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Decíamos ayer…

Decíamos ayer… que para cuidar la palabra del otro es necesario que quede señalada por signos ortográficos o por marcas textuales. En esta oportunidad, nos referiremos al uso de la raya.

07 de enero de 2014 a las 06:52 p. m.
Decíamos ayer…

Fray Luis de León pertenecía a la orden de los agustinos y era docente en la Universidad de Salamanca, tenía como costumbre iniciar sus clases con la frase: "Decíamos ayer…", y entretejía su nueva exposición con la última. Algunas rencillas entre órdenes de la Iglesia Católica lo llevaron a prisión durante cinco años por traducir la Biblia a una lengua vulgar, sin autorización. Cuando retomó su tarea como profesor, después de cumplir la pena, se paró frente al alumnado y comenzó: "Decíamos ayer…".Así, parafraseando al religioso, decíamos ayer (en la columna anterior) que además de las posibilidades de cita directa, indirecta y mixta, había otras formas. En esta oportunidad, nos referiremos al uso de la raya (—). Algunas reglas La raya es un signo de puntuación que no debe confundirse con el guion (-). Para colocarla, se puede recurrir al código Alt 0151, es decir, mientras se mantiene pulsada la tecla Alt del teclado, sin soltarla, se marca el número señalado. Una función principal de este signo es introducir diálogos en los textos narrativos. Cada una de las voces de los interlocutores va precedida por una raya, lo que indica dónde comienza la intervención de cada uno, aunque no se mencionen sus nombres. Para ejemplificar los diferentes usos, se emplearán ejemplos tomados de El Principito , de Antoine de Saint-Exupéry. "—¿Es verdad, no es cierto, que a los corderos les gusta comer arbustos? —Sí, es verdad. —¡Ah! ¡Qué contento estoy!".Además, mientras se leen las expresiones de los otros, la raya se utiliza para introducir o enmarcar los comentarios y precisiones del narrador. Para estos casos hay que considerar algunas normas: a. No se escribe raya de cierre si después del comentario del narrador no sigue hablando el personaje: " —Yo no soy una hierba

—respondió dulcemente la flor”.

b. Se escriben dos rayas, una de apertura y otra de cierre, cuando las palabras del narrador interrumpen la intervención del otro:

"—He sido una tonta —le dijo al fin la flor—. Perdóname. Procura ser feliz". c. Cuando el comentario del narrador va introducido por un verbo de habla (asegurar, decir, expresar), se coloca con minúscula, aunque venga precedido de un signo de puntuación que tenga valor de punto: " —¿Por qué habría de asustar un sombrero? —me respondieron". d. Si las palabras del personaje continúan después de la intervención del narrador, el signo de puntuación que corresponda al enunciado interrumpido se debe colocar después de la raya de cierre. "—Señor —le dijo—, perdóneme si le pregunto...".

No es conveniente emplear la raya para citar una única expresión, excepto que tenga alguna función enfática. Su uso se justifica en diálogos. Decíamos ayer… es necesario que la palabra del otro quede debidamente señalada por signos ortográficos o por marcas textuales. Estas formas cuidan su voz y le dan el peso y el valor que tiene.