturnos hasta las doce o una. En la noche de miedo", plantea.Lo que extraña es la calidez del venezolano, la alegría. "El argentino a veces anda como si estuviera llevando un peso en la espalda", opina.

