El costo de dejar de lado la atención primaria
No se puede “cortar cintas” ni “inaugurar” una comunidad que se mantiene saludable, como sí sucede con un equipamiento de alta complejidad o un nuevo hospital.
Minimizar el impacto de la atención primaria es algo que ningún ministro de Salud debería hacer, si no quiere plantar una mina de acción retardada. Subestimar –y, por lo tanto, dejar de lado y desfinanciar– las acciones que apuntan a preservar la salud de la población y a prevenir enfermedades, más tarde o más temprano, se cobra un precio alto. Un costo que no sólo deberá ser pagado con recursos materiales, sino también con dolor humano.Estas acciones en general son sencillas y de bajo costo, y se resuelven en el primer nivel de atención. O sea, en el dispensario. Pero demandan mano de obra intensiva y, en general, son poco glamorosas, pero muy efectivas: vacunas, análisis, captación de grupos de riesgo, controles básicos y seguimiento.En otras palabras, no se puede "inaugurar" una comunidad que se mantiene saludable, como sí sucede con un equipamiento de alta complejidad o un nuevo hospital. ¿Y la prevención? Salvo pocas excepciones, la atención primaria ha sido la Cenicienta en la salud provincial, con consecuencias que empiezan a estar a la vista. De acuerdo con el sanitarista Iván Ase, "desde hace años la Provincia se desentendió, en los hechos, del primer nivel de atención, y este quedó en manos de los municipios, que tienen muchísimas dificultades para hacerse cargo. Mientras, el Ministerio de Salud se fue concentrando cada vez más en el segundo y tercer nivel de atención (internación, especialidades y alta complejidad)".Para Ase, una excepción fue la estrategia instrumentada en la gestión de Roberto Chuit a través del Programa de Salud Familiar, con equipos interdisciplinarios que trabajaban en terreno, con población a cargo y localizados en las zonas más vulnerables desde lo sociosanitario en el interior y en la Capital."Si bien ese programa tenía deficiencias, era una estrategia interesante, que salía a complementar el trabajo de los municipios", dijo Ase.Ese programa se creó a fines de 2002 y fue desarticulado a principios de 2007 por Oscar González, a pesar del impacto que tuvo, por caso, en la reducción de la mortalidad infantil."En su lugar, González generó el Pacto Sanitario, que funcionó en forma muy limitada y ahora está desfinanciado, con ejecución presupuestaria cero en el primer trimestre del año", indicó Ase.En el caso de la Capital, a su vez, los problemas en la prestación de los servicios de salud son crónicos y al compás de los conflictos gremiales y el escaso financiamiento."Mientras Rosario destina el 28 por ciento de su presupuesto a salud, Córdoba sólo aporta el 18 por ciento, y más de la mitad se va en sostener los dos hospitales", puntualizó Ase. La falta de una visión integral del sistema sanitario; la convicción de que la salud se resuelve con hospitales y no con construcción comunitaria; la prevención más en palabras que en hechos, y espasmódicos parches cada vez que estalla un problema, es lo que hoy tenemos. Lo cual se traduce en hechos inadmisibles: que en Córdoba sigan muriendo bebés por sífilis congénita.

