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El acoso callejero, otro motivo para marchar en Córdoba por el #MiércolesNegro

Una multitud se movilizó contra los femicidios y también contra otras agresiones que afectan la vida cotidiana de las mujeres. Muchos jóvenes y adolescentes se sumaron a la jornada. Algunas mamás llevaron a sus hijas.

20 de octubre de 2016 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
El acoso callejero, otro motivo para marchar en Córdoba por el #MiércolesNegro
Violencias frecuentes. “Te pasa en las calles, y cuando salís a la noche. En los boliches es re común que te toquen la cola. O cuando quieren darte un beso, te negás y te insisten de manera violenta”, sintetizó Consuelo junto a sus compañeros de

Los femicidios son el último eslabón de la violencia machista que se sostiene en un sinnúmero de agresiones, algunas más visibles que otras. Ayer, en la movilización que recorrió las calles del centro de la ciudad de Córdoba, jóvenes y adolescentes dieron cuenta de esas otras violencias que las afectan de manera directa.

"El miedo cotidiano, el 'avisame si llegaste' cuando salís... Hay que participar para visibilizar y ponerle el cuerpo", decía Magdalena de 23 años, acompañada de dos amigas con las que llegó desde Río Ceballos.Y así fueron muchas a marchar: con amigas, compañeros del colegio o de la universidad, madres y familiares. Le pusieron nombre a las violencias que nadie tiene que contarles cómo se viven, porque ellas las conocen. Las experimentan por el hecho de ser mujeres.

Leyendas. Además de los repudios a los femicidios, hubo expresiones en contra de otros tipos de violencia de género. El acoso callejero y los estereotipos fueron otros de los puntos espontáneos de reclamo. (Antonio Carrizo)
Leyendas. Además de los repudios a los femicidios, hubo expresiones en contra de otros tipos de violencia de género. El acoso callejero y los estereotipos fueron otros de los puntos espontáneos de reclamo. (Antonio Carrizo)

“Yo salgo a caminar y te gritan cosas, o te miran la cola. A veces bajás del colectivo y vas corriendo hasta tu casa por miedo”, decía Pía, de 20 años.

El acoso callejero, el cuerpo encorvado para evitar la mirada y la palabra grosera, los artilugios para escapar de situaciones temerarias: todas esas escenas fueron relatadas a lo largo de la multitudinaria marcha que dio cierre al paro de mujeres.

Emilia, estudiante de Sierras Chicas, puso el foco en las cosas que supuestamente las jóvenes no pueden hacer por ser mujeres, y en contrapartida, en la división de tareas en el hogar. “Si sos mujer, tenés que ser vos la que lave los platos”, contaba.

Algunas mamás decidieron que la movilización era un buen espacio para compartir con sus hijas. Paola fue una de ellas. “Quise que viniera porque es adolescente, mujer, forma parte de esta sociedad y no está exenta de que le pase algo”, decía.

Un cartel improvisado, sostenido en el medio de la multitud, resumía aquello que muchas relataban: “No quiero sentirme valiente cuando salgo a la calle. ¡Quiero sentirme libre!”.

Lo que ayer se percibía en las calles era, precisamente, esa ­libertad.

De luto. Las tres cumplieron con la consigna de marchar vestidas de negro. Katherine, Marina y Lucía hablaron del acoso callejero, pero también de la violencia física que sufrieron personas cercanas. “Tengo una compañera que sufrió violencia y no decía nada por miedo. Hasta que pudo enfrentarlo”, contó Katherine.
De luto. Las tres cumplieron con la consigna de marchar vestidas de negro. Katherine, Marina y Lucía hablaron del acoso callejero, pero también de la violencia física que sufrieron personas cercanas. “Tengo una compañera que sufrió violencia y no decía nada por miedo. Hasta que pudo enfrentarlo”, contó Katherine.

 Las tres cumplieron con la consigna de marchar vestidas de negro. Katherine, Marina y Lucía hablaron del acoso callejero, pero también de la violencia física que sufrieron personas cercanas. “Tengo una compañera que sufrió violencia y no decía nada por miedo. Hasta que pudo enfrentarlo”, contó Katherine.

Desde Río Ceballos. Magdalena, Camila y Pía reconocieron que implementan algunas estrategias para estar tranquilas o dejar tranquilos a los suyos. Como avisar que llegaron a destino cuando salen de noche.
Desde Río Ceballos. Magdalena, Camila y Pía reconocieron que implementan algunas estrategias para estar tranquilas o dejar tranquilos a los suyos. Como avisar que llegaron a destino cuando salen de noche.

