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David Avilés, el ecuatoriano que se siente un peregrino

Llegó en 2007 para cursar una maestría en la UNC. Le gusta La Cañada, la Manzana Jesuítica y el humor cordobés. Tiene un hijo de 2 años con una bellvillense.

24 de julio de 2015 a las 12:01 a. m.
David Avilés, el ecuatoriano que se siente un peregrino
En Río Ceballos. David dice que hizo muy buenos amigos en Córdoba y que aquí volvió a descubrir los libros y el estudio (Sergio Cejas/LaVoz).

"Hay ciertas puertas que es necesario abrirlas y, cuando las abres, comienzas a comprender otro tipo de realidades. Esas puertas suelen ser los viajes, pero no los de turismo, los viajes que son un desafío donde uno dice: 'Bueno, vamos a probar acá', e intentar seguir hasta donde pueda". David Avilés Aguirre repite las palabras de su amigo y profesor de teatro David Torres, con quien debatió en más de una oportunidad la necesidad de explorar nuevos horizontes, más allá de los límites de su Ecuador natal. Aquella conversación de 2005 tuvo sus frutos dos años después, cuando David Avilés aterrizó en Córdoba."Pensé que estaría bueno seguir estudiando y aprendiendo cosas. Dije: 'Voy a ver qué posibilidades hay'. Argentina no estaba en mis planes, en realidad. Estaban México, España y, por ahí, sonaba Argentina", recuerda.En esa búsqueda se puso en contacto con la Universidad Nacional de Córdoba y surgió la posibilidad de realizar una maestría en Comunicación y Cultura Contemporánea.En tres meses organizó todo y en septiembre de 2007 ya estaba pisando suelo argentino. Estudio, música y religión David nació en Quito, la capital ecuatoriana, el 9 de octubre de 1978, el día de la fundación de Guayaquil, la ciudad más grande del país y el lugar de nacimiento de su mamá. "Mi madre es guayaquileña y yo soy quiteño. Guayaquil, la costa y Quito, la sierra. Yo, a mis amigos de aquí y de Ecuador les digo que soy un 'guayaquileño'. Una mezcla de Guayaquil y Quito", explica en su departamento de Río Ceballos.Se recibió de licenciado en Comunicación Social, en la Universidad Politécnica Salesiana, en 2004. Estudiaba mientras incursionaba en la música. "Era un poco un arlequín de la música con algunas bandas; tocaba la percusión, la batería en algunos casos. Eso también lo mamé desde chico, fue parte importante de mi historia vital", dice.Después de trabajar en algunos medios de comunicación en Ecuador, David llegó a la UNC a cursar la maestría. Hoy realiza un doctorado en Antropología como becario de la Secretaría de Ciencia y Tecnología (Secyt) de la Casa de Trejo."Estoy trabajando en género y masculinidad, la construcción de la masculinidad dentro de la religión evangélica", cuenta David, a punto de publicar un libro sobre esta temática."En Córdoba, siendo una ciudad tradicionalmente católica, había pocos estudios sobre eso… y a la Academia no le interesaba mucho la religión. Y, bueno, llegó el papa Francisco y ahora los académicos le dan bola a este fenómeno que es Francisco", explica David. Escuadras y periódicos José Marcelo, el padre de David, trabajaba en la Empresa Estatal Petróleos del Ecuador y ejercía su profesión como arquitecto. Recuerda lo interesante que era pasar horas en su oficina. Su madre Guadalupe (Lupita) fue secretaria bilingüe de Jaime Mantilla, el director del diario El Comercio de Ecuador, a principios de los años '80.Cuando tenía 2 años, acompañaba a su madre al trabajo. Se escondía debajo del escritorio y veía El Chavo, en una pequeña TV en blanco y negro.Tal vez esas prematuras incursiones en un medio de comunicación influyeron en su decisión de ser periodista.En Ecuador, David comenzó su carrera como periodista deportivo, pero al año y medio no estaba demasiado convencido de que fuera lo suyo. Trabajó luego para Radio Colón y radio El Sol, para la televisión (Tele Amazonas y TC Televisión) y, luego, hizo periodismo político y cubrió, entre otras cosas, la caída del gobierno del presidente Lucio Gutiérrez.Luego llegó la necesidad de descubrir otros mundos, otras sensibilidades. "Quizá el viaje me lo regalé a mí también, diciéndome: 'Bueno, cómo voy a enfrentar la soledad del principio, las crisis'", cuenta.Los inicios no fueron fáciles. Vivía en una pieza muy pequeña en barrio Alberdi donde, cuenta, se sentaba a llorar. Se quería volver mientras intentaba comprender los parámetros éticos y de comportamiento argentinos que lo ponían en tensión con sus orígenes.David pensaba cómo hacer para adaptarse y evitar que el choque cultural no lo afectara. "En algunos momentos, la Argentina me parecía muy dura, sobre todo cuando te dicen las cosas. El ecuatoriano maquilla un poco. Cuando me encontraba a veces con argentinos te tiraban las frases muy duras, en lo académico, en la vida social. Después entendí que no era dureza sino ser directos, ser francos", explica. Los amigos y los libros En Córdoba, David no tuvo problemas para entablar amistades. "En realidad mis amigos son mi familia. Acá he conocido gente maravillosa". Además, aquí cosechó lecturas. Llegó con cuatro libros, uno del filósofo y sociólogo alemán Herbert Marcuse, que le había regalado su padre; otro de Antonio Gramsci, filósofo, teórico marxista, político y periodista italiano y una Biblia. Hoy tiene una biblioteca interesante y ganas de continuar estudiando.David da clases en el Ipem 182 Jorge Avalos, de Guiñazú. Es profesor de Metodología de Investigación, en quinto año y de Problemáticas Éticas y Políticas, en sexto."Nos divertimos un montón. Intentamos, entre todos, hacer una clase lúdica, más divertida. Tratamos temas como el Código de Faltas, la portación de rostro, que afecta al ciudadano de a pie. Tengo unos alumnos bellísimos", remarca. La patria grande Ibraim (2), sin "h" intermedia, es el hijo de David. Por ahora, él y la madre del niño, oriunda de Bell Ville, están separados de manera transitoria. El pequeño es uno de los motivos de su arraigo, pero también lo son las posibilidades académicas que en Argentina son mejores que en Ecuador.De todos modos, David no arriesga adónde lo encontrará su futuro. Por ahora es aquí. "A mí me encantaría que mi hijo aprenda cosas de allá. Es una posibilidad también irse al Ecuador, tengo familia", dice. Por ahora se lo ve contento en Río Ceballos. Cuando se le pregunta si se siente inmigrante dice que a veces sí y a veces no. Cuando piensa en el discurso político que supone hablar de "la patria grande" no se siente extranjero. "Me siento más como un peregrino. Quizá mañana tenga que estar en otro lado y ya sé cómo es la adaptación, y no creo que me vaya a afectar tanto", concluye.

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