Editó su libro en México, pero todavía no pudo verlo
Alicia Karlsson quiso darse el gusto de escribir cuentos y editó en México. Las trabas cambiarias le jugaron una mala pasada.
Alicia Karlsson quiso darse el gusto de escribir cuentos y editó en México. Las trabas cambiarias le jugaron una mala pasada. Con 69 años, ya jubilada como profesora de Mineralogía en la Facultad de Ingeniería, en marzo de 2012 terminó de escribir su primera obra, Brujas a través del tiempo.
Quiso editar 500 ejemplares en Argentina, pero las editoriales le presupuestaron entre tres mil a cinco mil pesos, sin distribución. “Acá imprimirlos no es caro, el tema es distribuirlos”, cuenta. No recibió una propuesta seria de quienes alegaban ser distribuidores. Ya tenía un contacto en México con la editorial Benma, que le había publicado algunos cuentos y les gustó esta propuesta.
Envió por e-mail el libro, firmó contrato, pero cuando tuvo que girarles los 1.800 dólares acordados por la edición y distribución, el cepo cambiario le jugó las mil y una. Le cobraban comisiones siderales en Western Union y MoneyGram ni podía hacerlo a través de un banco. “Mis cálculos se fueron al diablo”, resume.
Su hija, que vive en Francia, le giró 750 euros y ella, aportó otros 20 mil pesos desde Argentina, pagando esas comisiones. “Ahora está en venta en México a 150 pesos mejicanos en algunas librerías, pero no podré verlo a menos que viaje”, dice. Evaluó traerlos a la Argentina, pero debía pagar 92 dólares cada 10 libros.
De su bolsillo, editó 50 de manera particular, como para regalar a sus amigos. “Aunque venda todos los ejemplares allá, perderé dinero... pero qué importa, si cuando me giren lo ganado me lo pagarán a dólar oficial”, dice con ironía.

