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Durante 45 días no lo dejaron entrar al colegio

M. y sus padres están cansados. El niño tiene 8 años y sufre déficit de atención. Va a tercer grado en una escuela pública.

21 de noviembre de 2010 a las 12:01 a. m.
Durante 45 días no lo dejaron entrar al colegio

M. y sus padres están cansados. El niño tiene 8 años y sufre déficit de atención. Va a tercer grado en una escuela pública. Pero no se concentra, no atiende y se aburre. Sin embargo, no tiene problemas de aprendizaje. Su libreta lo indica: entre bueno y muy bueno.Primer grado lo cursó acompañado por su papá, y en horario reducido. A segundo grado lo hizo solo. Al finalizar lo cambiaron de escuela. El primer día de clases este año, M. manifestó lo de siempre: mucho movimiento y falta de atención. El neurólogo lo medicó. "No sólo que no le bajó los decibeles sino que le creó un estado de ansiedad. Le bajaron la dosis, pero aumentó mucho de peso producto de la medicación", dice la mamá, que decidió no darle más pastillas.A la semana de comenzar, cuenta la madre, la directora de la escuela le sugirió que M. se quedara en casa. "Nosotros le decimos qué tiene que hacer, y el fin de semana nos lo trae para que lo corrijamos", dice que le dijeron. "Me shockeó un poco, hablamos con mi esposo y pensamos en proponerle lo que hicimos en la otra escuela: que fuera yo hasta que pudiera gestionar un acompañante terapéutico", explica.La misión de la madre, sentada en el banco al lado de su hijo, era atenderlo, contenerlo, dictarle, decirle: ¡Sumá! "Le estaba creando un cordón umbilical. Hemos ido para atrás", opina.Hubo encuentros y desencuentros con los profesionales que atendían a M., que ya pasó por 10 psicólogos. "Todo esto le genera frustración. Dice que es una basura, que no sirve para nada. Hay que reconstruir su psiquis", subraya.La mamá recorrió la Dirección de Regímenes Especiales (DRE) del Ministerio de Educación. Le dijeron que atenderían el caso. "Fueron 45 días en que M. no fue a la escuela y todavía estoy esperando el llamado de la DRE", ironiza la mamá."Hoy te dicen que el chico no se puede educar, lo sacamos del sistema o lo mandamos a una escuela especial. ¡Me ofrecieron una escuela especial! Les dije que no conocían al niño, que no tiene problemas de aprendizaje como para ir a una escuela de discapacitados", relata.Durante ese tiempo, la mamá se dedicó a enseñarle. Se sienten desprotegidos."Creo que las escuelas no están preparadas para esto. Es una epidemia. El Ministerio debería hacer un alto en el camino, ver qué realidad escolar tenemos", dice el papá.Hace unos días M. volvió al colegio, ya con un nuevo equipo terapéutico que lo acompaña. Ahora evalúan si los 45 días de ausencia implican la pérdida del año escolar o hay posibilidad de recuperarlo.