Técnica milenaria. El ritual de 10 minutos de yoga facial que rejuvenece sin cirugía
Esta práctica, con raíces milenarias, gana adeptos en todo el mundo como alternativa natural para tonificar la piel y frenar el envejecimiento.
El rostro es uno de los primeros en reflejar los efectos del estrés y el paso del tiempo. Arrugas, flacidez, bolsas y ojeras son señales visibles que preocupan a millones de personas en el mundo entero.
Frente a eso, el yoga facial emerge como un método natural y accesible que promete resultados visibles sin recurrir a cirugías ni tratamientos invasivos.
Así lo sostiene la francesa Masha Marqués, una de las mayores especialistas en esta disciplina y autora de Gym Facial (RBA). En una entrevista con Infosalus, defiende que “en sólo 10 minutos diarios se pueden tonificar los músculos, estimular la producción de colágeno y reconectar con el propio rostro”.
Una práctica ancestral con vigencia actual
El yoga facial no es una moda pasajera. Sus orígenes se remontan a prácticas utilizadas por Cleopatra en Egipto y por emperatrices de la corte china.
Hoy, adaptado al ritmo de vida moderno, se integra con facilidad en la rutina diaria: puede realizarse mientras se toma el café, durante el cuidado de la piel o incluso en una pausa de trabajo.
Según Marqués, la clave está en la constancia: “10 minutos bien enfocados, practicados al menos cinco veces por semana, son suficientes para notar cambios en la firmeza y luminosidad de la piel”.
Beneficios estéticos y de salud
Más allá de lo cosmético, el yoga facial aporta beneficios que impactan en la salud general.
- Tonifica y activa la circulación sanguínea y linfática.
- Reduce la tensión acumulada en mandíbula y frente, zonas muy afectadas por el estrés.
- Favorece la oxigenación de la piel, aportando frescura y vitalidad.
- Mejora la respiración consciente y ayuda a liberar emociones retenidas en el rostro.
La española Diana Bordón, también referente en esta práctica y autora de Yoga Facial (Zenith), coincide en que es una herramienta preventiva y reparadora. “Ilumina, rejuvenece y aporta salud a la piel desde las primeras semanas”, asegura.
A qué edad conviene empezar
La respuesta de Marqués es clara: cuanto antes, mejor. En personas de 20 y 30 años funciona como método de prevención, mientras que en los 40, 50 y más allá ayuda a recuperar tono, reducir arrugas y devolver expresión relajada al rostro.
“Muchas de mis pacientes notan resultados visibles en pocas semanas. El yoga facial no es sólo estética: es autonomía y alegría en el cuidado personal”, enfatiza la experta.

Tres ejercicios esenciales
Marqués recomienda tres prácticas básicas que pueden incorporarse fácilmente en casa.
- Mejillas y boca: formar una “O” estrecha con los labios y mantener la tensión 10 segundos.
- Mandíbula: abrir y cerrar la boca lentamente con los labios hacia dentro, en series de 10 repeticiones.
- Párpados: con los dedos en “V”, entornar suavemente los ojos para fortalecer la zona sin arrugar la frente. Repetir 10 veces.

