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Efecto “pulpo Paul” en el imaginario político

Resulta cómodo pensar que las fuerzas ocultas nos mantienen girando en círculos viciosos, pero no es así. Ya sabemos que somos parte del problema. Rosa Bertino.

10 de julio de 2010 a las 12:01 a. m.
Rosa Bertino (Periodista)
Efecto “pulpo Paul” en el imaginario político

Ayer fue 9 de Julio, y fue un feriado vulgar y silvestre. Sin embargo, en poco más de un lustro, Tucumán celebrará el Bicentenario de la “verdadera” independencia, según historiadores “no portuarios”. Las comillas implican una casi grosera división de la historia argentina, según la cuenten en Buenos Aires o en el interior.

Doscientos años después, no es tan fácil diferenciar 1810 de 1816. Más nos preocupa saber con quién estaremos, dentro de seis años. Las agencias y portales están meta largar nombres. Entre otros, los de Néstor Kirchner para la presidencia y Luis Juez para Córdoba. ¿Será parte del efecto “pulpo Paul”, en el imaginario colectivo?

Resulta cómodo pensar que las fuerzas ocultas nos mantienen girando en círculos viciosos, pero no es así. Ya sabemos que somos parte del problema. Lo que no sabemos, es cómo encontrar la solución. En principio, habría que imponer una veda televisiva. Un año, por lo menos. Algo o alguien debe tener la culpa de que nunca exijamos rendición de cuentas, a ningún gobernante. O de que olvidemos tan rápido. Este defecto se patentiza a través de un medio masivo que no facilita el pedido de explicaciones.

Kirchner reapareció en pantallas y micrófonos, lamentando que “la Iglesia haya presionado a los senadores” para que “no se apruebe el matrimonio gay”. Sabrá porqué lo dice. Es experto en aprietes. El intendente porteño, Mauricio Macri, fue a un programa a lanzar su candidatura presidencial. Está convencido de que a la gente se le grabó el Colón reinaugurado, y que la pantalla chica no muestra el aumento de los “sin techo” de la Capital.

Siguen las firmas. Si Juez insiste con ser gobernador, o De la Sota con ser reelecto, no vemos por qué Daniel Giacomino no puede postularse para dirigir la Otan. La lógica les indica disparar hacia delante, sin mirar atrás. Deberíamos preguntarnos qué hicimos y hacemos nosotros. Lo que señala Mario Bunge en el Mal metafísico, la novela-ensayo de Manuel Gálvez. "Para identificar qué personas y partidos son buenos, usted mismo tendrá que esbozar una visión promisoria. Como no lo logrará por sí solo, deberá juntarse con otros en algún centro de estudios de la realidad, a algún nivel: vecinal, provincial, o nacional". Esto implica saber más de la vida del vecino que de la de Ricardo Fort. O apasionarse con la recuperación de un espacio verde casi tanto como con un Mundial. Recién entonces la política surgirá de nosotros, y no de la TV.