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De adictos a una graduación diferente

La historia de jóvenes y adultos que terminaron un tratamiento de años para superar la adicción al consumo de estupefacientes.

04 de octubre de 2010 a las 12:01 a. m.
De adictos a una graduación diferente

No fue una graduación cualquiera. Aunque afuera estaba plomizo, cuando ellos levantaron sus diplomas en la intimidad de uno de los quinchos que tiene el complejo del club La Tablada, en el country El Bosque –de la ciudad de Córdoba– todo brilló. Ellos nueve –ocho varones y una mujer, con edades de entre 16 y 55 años– sabían muy bien de qué se trataba. Uno tras otro fueron levantándose a recibir su medalla y decir las primeras palabras que se les ocurrieran para intentar describir todo lo que sentían. Pero nadie lo hizo solo. Junto a ellos se levantaron madres, padres, esposas, novias, hermanos, hijos, sobrinos... Es que la adicción a las drogas (entre las que se cuenta el alcohol) no es sólo un problema del consumidor, sino que pronto se transforma en una enfermedad que amenaza con devastar a toda una familia.Ellos nueve saben que, a partir de ahora, seguirán peleando la batalla de por vida que tienen contra las drogas, pero ahora "con un cajón de herramientas", según definen a lo que consiguieron en el centro de rehabilitación de la Asociación Nuestra Vida, en barrio Alto Verde."Ahora depende de cada uno agarrarlo", resumió G. Aunque ellos están recuperados, porque eligieron cambiar, sus nombres no pueden ser revelados en esta nota ya que aún parte de la sociedad –producto del desconocimiento y el prejuicio, que muchas veces se toman la mano–continúa viendo como "peligroso" a alguien que consumió drogas.Tras más de tres años de terapia ambulante, llegaron a la conclusión de que el difícil camino de salir de las drogas es posible: "Se puede, y realmente hay otra vida, mejor que la que tenía y me imaginaba; lo difícil ahora es saber que no tengo que venir más, que todo queda por mi cuenta... yo vine a hacer el tratamiento por cinco días, para hacerle un favor a mi viejo, pero me terminé quedando tres años y medio".Gonzalo García, el presidente de la Asociación Nuestra Vida, es claro: "Sólo uno de cada 10 adictos logra salir, lo que es muy poco; por eso es muy valioso lo que han logrado ellos".Los nueve "egresados" provienen de hogares de clase económica media o medio-alta. Se trata de un proceso terapéutico privado, con un seguimiento diferente al que le toca a muchos chicos sin medios económicos que son alojados en algún instituto provincial, saturado y desbordado. Historias. C. es el más veterano del grupo. El consumo de alcohol, sumado al juego, lo fueron llevando al precipicio. Perdió a su mujer e hijos, hasta que se dio cuenta de que estaba en problemas serios. Ahora, alza el diploma, sonríe, abraza a uno de sus hijos, ya grande, y suspira: "Fue una ardua tarea, pero es importante reencontrarse con uno mismo, tener ganas de vivir y sentir algunas cosas que había dejado de sentir". Tras él, pasa G., el más chico del grupo. El adolescente viste camisa y corbata y su madre se ríe del cambio que se produjo en aquel chico que empezó con la ropa deshilachada y lenguaje encriptado. "Gracias Ma, por no dejarme solo", le dice, mientras los ojos de casi todos son tomados por asalto por las lágrimas.Las emociones son muchas. Otro G. abraza a su hija muy chica, aún en brazos, besa a su esposa, aprieta al viejo. Parece una historia de terror lo que pasó años atrás, cuando él, descontrolado, fuera de sí, le tiraba el auto encima a su papá. "Recuperé a mi hija".No es un acto protocolar. Entre el público –o sea las familias que de alguna manera también se "gradúan"– hay no más de 40 personas. Suficiente para compartir emociones -esa mezcla de dolores pasados y alegrías nuevas- en un ambiente de intimidad, como suele suceder cuando el flagelo toca la puerta de alguna familia.Uno a uno se levantan, alzan la mano, agradecen a Gonzalo y a su equipo, miran a sus familias y entre perdón y gracias le dedican el logro. Entre ellos, está ella, K. la única mujer que se "gradúa" en los nueve años que tiene la asociación."Es la primera mujer que termina el programa y no es poco, porque han pasado muchas", advierte el anfitrión. Ella se aferra a su esposo, a sus dos hijas, mira a la más grande y le pide perdón por las "cosas" que le hizo pasar. "Le doy gracias a Dios por estar viva y tener la familia que tengo", cierra. Más información. Los interesados en recibir más información sobre este programa deben comunicarse a la Asociación Nuestra Vida, Los Pinares 3264, barrio Alto Verde, ciudad de Córdoba, o llamar al (0351) 481-0468 ó por correo a [email protected]