"El principal desafío de la Iglesia es la inclusión de los marginados"
El ex obispode Cruz del Eje dijo que el matrimonio igualitario "es todo macana; en el interior el varón es varón y la mujer es mujer".
Las Sierras Chicas, verdes, achaparradas, tranquilas, parecen espiar por encima del muro bajo de piedra a las figuras que los vitrales de colores proyectan sobre la nave de la iglesia Santísima Trinidad y Nuestra Señora de Fátima, de Saldán. La silueta de monseñor Omar Félix Colomé se confunde con esos contornos de sombra y luz. El pastor está sentado en un banco, dentro del templo. De su memoria intacta extrae recuerdos y reflexiones que marcaron a fuego su casi medio siglo de consagración a la Iglesia y de opción por los desamparados.El ex obispo de Cruz del Eje transcurre en aquel pueblo vecino de la ciudad de Córdoba sus días como jubilado, aunque sigue desarrollando actividades propias del hábito.El sábado próximo cumple 78 años y piensa celebrar el acontecimiento oficiando una misa, tal cual lo viene haciendo desde aquella primavera de 1962 cuando se ordenó sacerdote. –¿Cuándo descubrió su vocación religiosa? –Me resulta difícil explicar cómo fue el llamado de la vocación. Recuerdo que una vez llegó el cura de Balnearia a casa a ver a mi padre e imaginé que venía a verme para hablarme del niño Jesús. Como a los 8 ó 9 años, cuando ya vivía en Cruz del Eje, le dije un día al párroco del pueblo, Félix Díaz, que quería ser como él. La vocación es algo propio de cada uno y aunque es difícil explicar el origen, aparece en el albor de la vida. –Entonces no dudó de cuál sería el camino por seguir. –A los 20 ó 21 años, si bien se presentaba con fuerza la idea de ser sacerdote, íntimamente me interpelaba. Me preguntaba una y otra vez si esto era realmente para mí, si estaría preparado para asumir el desafío. Finalmente me decidí y el 29 de mayo de 1954 comencé mi formación sacerdotal en el Seminario Mayor de Córdoba y me ordené en septiembre de 1962. –¿Dónde ofició su primera misa? –Mi primer destino fue transitorio, en la parroquia San Jerónimo de Córdoba. Después pasé a la parroquia de Río Segundo y luego regresé a Córdoba. El 28 de octubre de 1984, Juan Pablo II me designó obispo de Cruz del Eje y allá estuve hasta que me jubilé (en 2007). –En Cruz del Eje lo recuerdan como un defensor de los sectores más postergados, sobre todo durante la crisis de 2001 y los conflictos por la posesión de tierras. –A fines de los '90, la Justicia no estaba al alcance de cualquiera. Había que salir a buscarla y esa búsqueda a veces implicaba choques y enfrentamientos. Se vivía un tiempo de opciones radicalizadas. Entonces sentí que debía intervenir e intervine. Y ciertamente la vocación pastoral me hizo estar del lado de los necesitados. –Eso, porque le dolía la pobreza... –Siempre me dolió la pobreza y la promoción de los pobres sigue siendo la opción que elijo, aunque me golpee fuerte. –¿De qué lado estuvo durante la discusión del matrimonio igualitario? –Respeto la opinión de todos. Pero soy un criollo nacido en Arroyito y criado en el interior. Y en el interior el varón es varón y la mujer es mujer. Lo demás es todo macana. El desafío de la inclusión –¿Cuáles son los desafíos que tiene por delante la Iglesia en Argentina? –Son varios y grandes. Pero el principal sigue siendo la inclusión de los marginados. Que haya excluidos es una clara señal de que sigue habiendo injusticias profundas. La inclusión supone que un habitante pase a ser ciudadano. Que no sólo esté sino que también construya, transforme y modifique la realidad para bien de todos. –¿Quiénes influyeron más en su vida como pastor? –Amelio Guerra, párroco de La Para y Cruz del Eje. También, monseñor Lisandro y Enrique Angelelli. –Si tuviera que empezar de cero, ¿qué haría que no haya hecho o qué mejoraría? –Me interesaría más por la catequesis. La enseñanza de la doctrina cristiana ofrece la posibilidad de cambiar a la persona y a la sociedad, buscar la justicia y el bien común. Y eso llena de vida.

