El archivo histórico, un desastre anunciado
Se requiere idoneidad, algo que ya nadie espera de la administración pública. Ni los funcionarios ni los no docentes de la Universidad ni los empleados entran por concurso. Rosa Bertino.
Se rompió el lavarropas. Si no fuera por los calzones, los repasadores y la pared descascarada, el lavadero parecería la Laguna Azul. El ama de casa manotea la revistita del barrio, buscando un técnico. La vista se abre paso entre la maraña de avisitos de veterinarias, clases de danza, quiropraxia, patas flambeadas y chamanes. Encuentra un par de nombres, pero le suena a que uno supo embromarla en el pasado. Tampoco le hace gracia dejar entrar a un desconocido. Apela al recurso universal de consultar a una amiga. La cosa no es fácil, hasta que da con Clarita, que tiene alguien para recomendar. "Llamalo a don Arroyo, pero que venga él y no el inútil del yerno, y no te olvides de pedirle presupuesto", recomienda la susodicha. Don Arroyo está más ocupado que Shakira, pero se hace un lugarcito y el lavarropas vuelve a funcionar, evitando el suicidio en masa del plantel femenino.
Ustedes dirán, ¿qué tiene que ver con el caño que reventó en el Archivo Histórico? Sin embargo, la conclusión se aplica tanto al desastre réquete anunciado de la casona en calle 27 de Abril, como a la huelga de no docentes en el Clínicas. O al enésimo paro de inspectores municipales, esta vez porque movieron de sección a 15 colegas, por citar otros episodios que también ofuscaron al conjunto social.
La secuencia del lavarropas es clara: desperfecto; necesidad imperiosa de arreglo; consulta a un par experimentado; service eficaz.
Este esquema tiene como clave la idoneidad, algo que ya nadie espera de la administración pública. Ni los funcionarios, ni los no docentes de la Universidad, ni los empleados que deberían obedecer a los primeros, entran por concurso. Además, saben bien que nadie los podrá echar. Don Arroyo, en cambio, tiene que revalidar permanentemente su permanencia en la agenda de Clarita.
Hundimiento. Lo ocurrido en el Archivo raya en lo inaudito. Todo indica que la Provincia no hizo lo suficiente, ni permitió ser asistida. Allí se guardan casi cuatro siglos de historia nacional y latinoamericana, en más de 20 mil tomos con documentación original.
Hace un año largo que la rotura de un caño, cuya responsabilidad se atribuye a Aguas Cordobesas, comenzó a anegar el subsuelo (si seguimos así, algún día se va a desplomar la Manzana Jesuítica).
El Centro de Conservación de Obras en Papel, con asiento en Córdoba, pidió permiso para colaborar y juntar fondos. Todavía espera que los dejen entrar. Moraleja: Clarita y don Arroyo ya lo habrían solucionado.

