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Cuando se prende y se apaga la luz

Germán Negro.

10 de diciembre de 2010 a las 12:01 a. m.
Redacción La Voz
Cuando se prende y se apaga la luz

–La veo gorda, Juan, muy gorda... –Si lo dice por mi señora, creo que incurre o en mala observación o, cuanto menos, en un acto de discriminación.–No sea arrebatado, Juan. Lo digo por la gota de sudor que le corre por la frente como avisando que viene de un día muy complejo con el taxi.–Bueno, yo diría que vengo de una noche y un día muy complicado, vecino. El miércoles tuve que estirar el turno porque no juntaba un peso...–¿Y le pasó algo, Juan?–Bastante, porque a la noche se juntaron como 40 mil personas para ver cómo prendían el arbolito de la Plaza España.–Con tanto movimiento, Juan, me parece que la juntó con pala.–Eso cree usted. Mire, vecino, el arbolito estaba hermoso con sus lucecitas de colores, pero el tránsito fue un caos. Las calles cortadas y la falta de un sistema adecuado de ordenamiento hicieron imposible poder salir del Centro hacia los barrios con la fluidez necesaria para hacer varios viajes.–Bueno, Juan, se queja mucho del miércoles, pero es ahora cuando lo veo transpirar.–¿Dónde vive, vecino? No se enteró que el caos habitual se multiplicó esta mañana porque se cortó la luz y, por más de media hora, murieron los semáforos, se cayeron todos los sistemas imaginables y los aires o ventiladores nos hicieron recordar que son aparatos inútiles sin la corriente alterna.–No se caliente... Bueno, se lo digo por la temperatura exterior, Juan. No se olvide que el verano ni asomó.–Imposible no levantar presión con un día así, vecino. Más de 30 grados a la sombra y el hielo derretido por ausencia de voltios.–Sí, pero si llega a saltar un transformador como el año pasado, le da un infarto, Juan.–No me haga acordar... ¿Y si apagan el arbolito para que no se recarguen las líneas?