Reset Materno. De una cocina en Güemes a un "monstruo" cordobés: el detrás de escena de emprender con el papá de tus hijos
Agustina Alegre Obligado, creadora de Culpa de los dos, cuenta cómo una venta de alfajores desde un departamento derivó en una marca cordobesa y qué tensiones aparecen al criar, trabajar en pareja y sostener un emprendimiento familiar.
En el nuevo episodio de Reset Materno, conversamos con Agustina Alegre Obligado, la mente detrás de Culpa de los dos, la marca de alfajores que desafió la historia de la gastronomía cordobesa con una premisa tan simple como visceral: “Que nunca nadie te diga cuánto dulce de leche podés ponerle a tu alfajor”. Una charla honesta sobre crianza a contrarreloj, el mito de las empresas familiares y la culpa de no sentirte a la altura de ningún rol.
Si emprender en Argentina ya es una misión de riesgo, sumarle la llegada de dos hijos y el desafío de construir un negocio con el papá de tus hijos suena a la receta perfecta para el caos total. Sin embargo, detrás de la marca de alfajores que hoy revoluciona Córdoba hay una historia cargada de ingenio, perseverancia y una apuesta familiar que inició, literalmente, por casualidad.
Agustina era moza en un bar de Barrio Güemes; Ezequiel, encargado de cocina en el mismo lugar. Se conocieron trabajando y al poco tiempo la relación laboral se convirtió en una amorosa. Ezequiel dejó su departamento de soltero y se mudaron juntos. Al mismo tiempo que iniciaban la convivencia, Agus se enteró de que estaba embarazada. Con la inminente llegada de un nuevo integrante a la familia, llegó también la urgencia económica.
Para sumar un ingreso extra, los fines de semana empezaron a vender alfajores desde su pequeño departamento en la calle Belgrano. Pero no eran cualquier tipo de alfajores. Eran una reinterpretación disruptiva de un emblema local: aquella receta histórica que en 1869 el químico francés Augusto Chammás patentó en Córdoba —caracterizada por masas livianas y dulce medido—. Agus y Ezequiel decidieron romper el molde tradicional y combinaron recetas clásicas con cantidades demenciales de dulce de leche.
El boca en boca fue inmediato. En poco tiempo, el pasillo de aquel departamento se llenaba de largas filas para retirar encargos.
“Nunca supimos que iba a convertirse en el monstruo que es hoy. Estuvimos tres años en el departamento. Nos agarró la pandemia mientras yo criaba a Santos y estaba embarazada por segunda vez de Diógenes, y ahí abrimos el primer taller. Mis dos hijos han vivido muy de cerca todo el crecimiento de Culpa de los dos”, recuerda Agus.
Hackear las estadísticas y romper los estereotipos
El caso de Agustina no es aislado, sino el reflejo de un fenómeno estructural. En Argentina, el 60% de las mujeres que deciden emprender lo hacen a partir de la maternidad, buscando una flexibilidad que el mercado laboral formal no ofrece. Además, las empresas familiares representan el 80% del tejido económico del país, aunque la mayoría tambalea por la dificultad de separar los vínculos afectivos de los números. Para sobrevivir, en la casa de Agus y Ezequiel se impuso una ley marcial: en el hogar no se habla de trabajo.

La trampa del emprendedurismo gastronómico suele venir acompañada de fuertes estereotipos de género, barreras que ellos también tuvieron que derribar puertas adentro y hacia el público:
“Siempre pensaron que yo estaba en la cocina y la gente aún hoy se sorprende de que en realidad yo estoy en la parte de administración y es Ezequiel quien está en la cocina”.
La distribución de las cargas entre el trabajo y el hogar es un equilibrio frágil que, muchas veces, exige una red de contención invisible pero vital: “Tengo una magia de ventaja. Culpa de los dos se mantiene porque detrás está mi mamá sosteniéndome a mí. Estoy muy acompañada y sin ella sería todo mucho más difícil”.
El nombre del caos y la tiranía del celular
Incluso la identidad de la marca nació de la tensión de criar y producir al mismo tiempo. “El nombre arrancó en una discusión. Estábamos discutiendo en medio del caos de la cocina del departamento mínimo, con Toto bebé, haciendo alfajores a contrarreloj. Yo enojada le dije a Eze: ‘Esto es culpa tuya’, y él me respondió: ‘No Agus, es culpa de los dos’. No teníamos ni nombre en ese momento y la verdad me pareció espectacular. Nadie creyó que ese nombre era el indicado, me decían que no tenía nada que ver con los alfajores, pero yo estaba convencida”.
Hoy, con la marca consolidada, los desafíos mutan pero la presión no afloja. La culpa, ese motor constante de la maternidad contemporánea, aparece cuando los tiempos del negocio chocan con los de la infancia.
“Mis hijos están mucho tiempo en el cole y tienen actividades extra como rugby o guitarra. Me da muchísima pena, pero sí trabajamos mucho manejando tiempos de calidad. Mis hijos me piden que ponga el celular en modo avión”, confiesa con una honestidad descarnada.
El testimonio de Agus desarma la romantización del "jefe de tu propio tiempo" que abunda en las redes sociales: “Somos muy criticados. El emprendedor no tiene fin. Sos juzgado porque no terminás de hablar nunca de tu proyecto y estás pensando en cómo mejorar, qué cosa nueva podemos inventar. Tengo que llegar a mis dos proyectos y a veces siento que no estoy a la altura de ninguno: ni de mi negocio ni de la crianza”.
Una conversación indispensable sobre el costo real de sostener un sueño propio sin soltar la mano a la crianza.
El episodio ya está disponible en YouTube y Spotify. Auspician Protectia y Cigor.

