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“El arpa paraguaya me trajo a Córdoba”

Vidal González llegó hace 21 años, desde un pueblo cerca de Asunción. No se siente inmigrante, pero tiene nostalgia de su patria.

13 de septiembre de 2014 a las 12:02 a. m.
“El arpa paraguaya me trajo a Córdoba”
Una pasión. Vidal González llegó a Argentina gracias al arpa. Le gustó tanto que se fue quedando, poco a poco. Se casó con una cordobesa (La Voz/José Gabriel Hernández).

"Poco a poco me fui quedando y cada día me quedo más". Vidal González (57) nació en Borja, un pueblo a 200 kilómetros de Asunción, la capital de Paraguay, pero vive desde hace años en la ciudad de Córdoba. "Yo soy del campo, de una familia humilde", precisa Vidal. El hombre llegó, por primera vez, hace 21 años con su arpa paraguaya, ese instrumento tan popular en Paraguay como exótico en la Argentina. "Mi llegada a Córdoba fue en el '93. Vine con un grupo de músicos a tocar a festivales: Jesús María, Cosquín. Estuvimos en Catamarca, en La Rioja (...) Y acá en Córdoba hacíamos peñas, muchas peñas", cuenta Vidal.Volvió al año siguiente. Y el que le siguió. "Cada vez que venía me gustaba más y me quedaba más", explica. Primero fueron tres meses; luego, cinco y, después, un año. "Me fui quedando poco a poco. No pensaba que me iba a quedar en Córdoba. Creí que iba a andar milongueando nomás". A tal punto se instaló, que se casó con una abogada cordobesa a quien conoció por el arpa, en una fiesta. "Yo diría que llegó a quererme por el arpa (...) Atrae el instrumento. No pensaba que podía fijarse en mí", sostiene Vidal. Están juntos hace 20 años y tienen una hija. El primer instrumento Vidal aclara que su nombre parece un apellido, pero no lo es. Se presenta en la plaza Colón, el lugar de la cita para la entrevista, con un impecable traje azul, camisa blanca y corbata. "Nací en el campo, en un lugar en el que no había posibilidad de entrar a la escuela. Yo tengo tercer grado", subraya.A los 16 años empezó a tocar el arpa, con sólo mirar a Julio, su hermano mayor que, al parecer, lo hacía muy bien. "Él notaba que a mí me gustaba", cuenta Vidal. Para empezar, Julio le construyó un instrumento con un palo y 20 cuerdas. Las arpas comunes tienen 36 o 37."Aprendí con esa y después, cuando empecé a trabajar compré mi arpa, a los 20 años", cuenta. El dinero lo consiguió sembrando algodón en la chacra familiar, la única posibilidad de acercarse a sus sueños.Su hermano había aprendido a tocar viendo a un hombre que daba serenatas en su casa. "Teníamos muchas hermanas. Somos nueve en total, cinco hermanos. Un día estábamos cenando y llegó el artista a través de mi hermana. Y apareció el arpa", relata Vidal. Y sigue: "Yo miraba nomás. De ahí aprendió mi hermano y yo, de mi hermano. No tengo profesor". Los caminos de la vida En Paraguay, Vidal integró el grupo Los Misioneros Paraguayos, que ya había pisado escenarios argentinos. "Me vine a Córdoba con ellos", dice. La historia se repitió durante años, hasta que armó una propia a través del Dúo Porá, que en guaraní significa "dúo lindo". Comenzó con un paraguayo que, con el tiempo, regresó a su patria. Y ahora su compañero es Ramón Galeano, un correntino, con quien está a punto de editar un CD con música argentina y paraguaya.Vidal tiene mucho que agradecerle al arpa. ¿Qué habría sido su vida sin esa compañía?, se pregunta. El instrumento lo llevó a conocer el mundo: Japón, China, Brasil, Colombia, España y Canadá, a fines de los '90."A pesar de nacer en una familia humilde llegué bastante lejos, porque el arpa es la que me lleva. Anduve por escenarios hermosos, teatros grandísimos, llenos de gente y uno se dice 'mirá dónde estoy yo'. ¿Y por qué? Por el arpa", resume. Mejor en guaraní La primera buena impresión que se llevó de Córdoba fueron los festivales y las peñas. Había trabajo, lugares donde mostrar el arte a través del arpa. "Córdoba es muy linda. Es la provincia más bonita de Argentina. Muy bella", agrega, mientras improvisa acordes bajo un árbol de la Plaza Colón, en plena siesta. La gente mira, aplaude y los niños preguntan si es una guitarra gigante. Menos la tonada cordobesa, a Vidal se le pegaron varias costumbres locales. "Me gusta hablar en guaraní, me encanta. Y me estoy esforzando con el castellano, porque yo apenas lo hablo", asegura González.La esposa de Vidal entiende algo de guaraní, uno de los dos idiomas oficiales en Paraguay, pero no lo habla. "Me reta en castellano", se ríe. "Muchas veces, en Argentina, (los paraguayos) tienen vergüenza de tirar un poquito de guaraní. Piensan que otros se van a reír", dice.En su casa natal sólo se hablaba guaraní. "Cuando me vine con un grupo, la primera vez a Salta en el año '81, yo no hablaba nada en castellano. Fuimos a la radio y dice el locutor: 'Vamos a hablar un poco con el artista', y ¡yo no podía contestar en castellano! Entonces le pedí a mi compañero que me salvara. Y dijo: 'el artista se emocionó', ¡Qué me iba a emocionar si no podía hablar!", cuenta Vidal. Sentir la música Vidal dice que nunca se le dio por terminar la primaria. Cree que el tiempo pasó. "Me inclino hacia el instrumento (...) que me llevó a un montón de lugares. Este es mi compañero", dice. La música es su pasión al punto que, subraya, se siente distinto cuando tiene el arpa entre sus manos. "Yo diría que los músicos tenemos algo diferente a otros, porque queremos transmitir y tenemos que sentir. Uno no puede tocar así, renegando. Cuando agarro el arpa, cambio totalmente y lo tengo que hacer bien", remarca. La nostalgia Vidal asegura que se adaptó totalmente al país. Las comidas son parecidas a las de su tierra natal, aunque allí se prepara mucha comida típica. "En mi casa yo hago bori con gallina, Bori es una harina de maíz que se mezcla con queso. Se hace una masa como ñoquis, se estira con las manos, en la olla ya está la gallina y después se tira allí. A los 15 minutos está. Rico", refiere. Lo que extraña es la sopa paraguaya y el chipá. En el fondo, y pese a que no se queja, se percibe la nostalgia. Hace unos años compró una casa en Asunción. Quizá vuelva algún día. "Añoro mi país. Argentina no está bien por eso vienen ganas de ir para allá", piensa. "Acá tengo bastantes amigos pero no como allá".De cualquier modo, González insiste en que desde hace un tiempo no se siente inmigrante. "Me siento igual a todos, pero cuando alguien escucha cuando hablo me mira y más cuando hablo en guaraní", explica, envuelto en su tonada cerrada."La otra vez estaba hablando en guaraní por teléfono en el colectivo con un sobrino. Todos me miraban, hasta el chofer lo hacía como diciendo ¿de dónde es este hombre?", concluye.

Blog Voces

Historias. El blog Voces (www.lavoz.com.ar/voces) es un espacio que reúne historias de inmigrantes en Córdoba. La intención es mantener viva la memoria y apostar a la paz, desde la diversidad. Es un trabajo conjunto entre La Voz del Interior y la Unión de Colectividades de Inmigrantes de Córdoba (Ucic).

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