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“El violento es violento, con o sin marchas de mujeres”

La española es experta en la problemática del maltrato sexista. Opina que el “rebrote” de casos no tiene vinculación con las manifestaciones #NiUnaMenos.

03 de noviembre de 2016 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
“El violento es violento, con o sin marchas de mujeres”

En las últimas semanas, a raíz del "rebrote" de femicidios registrados en Córdoba y de las marchas que los repudiaron, muchas personas se preguntaron si las manifestaciones públicas en contra de estas conductas podían resultar una provocación para los violentos. Para la española María Antonia Moreno Llaneza, especialista en esta problemática, no hay vinculación entre las marchas y el aumento de los casos de violencia de género. "Los violentos son violentos, con o sin marchas", opinó.Moreno Llaneza estuvo en Córdoba, invitada por el Gobierno provincial, para hablar durante la presentación del programa que buscará convertir a la escuela en un ámbito formador de personas que reprueben este drama social. –¿Pueden las marchas o las protestas como #NiUnaMenos provocar una suerte de efecto rebote, generar más ataques de parte de los violentos? –Estoy convencida de que no. El hombre que tiene una ideología patriarcal puede estar dispuesto a matar, asesinar, maltratar o violentar a una mujer haya o no haya noticias o marchas sobre violencia de género. Que 300 mujeres sean asesinadas por año en Argentina por el sólo hecho de ser mujeres, no hay efecto rebote que valga, es un drama que viene de otra cosa que se llama patriarcado, y el efecto se llama no saber convivir en el respeto y en la igualdad. Las mujeres que son maltratadas o asesinadas son mujeres que se salen "del camino" que se creía que tenían trazado, el camino de la sumisión, de la obediencia. Y eso un machista lo va a hacer igual, con o sin marchas o manifestaciones. Por desgracia, es un drama muy profundo y muy generalizado que no se alcanza a advertir de manera patente su real gravedad. Si fueran 300 futbolistas los asesinados, todo el mundo estaría en la calle protestando. –¿Hay un perfil del violento? –No. Hay maltratadores que tienen carrera universitaria, que tienen ingresos altos, y también los hay pobres. Hay maltratadores en todas las clases sociales porque el patriarcado es una ideología que atraviesa todas las clases sociales. Muchas veces la gente dice o preferiría que esto tuviera un sesgo de clase social, pero no es así. –¿Qué ha podido observar en Córdoba sobre este fenómeno? –Es evidente que el tema ya está instalado en la calle. Y veo una preocupación generalizada por el problema y también por cómo solucionarlo. Pero también está claro que está muy arraigado, enraizado en una ideología patriarcal difícil de solucionar. Pero hay mucho interés. Y esa fuerza social debe ser aprovechada. –¿Se puede trazar un paralelismo con lo que pasó en España? –Sí. Sobre todo por el proceso que incluye un cambio o "un darse cuenta" de la realidad a partir de casos emblemáticos. En España, en 1997, Ana Orantes, una mujer que durante 40 años había sido sometida a malos tratos por su marido, un día se hartó y contó su drama por televisión. Nadie se conmovió mucho hasta que 17 días después Ana fue rociada con combustible y quemada viva por el marido. Los casos paradigmáticos, como los que también tienen ustedes, despiertan a las sociedades. En España comenzaron a conocerse estadísticas, se hicieron marchas, se cambiaron algunas leyes, se aprobó una ley integral contra la violencia de género. Y cuando el tema llegó a la escuela se hizo una formación sistemática que modificó muchas conductas. –¿Cómo se llevó el tema a las aulas? –Como se quiere hacer aquí. Lo primero fue formar al personal docente. Con eso comprobamos algo: docente que se forma en igualdad quiere llevar la igualdad al aula. Entonces comienzan a multiplicarse los recursos didácticos, los materiales pedagógicos. –¿Ayuda que el 95 por ciento del profesorado está integrado por mujeres? –Como ocurre en otros ámbitos, en los cuales las víctimas reclaman las reformas y generan los cambios, en este la lucha por la igualdad ha sido más una lucha de mujeres que de hombres. Hay más facilidad para llevar la igualdad al aula, aunque en España hay hombres que son verdaderos maestros en igualdad, sobre todo desde las masculinidades igualitarias, en el trabajo con los chicos. –¿Cómo se le explica a un niño la violencia sexista? –Depende de la edad. En jardín de infantes no hace falta exponer a una realidad tan brutal, con sus hechos. Hacerlo sería exponerlos a una violencia que les es ajena y los puede conmocionar. Hay que empezar de a poco; romper con los estereotipos; enseñarles a "bien tratar" al otro, a la otra. Es curioso, pero en nuestro idioma tenemos un verbo para "maltratar", pero no para "bien tratar". Eso habla también de nuestras sociedades. Enseñar el buen trato, la empatía, la igualdad, las relaciones afectivas sanas, las relaciones con las personas en igualdad. Y luego, de acuerdo con la edad, ir incorporando exposiciones acerca de la realidad, con sus síntomas sociales y los síntomas particulares; enseñarles a los chicos cómo detectar si están siendo o no víctimas de maltratos.

El caso de España, analizado en Córdoba

“Es un proceso a largo plazo, porque se trata de educación”, dice María Antonia Moreno Llaneza cuando se le pregunta por plazos para revertir la cultura sexista desde la escuela. Aseguran que hoy en España las niñas que recibieron “educación para la igualdad” tienen muchísimas menos posibilidades de ser víctimas de violencia de género. Y los niños, muchísimas menos posibilidades de desarrollar una masculinidad violenta. “Serán generaciones mejores”, sostiene.