Día Mundial del Sueño. Dormir mal aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares
Especialistas en medicina del sueño recuerdan que el descanso adecuado es tan importante como la alimentación o el ejercicio. Dormir menos de lo necesario puede afectar la memoria, el sistema inmunológico y la salud cardiovascular.
Especialistas advierten que dormir bien no es solamente una cuestión de bienestar, también es un factor clave para prevenir enfermedades.
Cada año se conmemora el Día Mundial del Sueño, una iniciativa internacional que busca generar conciencia sobre la importancia del descanso en la salud. Es una jornada conmemorativa que se celebra el viernes antes del equinoccio vernal de primavera desde el 2008, establecida ese mismo año por la Sociedad Mundial del Sueño. Este 2026 cae el viernes 13 de marzo.
El sueño es una función biológica esencial para el organismo. Durante el descanso nocturno, el cerebro consolida la memoria, procesa aprendizajes y elimina sustancias de desecho producidas por las neuronas. Además, el sistema inmunológico se fortalece y el cuerpo recupera energía.
Por eso, los médicos insisten en que la calidad y la cantidad de sueño influyen directamente en la salud general.
Qué puede pasar si dormimos mal

Diversos estudios médicos relacionan la falta de sueño con un mayor riesgo de enfermedades crónicas. Entre ellas se encuentran:
- obesidad
- diabetes
- enfermedad coronaria
- problemas cardiovasculares
También se observó que el sueño insuficiente debilita la respuesta inmunológica, lo que aumenta la susceptibilidad a infecciones.
En algunos casos, trastornos específicos del sueño, como la apnea obstructiva, pueden asociarse con deterioro cognitivo, mayor riesgo de accidentes cerebrovasculares y otros problemas neurológicos.
Además, dormir mal afecta el funcionamiento diario. La somnolencia reduce el tiempo de reacción, deteriora el juicio y puede provocar un nivel de deterioro cognitivo similar al de una intoxicación alcohólica, lo que aumenta el riesgo al conducir o realizar tareas que requieren atención.
Dormimos menos que generaciones anteriores
Según datos de la National Sleep Foundation, las personas que viven en sociedades modernas duermen hoy alrededor de dos horas menos que sus abuelos. Al mismo tiempo, cerca de la mitad de la población dice no estar conforme con la cantidad o la calidad de su descanso.
La llamada “insuficiencia crónica de sueño”, es decir, dormir menos de lo necesario durante largos períodos, es hoy una de las causas más frecuentes de somnolencia excesiva durante el día.
Entre los factores que contribuyen a este problema se encuentran las exigencias laborales, el uso de pantallas por la noche, el consumo excesivo de café o bebidas energizantes y los horarios irregulares de descanso.
Claves para mejorar la calidad del sueño

La Unidad de Sueño del Hospital Británico, en Buenos Aires, funciona desde hace más de 25 años y reúne a especialistas de distintas áreas médicas, entre ellos neurólogos, neumonólogos, pediatras, psiquiatras, otorrinolaringólogos y kinesiólogos.
Los especialistas recomiendan adoptar hábitos simples que ayudan a mejorar el descanso.
- Dormir al menos siete horas por noche.
- Mantener horarios regulares para acostarse y levantarse.
- Reducir la exposición a pantallas y luz intensa antes de dormir.
- Mantener el dormitorio oscuro, silencioso y con temperatura fresca.
- Evitar comidas pesadas, alcohol o estimulantes cerca de la hora de acostarse.
- Limitar las siestas largas o en horarios tardíos.
Los médicos subrayan que la salud del sueño es un concepto amplio. No sólo importa cuánto se duerme, sino también la facilidad para conciliar el sueño, la regularidad de los horarios, la sensación de descanso al despertar y la capacidad de mantenerse alerta durante el día.
Un pilar de la medicina del estilo de vida
La American Heart Association incorporó recientemente la salud del sueño como uno de los factores clave para cuidar el corazón. Tanto dormir muy poco como hacerlo en exceso se asocia con mayor riesgo de enfermedad cardiovascular y mortalidad.
Además, las alteraciones del sueño influyen en las hormonas que regulan el apetito y el metabolismo energético, lo que podría contribuir al aumento de peso.
Por eso, los especialistas coinciden en un punto central: el sueño debe considerarse una prioridad de salud pública, al mismo nivel que la actividad física y la alimentación saludable. Dormir bien no es un lujo, sino una necesidad biológica para vivir mejor.




