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El último adiós al pueblo de los amores

En su mayoría, los evacuados sueñan con volver a sus hogares, pero hay gente nacida en la localidad que decidió mudarse porque perdió todo y ya se instaló en otros lugares.

08 de marzo de 2015 a las 12:01 a. m.
El último adiós al pueblo de los amores
Nadie. El perro ha quedado solo. Después de la lluvia a mares, todos se fueron (LaVoz)

Son las 10.45 del viernes. En la soledad de la catástrofe, un muchacho trata de salvar lo que puede de su casa inundada. Carlos Marcantonio mira los muebles, camas, la ropa, la heladera, el lavarropas y el microondas, único artefacto que se salvó. La humedad reina en la casa y Carlos está decidido a vaciarla por completo. "Al tener agua de cloacas se ha formado moho. No pienso dejar nada. Voy a tratar de desinfectar todo y después voy a tirar lo que no sirve. Lo único que pude salvar antes de irnos fue el somier de Juan Octavio". Carlos no ve la hora de poder cargar los trastos y volver a Villa María, donde se instaló definitivamente. "Hoy Juan Octavio cumple 7 años, quiero que estemos todos juntos para hacer un festejito". Romina Martiarena (28) es la esposa de Carlos y la familia se completa con Briana, de 1 año y 3 meses."Voy a esperar que se seque todo y después veremos, por lo menos quiero salvar el somier grande. De última le voy a sacar la parte de abajo y veremos si se salva el colchón. Habrá que ver si la heladera y el lavarropas tienen arreglo, cosa que dudo, y si no, habrá que empezar a comprar todo de a poco o con un crédito. Lo único que no me llevo es el ropero, y la mesa de paño, está todo podrido".Los Marcantonio se fueron la semana pasada, antes de la última lluvia del lunes. "Cuando decidimos irnos para no volver había cinco centímetros ahora está todo lleno de agua. Sale cada vez más agua", dice sin poder ocultar la tristeza de abandonar ese pueblo tranquilo donde nació. Carlos tendrá que dejar atrás la plaza donde jugaba, los vecinos, la escuela a la que fue y a la que iba Juan Octavio, la tranquilidad de llegar después de dos o tres días de viajar en su camión y saber que a su familia no le pasaría nada, que podría llegar, darse un baño y sentarse en la vereda a tomar un mate o una cerveza. –¿Te sentís preparado para abandonar el pueblo y radicarte en otra parte? –No me queda otra. Acá no se ha hecho nada para que el agua no entre al pueblo. Quizá dentro de unos años, si hacen las obras que tienen que hacer, pueda volver. Se que es un cambio total. Nosotros somos grandes y podemos aguantarnos, yo pienso en lo chicos, quería que crecieran en Idiazábal, donde no hay ningún peligro. Octavio iba y venía a la escuela solo, ahora tenemos que llevarlo y buscarlo. Se nos complica bastante. –¿Alquilabas o tenías casa propia? –Alquilaba. –¿Cuánto pagabas en el pue b lo y cuánto te sale el alquiler en Villa María? –En Idiazábal me salía 1.500 pesos, ahora son 3.500 pesos. En el camión Una vez que se acomode, Carlos volverá a salir con su camión. "Por lo general transporto cereales, pero tengo un sistema de barandas que me permite bajarlas y poder utilizarlo para transportar otras cosas, como harina, alimento para perros y otras mercaderías". El mayor temor del joven camionero tiene que ver con la inseguridad de las ciudades grandes. "Yo ando por todas partes, por lo general por Santiago del Estero, Chaco y el norte de Córdoba y sé que no voy a viajar tan tranquilo como antes, no es fácil cambiar la tranquilidad de un pueblo por la inseguridad de una ciudad".Romina, la esposa, estuvo de acuerdo en no retornar más a Idiazábal. Su familia, padres tíos, hermanos, todos se fueron yendo del pueblo donde no tenían posibilidades de progresar y no les fue mal."Vos ves que no hacen nada y no te dan ganas de quedarte, espero que hagan las obras que hay que hacer y poder volver algún día", repite Carlos antes de despedirnos.A Ana María, la madre de Carlos, una de las personas evacuadas de Idiazábal, alojada en el Salón de Usos Múltiples de la Municipalidad de La Laguna, no le agrada la idea de retornar a su casa. "Mi marido no se quiere ir. Pero él es camionero, se va a trabajar afuera y estoy siempre sola porque no me quedó un solo hijo en el pueblo. Además no sé cómo va a quedar la casa y lo que saldrá arreglarla, si es que tiene arreglo". La mujer es consciente de que no hay fecha de retorno a su casa y no le desagradaría que el pueblo se trasladara a otra parte: "Siempre vamos a tener esa espada de Damocles (las inundaciones) pendiendo sobre nuestras cabezas".