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El ilusionismo se quedó sin el gran maestro René Lavand

Murió a los 86 años, en Tandil. Aun con una sola mano, se transformó en un referente para sus colegas. Llevó sus trucos con las cartas por todo el mundo.

08 de febrero de 2015 a las 12:01 a. m.
Agencias DyN, Télam y especial
El ilusionismo se quedó sin el gran maestro René Lavand
“Poeta de las cartas”. Tras perder su mano derecha a los 9 años, Lavand se propuso dominar los trucos con las cartas. Y lo consiguió.

Buenos Aires. El ilusionista René Lavand, considerado uno de los mejores del mundo en la cartomancia, falleció ayer a los 86 años en una clínica de la ciudad bonaerense de Tandil, adonde había ingresado el viernes. Lavand, quien decía sentirse "amparado en la sutil mentira del arte" al realizar sus trucos, había nacido el 24 de septiembre de 1928 y murió en la madrugada de ayer en la Nueva Clínica Chacabuco.El mago, quien pese a contar con una sola mano era un experto en el manejo de naipes y en realizar trucos de ilusión, había ingresado en la clínica de Tandil, cuya Municipalidad decretó tres días de duelo por el deceso de su embajador cultural.

Desde niño

Nacido como Héctor René Lavandera, una tía suya lo llevó con siete años a ver un espectáculo, en el que quedó asombrado con la presentación de un mago llamado “Chang”.

Pese a vivir desde su infancia en Tandil, estuvo unos años con su familia en la ciudad bonaerense de Coronel Suárez, donde sufrió un accidente de tránsito en el que perdió su mano derecha a los 9 años.

A pesar del siniestro, Lavand practicó la cartomancia obsesivamente desde su infancia con la única ayuda de su mano izquierda, hasta alcanzar un completo dominio de las barajas, gracias a un camino de autodidacta porque “todos los libros y técnicas son para magos de dos manos”, solía decir.

Tras trabajar como bancario hasta los 32 años, en 1961 ganó una competencia en la especialidad llamada manipulación y se lanzó como profesional actuando en la televisión y en teatros como el Maipo, el Nacional y el Tabarís.

Desde 1983 viajó y obtuvo reconocimiento en Estados Unidos, Europa y Japón, y llegó a realizar conferencias para sus colegas.

En esos años fue invitado a los dos programas de máxima audiencia de la televisión estadounidense:

El show de Ed Sullivan

y

The Tonight Show

de Johnny Carsson, y trabajó en Nueva York y en Las Vegas.

“Magia es la fascinación del artista con la que logra la comunicación con su público; de modo que si dicen que tengo magia en escena me halagan pero no me gusta que me digan mago, eso confunde”, solía decir.

Manejo de cámaras

Una de sus frases recurrentes fue “no se puede hacer más lento”, con la que desafiaba a los espectadores a descubrir sus trucos. El ilusionista acuñó incluso el término “lentidigitación”, en contraposición al de prestidigitación.

Otra frase usada en la televisión ante un plano cercano fue “la cámara implacable no me deja mentir”.

Sin embargo, la atracción de los espectáculos de Lavand no radicaba exclusivamente en la asombrosa manera en que superó su discapacidad, sino en las historias con las que acompañaba sus ilusiones, y en su manejo de la pausa y el silencio como recursos dramáticos.

En 2002, el mago interpretó a un veterano dueño de un bar y villano de barrio en el film policial

Un oso rojo

, dirigido por Adrián Caetano, y fue nominado al premio Cóndor de Plata de la Asociación de Críticos Cinematográficos de Argentina como Mejor Revelación Masculina.

En el festival Bafici de 2013 se presentó el documental

El gran simulador

, de Néstor Frenkel, que retrata su vida.