Hallazgo. Científicos argentinos descubren que el omega-3 reduce el dolor neuropático y abre nuevas terapias
Una investigación liderada por la Universidad Nacional de La Rioja demuestra que los ácidos grasos del pescado disminuyen hasta un 112% la sensibilidad al dolor en modelos preclínicos.
Investigadores argentinos alcanzaron un hito en el estudio del tratamiento del dolor crónico al descubrir que el omega-3, un ácido graso presente principalmente en el pescado, tiene efectos analgésicos significativos sobre el dolor neuropático.
El estudio fue publicado recientemente en el Journal of Pharmacy and Pharmacology, la revista oficial de la Real Sociedad Farmacéutica de Gran Bretaña.
La investigación, realizada en modelos animales, revela que este componente natural no solo actúa como un potente antiinflamatorio, sino que interviene directamente en la percepción del dolor a nivel periférico. Este hallazgo abre una puerta de esperanza para pacientes que sufren afecciones crónicas debilitantes.
El trabajo fue encabezado por Carlos Laino, doctor en farmacología y director del Instituto de Biotecnología de la Universidad Nacional de La Rioja (UNLaR). El especialista ha dedicado años a investigar efectos secundarios o "fuera de etiqueta" de sustancias conocidas para ampliar el arsenal terapéutico actual.
Qué es el dolor neuropático y a quiénes afecta
El dolor neuropático periférico es una condición patológica que afecta a entre el 7% y el 10% de la población mundial. Se produce por una lesión o enfermedad que daña los nervios fuera del sistema nervioso central, es decir, en las extremidades y ramificaciones del cuerpo.
Esta condición es descrita por los especialistas como "debilitante y frustrante" debido a su naturaleza persistente. Sus causas son múltiples y abarcan desde complicaciones por diabetes e infecciones como el herpes Zóster, hasta secuelas de accidentes, tratamientos oncológicos o amputaciones que derivan en el "dolor fantasma".
Según explicó Laino al sitio Clarin.com, este tipo de dolor se manifiesta a través de síntomas como la alodinia mecánica, que es el dolor provocado por estímulos que normalmente no deberían causarlo, como el simple roce de la ropa o las sábanas. También incluye la hiperalgesia térmica, una respuesta exagerada al frío o al calor.
Limitaciones de los tratamientos actuales
En la actualidad, el manejo de este tipo de dolencias representa un desafío para la medicina debido a la baja eficacia de los fármacos disponibles. Generalmente se utilizan antidepresivos y anticonvulsivantes, pero los resultados suelen ser insuficientes para una gran parte de los afectados.
"Hay estudios que dicen que menos del 50% de los pacientes logra un alivio realmente satisfactorio ante este tipo de dolor", señaló Laino en referencia a las terapias convencionales. Esta falta de respuesta adecuada deja un espacio vacante que la investigación científica busca cubrir con alternativas más efectivas.
A esto se suma la problemática de los efectos adversos. "El 80% de las personas que reciben estos medicamentos experimentan al menos un efecto adverso, como somnolencia, mareos y náuseas", detalló el científico, subrayando la necesidad urgente de encontrar opciones con menor toxicidad.
Resultados del estudio con omega-3
Los experimentos realizados en el laboratorio de la UNLaR mostraron resultados contundentes en animales con afecciones en el nervio ciático. El hallazgo más relevante se dio en la alodinia mecánica, donde el dolor por contacto físico disminuyó en un 112% tras la administración del concentrado de omega-3.
Además, los investigadores registraron una reducción del 25% en la hiperalgesia térmica y un aumento del 20% en la recuperación motora de los sujetos de estudio. Estos datos sugieren que el aceite de pescado enriquecido no solo calma el dolor, sino que ayuda a restablecer funciones nerviosas dañadas,.
Laino enfatizó que la historia de este descubrimiento comenzó hace dos años, cuando decidió profundizar en las sospechas científicas sobre el potencial analgésico de estos ácidos grasos. "Faltaba una alternativa de tratamiento", afirmó al explicar por qué se enfocaron en los ácidos presentes en salmónidos, sardinas y anchoas,.
Próximos pasos y ensayos en humanos
El equipo de investigación ya tiene en marcha un estudio clínico de fase 2 para aplicar estos conocimientos en pacientes humanos. A fines de junio, se espera iniciar un ensayo doble ciego con 40 personas que se sometan a cirugías de vesícula, donde la administración de morfina está estandarizada.
El objetivo de esta fase es utilizar una combinación de omega-3 y morfina para reducir las dosis necesarias del opioide. Estudios previos del mismo equipo indicaron que el omega-3 ayuda a disminuir efectos adversos de la morfina, como la constipación y la depresión respiratoria, sin generar adicción.
“La mitad recibirá placebo y la otra mitad, esa combinación antes, durante y después de la cirugía”, explicó Laino sobre el protocolo del ensayo. Este avance es fundamental para validar si los beneficios observados en animales se replican con la misma intensidad en el ámbito clínico,.
El desafío del financiamiento científico
A pesar del optimismo por los hallazgos, el proyecto enfrenta obstáculos económicos para su escalabilidad. Para avanzar en investigaciones sobre patologías crónicas más complejas, el equipo requiere de la colaboración del sector privado para acceder a subsidios estatales específicos,.
Laino comentó que han mantenido diálogos con laboratorios nacionales, aunque la respuesta de la industria suele ser cautelosa ante proyectos innovadores. "Existe una vía de financiamiento del Gobierno nacional, pero precisás un socio privado al que le pueda interesar tu propuesta. No es tan fácil", reconoció.
Finalmente, el investigador destacó que, aunque la industria farmacéutica nacional ha comenzado a animarse más a probar desarrollos locales desde la pandemia, el camino para transformar un hallazgo de laboratorio en un medicamento disponible en farmacias sigue siendo largo y complejo en el contexto actual.