Desde Río Ceballos. Magdalena, Camila y Pía reconocieron que implementan algunas estrategias para estar tranquilas o dejar tranquilos a los suyos. Como avisar que llegaron a destino cuando salen de noche.

Junto a sus mamás. Elizabeth y Camila, las dos de la Capital, también se sumaron al reclamo. “Puede pasarle a cualquiera en algún momento”, dijeron. Contaron que en sus colegios se está hablando sobre la violencia de género. (Fotos de Sergio Cejas)
Junto a sus mamás. Elizabeth y Camila, las dos de la Capital, también se sumaron al reclamo. “Puede pasarle a cualquiera en algún momento”, dijeron. Contaron que en sus colegios se está hablando sobre la violencia de género. (Fotos de Sergio Cejas)

Junto a sus mamás. Elizabeth y Camila, las dos de la Capital, también se sumaron al reclamo. “Puede pasarle a cualquiera en algún momento”, dijeron. Contaron que en sus colegios se está hablando sobre la violencia de género.

Libres en las calles. Julieta, Martina y Valentina llegaron a la marcha temprano provistas de cintas. “En algunos momentos cuando tenés que pasar frente a un grupo de hombres escondés el cuerpo, o te tensás, para no llamar la atención”, contaba Valentina sobre las violencias cotidianas.
Libres en las calles. Julieta, Martina y Valentina llegaron a la marcha temprano provistas de cintas. “En algunos momentos cuando tenés que pasar frente a un grupo de hombres escondés el cuerpo, o te tensás, para no llamar la atención”, contaba Valentina sobre las violencias cotidianas.

Julieta, Martina y Valentina llegaron a la marcha temprano provistas de cintas. “En algunos momentos cuando tenés que pasar frente a un grupo de hombres escondés el cuerpo, o te tensás, para no llamar la atención”, contaba Valentina sobre las violencias cotidianas.

Primera marcha. Ana Paula, Cruz y Azul son primas, y llegaron a la movilización desde Arroyito. “A veces salís con tus amigas y te gritan cosas que no tenés ganas de escuchar”, dijo Ana Paula. “Mi mamá nos ofreció venir y lo hicimos por todo lo que está pasando”, contó Azul. Gabriela Ochoa, la mamá, señaló que eligieron viajar porque en su ciudad no estaba prevista una movilización.
Primera marcha. Ana Paula, Cruz y Azul son primas, y llegaron a la movilización desde Arroyito. “A veces salís con tus amigas y te gritan cosas que no tenés ganas de escuchar”, dijo Ana Paula. “Mi mamá nos ofreció venir y lo hicimos por todo lo que está pasando”, contó Azul. Gabriela Ochoa, la mamá, señaló que eligieron viajar porque en su ciudad no estaba prevista una movilización.

Ana Paula, Cruz y Azul son primas, y llegaron a la movilización desde Arroyito. “A veces salís con tus amigas y te gritan cosas que no tenés ganas de escuchar”, dijo Ana Paula. “Mi mamá nos ofreció venir y lo hicimos por todo lo que está pasando”, contó Azul. Gabriela Ochoa, la mamá, señaló que eligieron viajar porque en su ciudad no estaba prevista una movilización.

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Mientras esperaban que partiera la marcha, Julieta y Brenda compartían sus miradas sobre las violencias que se viven en carne propia. “Hoy salimos con miedo. No está sólo el miedo a un daño en la pareja sino también al maltrato en sí. Hay mucha violencia psicológica, simbólica”, enunciaba Julieta. Las amigas también indicaron que los robos a mujeres suelen tener una carga extra de violencia. Ambas hablaron de la importancia de estar en las calles para concientizar y hacer escuchar sus voces. 

Magalí se sumó a la movilización con el dolor aún abierto por el femicidio de Lucía Pérez, la adolescente de 16 años asesinada en Mar del Plata, la misma ciudad donde Magalí nació y vivió. “Lo vivo con mucho miedo y mucha tristeza. El fin de semana lloré por Lucía. Al principio cuando supe la noticia no sabía quién era y me asusté. Podía ser una amiga. No la conocía a Lucía pero lo mismo me dolió”, contó.