El asombro de Nicolás
“Hay una prueba clarita de la inflación: en el súper antes te hacían un descuento con la compra de 150 pesos y ahora con la de 200, o sea que perdiste el 33 por ciento”. Laura González.
"Hay una prueba clarita de la inflación: en el súper antes te hacían un descuento con la compra de 150 pesos y ahora con la de 200, o sea que perdiste el 33 por ciento". El razonamiento es de Nicolás, un estudiante universitario de agronomía de 25 años, que poco sabe de las razones macroeconómicas que alientan la suba de precios. Igual, tiene conciencia de que la inflación se dispara, al menos en las cosas que están bajo su radar ("¡lo que subió el fernet!, se alarma).Lo que está pasando en el cierre de 2010 es que la inflación real orilla más el 30 por ciento que el 20, lo que agrava a pasos agigantados el deterioro del ingreso de los argentinos. Por caso: el 73 por ciento de los jubilados nacionales perciben el haber mínimo de 1.046 pesos (y lo seguirán haciendo tras el veto presidencial de esta semana). Ese haber representa apenas un tercio del salario promedio de un trabajador en blanco. En 2001 antes de la devaluación, sólo el 16 por ciento percibía la mínima.Los trabajadores en blanco tampoco tocan el cielo con las manos. Hay 6,7 millones de argentinos que, teniendo trabajo con recibo de sueldo (lo que implica estar bajo el paraguas de la seguridad social) cobran menos de 2.500 pesos por mes. Ese salario, si fuese el único sostén del hogar, deja a esa familia en condiciones cercanas a la pobreza, por más que las estadísticas oficiales marquen otra cosa.Los grandes expulsados de las mejoras económicas siguen siendo los trabajadores informales y los desocupados, y eso que hasta el año pasado la situación era mucho más injusta: las asignaciones familiares –una ayuda económica que el Estado otorga por hijo– se repartían sólo entre los trabajadores en blanco. Hoy, este segmento percibe 220 pesos por hijo, lo mismo que los 220 que cobra un asalariado formal.De todas maneras, la situación está lejos de igualarse, ya que los registrados (hasta 4.500 pesos) también perciben ayuda escolar anual, subsidio prenatal, por nacimiento y matrimonio. Aún así, lo lógico sería pensar que los 220 pesos empujan. Pero han sido insuficientes para reducir la pobreza. El índice (oficial) indica que al primer semestre de 2010, el 12 por ciento de los argentinos es pobre y el 3,1 por ciento, indigente. La cifra es sólo 10 por ciento menor de la medida antes de que se pagara el subsidio por hijo (que sale de fondos de Anses) a 3,7 millones de niños. La explicación es simple: como advirtió Nicolás, con 220 pesos se compra cada vez menos.

