Temas del día:

La degradación constante

En los últimos años hemos presenciado la degradación de Parque Vélez Sársfield, un barrio iniciado hace más de medio siglo con perfil netamente residencial. Tanto que la ordenanza habilitaba una sola calle (la “18”, luego bautizada Dag Hammarksjold) para instalar comercios. Mario Livi.

07 de enero de 2013 a las 12:01 a. m.
Mario Livi (Centro Vecinal Parque Vélez Sársfield)
La degradación constante

Desde el principio, Parque Vélez Sársfield se caracterizó por la cantidad de árboles, los espacios verdes y la tranquilidad. En suma, un lugar ideal para vivir.

Aquella imagen se ha trastocado en otra muy diferente. Las plazoletas están semi-abandonadas; los árboles han envejecido mal, por falta de cuidado y reposición; numerosas especies han sido arrancadas por los propietarios y/o dueños de futuros locales.

En la arteria principal del barrio, la Naciones Unidas, han proliferado los “negocitos” y hospederías. En su mayoría son el producto de precarias subdivisiones y construcciones, que no respetan ninguna estética ni la norma de dejar un mínimo jardincito en el frente del inmueble.

Más allá del Hospital Privado, siempre sobre Naciones Unidas, se han ido abriendo centros médico asistenciales que ya son un referente barrial, pero condicionan al vecino.

El habitante del barrio se ve limitado por los automovilistas que no respetan ni siquiera los garajes particulares; por los “naranjitas”, que pretenden cobrarle estacionamiento delante de su propia vivienda, y por todas las dificultades que acarrea el crecimiento desorganizado.

El tránsito que ingresa por la avenida Cruz Roja Argentina-Baigorria, hacia calle Corro, es incesante. No está sistematizado y se producen accidentes, algunos con trágicas consecuencias. Esta situación se agravará en la medida que sigan construyéndose urbanizaciones a la vera del ferrocarril.

Entendemos que el Estado (municipal en este caso) no puede eludir su obligación de regular el actuar individual.

De no hacerlo, el lucro emergente es y será la causa de los conflictos entre los residentes del barrio que se verifican a diario, al enfrentarse el ejercicio libertino de la propiedad privada con el derecho del vecino que quiere seguir viviendo en paz.