Temas del día:

El maltrato pesa más en pueblos

La contención ante hechos de violencia familiar se dificulta más en los casos que ocurren en localidades muy pequeñas. La distancia con los centros de contención y los factores socioculturales suman complicaciones.

10 de septiembre de 2016 a las 12:51 a. m.
Carina Mongi*
El maltrato pesa más en pueblos
Juntarse. En Los Reartes, pequeña comuna de Calamuchita, un encuentro del grupo Fortaleciendo Géneros, creado para atender y prevenir casos de violencia contra la mujer. (La Voz)

"Estuve casada con un violento, vivía con los ojos morados, hasta que un día agarré a mis seis hijos y nos fuimos para siempre". Cuando Ramona Domínguez (60) decidió abandonar a su pareja que la golpeaba cuando se emborrachaba, estaba embarazada de tres meses. El mayor de sus hijos tenía 14 años y el menor apenas caminaba. Ya pasaron dos décadas. Hoy, se siente orgullosa de esos hombres y mujeres que crió sola, trabajando como moza o mucama. Huyendo de los maltratos, se mudó de La Cumbrecita a Los Reartes.Ramona cuenta su historia a quien la quiera oír. Participa del grupo Fortaleciendo Géneros, formado recientemente en Los Reartes, pequeña comuna de Calamuchita, como un espacio de contención y ayuda para personas que no pueden salir de ese círculo cerrado y complejo, en la mayoría de los casos dominado por un esquema machista y sustentado por cierta dependencia económica. "Hay muchas que no quieren hablar ni quieren ver que están mal. Yo les digo que no pueden vivir una situación así, porque les hacen daño a sus hijos, que terminan siendo violentos", aconsejó.Aunque la violencia de género es transversal a toda la sociedad, en comunidades pequeñas suele complicarse más animarse a denunciar y obtener asistencia inmediata.La movida nacional con el lema #NiUnaMenos ayudó a disparar la problemática y a ponerle rostro local. En Los Reartes, sembró la semilla de esa asociación y otras acciones de concientización."Es inimaginable la violencia que se vive, pero es difícil llegar a las mujeres. Todo queda puertas adentro", indicó Adriana Salgado (34), otra integrante del grupo. "Hace poco yo me enteré del deber del padre de ayudar económicamente, y acá el hombre no te da un peso", apuntó.

Adriana reclamó que las mujeres accedan a más información.

Otro caso es el de Inés. Luego de la violencia padecida en su casa, se topó con un entramado institucional que le resultó igualmente violento. “No te brindan protección inmediata, hay un vacío legal en ese primer paso, sólo tus amigos te ayudan”, comentó. “Porque a largo plazo vas a mediación, a juicio, pero mientras tanto estás a merced de lo que pase”, reforzó.

“Fui un día a hacer la denuncia policial y me hicieron volver al siguiente porque era de noche; al final tuve que ir tres veces”, precisó. Inés marcó que esos mecanismos desalientan a las mujeres a salir de ese entorno tóxico, y más aún en pueblos chicos. “Por eso es tan difícil salir; si no tenés alguien que te saque y retenga en otro lado, no podés”, sostuvo.

Escuela y sociedad

Jorgelina Borthiri es directora del jardín de infantes Zoraida Lamas, en Los Reartes, donde de forma espontánea comenzaron a exteriorizarse problemáticas de violencia por los relatos de las mamás, también replicados en comportamientos de algunos alumnos. “En los niños se refleja la violencia familiar que viven en casa, uno debe utilizar esto para poder revertirlo”, apuntó la docente, que también integra la asociación Fortaleciendo Géneros.

Ahora planean formar una cooperativa de trabajo para darles herramientas a mujeres “sometidas siempre en su casa”, sin trabajo que las pueda independizar.

Anahí Giacomelli, trabajadora social de Los Reartes y otras localidades vecinas de Calamuchita, opinó que mientras más chico el pueblo, más dificultoso es el acceso a la Justicia. “Están lejos de los juzgados y sin núcleos de acceso cercanos y gratuitos; eso marca una gran diferencia con las ciudades”, subrayó.

Para Giacomelli, las relaciones personalizadas que se entablan en comunidades que no superan los mil habitantes tampoco ayudan a visibilizar la problemática: “Todos son vecinos o parientes, y muchas veces el agresor es afuera un vecino ideal y adentro se transforma en un monstruo. Muchas veces se pone en duda la palabra de las mujeres y los niños”, dijo.

Según esta profesional, el primer paso sería que la mujer “desnaturalice una situación de violencia que quizás se repitió por generaciones, y se sienta segura para denunciar”. Pero planteó que si bien la denuncia puede efectuarse en un destacamento policial o ante un juez de Paz, no existen herramientas para que la denunciante luego se sienta protegida. “Lo denuncia y no tiene con qué darles de comer a los chicos o dónde vivir, o las exparejas quedan viviendo al lado, o en la otra cuadra. Faltan condiciones reales para que se sientan seguras y un proceso rápido, porque hasta su vida puede correr peligro”, añadió Giacomelli. La orden de exclusión puede salir de forma expeditiva, “pero el resto no llega tan rápido”, advirtió.

Articular más

Samanta Funes, integrante del Cuerpo de Abogadas Feministas de Córdoba, brindó un taller en Los Reartes junto a otras colegas y remarcó que falta una mejor articulación entre los distintos espacios del Estado para asegurar respuestas en casos de violencia doméstica. Coincidió en que esas respuestas urgentes llegan más lento en comunidades pequeñas.

*Corresponsalía