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Castiñeira, el gallego de los calzados

Argimiro llegó hace 65 años a Córdoba. Escapaba de la tristeza de la posguerra. Trabajó de sastre y fue uno de los fundadores de Calzados Los Gallegos. Dice que está en deuda con la Argentina, pero también cree que el país tiene que agradecerle su esfuerzo.

21 de marzo de 2015 a las 12:01 a. m.
Castiñeira, el gallego de los calzados
Felices y juntos. Argimiro y Matilde están juntos desde hace seis décadas. Los dos son gallegos, pero se conocieron en Córdoba (Ramiro Pereyra/LaVoz).

"Lo que más me impresionó al llegar a Buenos Aires era la cantidad de pan y carne que se tiraba… Me acordé de toda la miseria que existía en España". Así recuerda Argimiro Castiñeira Cascudo (89) el 2 de septiembre de 1949, día que desembarcó en la Argentina, con 24 años y uno de sus hermanos. Provenían del puerto español de Vigo, Galicia, donde se ilusionaban con un destino que hiciera sanar las heridas y tristezas de las guerras en el viejo continente. Intuían que al otro lado del Atlántico encontrarían las oportunidades que su patria, por entonces, no podía darles.Argimiro nació en Villalba, en la provincia de Lugo, Galicia, a las 20 del jueves 20 de mayo de 1925. Provenía de una familia numerosa de siete hermanos, aunque su madre, Pilar Cascudo dio a luz a nueve hijos, dos murieron precozmente."Eramos de familia humilde, trabajábamos mucho y no había remuneración. Por eso allá, si se podía, se iba al colegio; sino, no. Yo a los 6 años empecé a cuidar ganado", cuenta Argimiro, en su casa de barrio General Paz, rodeado de recuerdos.La Guerra Civil española marcó un antes y un después en los Castiñeira Cascudo. Por esas cosas del destino, dos hijos pelearon en el frente para el dictador Francisco Franco y dos a favor de la República. La guerra entre hermanos fue una realidad en aquella casa. Uno murió en el frente de batalla.En el libro No me olvides , de Graciela Pedraza y Yaraví Durán, Argimiro recuerda que su madre Pilar quedó "medio trastornada por la guerra"."Nosotros teníamos una casa pegada a la carretera. Mi madre veía pasar la gente, o los soldados en camiones, con mulas, abría la ventana y gritaba: 'Van p'al matadero'", relata. Costuras y zapatos Argimiro trabajó en el campo hasta cumplidos los 21, cuando lo destinaron a Melilla (África) a realizar el servicio militar. Llegó el 23 de abril de 1946 y partió en septiembre del '48. Lo recuerda con claridad. De regreso en la casa paterna aprendió el "abecé" de la confección de trajes. "Trabajé de sastre hasta agosto del '49 en Villalba. Embarcamos para Argentina el 16 de agosto de 1949, pero había que venir con carta de llamada, con un contrato de trabajo por dos años, alojamiento, todo", relata Castiñeira, con una memoria envidiable.Su tío Salusiano, quien ya había emigrado a Córdoba, fue el encargado de "reclamarlo"; es decir, garantizar condiciones laborales y de subsistencia.El tío era el dueño de Sastrería Cascudo, que funcionaba en Alvear 439. Realizaba trajes a medida para empleados del ferrocarril, músicos de orquestas y público en general.Allí Argimiro trabajó como sastre nueve años, hasta fines de 1956. Vivía en la planta alta de la casa de Salusiano."En el '55, con otros tres, pusimos la zapatería Calzados Los Gallegos, en la calle San Martín. Yo me levantaba a las 6, trabajaba hasta las 8 y media en la sastrería y después iba a la zapatería. Salía a las 12 y media, comía, dormía media hora, y trabajaba después en la sastrería, porque tenía mucho trabajo el tío, y yo no podía dejarlo así porque sí. Trabajaba los domingos también", asegura.Así fue, hasta que no le quedó más remedio que elegir y se dedicó a pleno a los calzados. El negocio fue tan próspero que llegaron a tener cuatro sucursales en el centro de la ciudad."El primer año que llegué no salí a ningún lado, solamente iba con los tíos al cine, no conocía a nadie, ni nada. Trabajaba 16 horas por día, de lunes a lunes", subraya. "Vinimos a la Argentina porque en España no había trabajo para nadie".El primero en llegar a la Argentina fue su hermano Daniel. "Éramos muy unidos, y el que salía del país, se llevaba la mejor camisa, los mejores zapatos. El vino primero, en 1947, en el primer vuelo que hacía Iberia. Nosotros con un hermano más chico vinimos en barco (el vapor "Buenos Aires"). Yo tenía 24 y el casi 21. Después reclamamos a otro casado, con una hija, y estuvo trabajando en el Consulado (de España) 22 años", enumera. Aquí se reunieron cinco de los hermanos. El país de la abundancia "Apenas llegué a Buenos Aires, la primera impresión, que me hizo llorar, fue ver cómo se tiraba la carne y el pan, y en España estábamos racionados. Para los que estábamos en el campo, no era tan grave, porque teníamos animales, pero mucha gente la pasó mal e incluso murió", recuerda Argimiro, en relación a los años de posguerra. "Otra cosa que me impresionó fue ver tanto campo, tantas vacas, tantas ovejas", agrega.Al poco tiempo, Argimiro fue a la escuela Mariano Moreno, en Santa Fe y Santa Rosa. "En el año '50 empecé cuarto grado, y me pasaron a quinto y a sexto. Después estudié en el Carbó para ser contador. Cuando estaba en la sastrería podía; pero cuando pusimos la zapatería, no pude más", subraya. La "jota" en Córdoba A Argimiro le gusta bailar y cantar. "Si hubiera podido, me hubiera gustado tener voz para tenor", confiesa. Pero la prioridad era ganarse el pan. De Córdoba, dice, le gusta todo. "Apenas llegué a Buenos Aires, me hicieron comer chinchulines ¡fríos! Yo les dije 'Esto no lo como'. El asado me gusta bastante y el vino, también". Volvió a España en varias oportunidades, pero jamás pensó en volver a vivir a su país. "A mi manera acá viví bien, trabajé mucho, formé mi gente, mis hijos, mis cuatro nietos, mis amigos. Si yo hubiera vuelto a España iba a volver a un lugar en el que no conocía a nadie (...) Siempre tengo invitaciones, reuniones, fiestas. Si no voy, se enojan. Me hacen bailar, cantar, a mí me gusta. Bailo la jota , la muñeira " explica. Argimiro se arraigó. "A la Argentina le debo que me dio mucho trabajo (...) Pero la Argentina también me debe mucho. Lo mucho o poco que tengo está en Argentina", refiere. La nostalgia, la morriña , lo persiguieron unos años. Pero con el tiempo, aunque sin olvidarla, dejó de extrañar España.

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Historias. El blog Voces, recoge las historias de inmigrantes de todas partes del mundo y de todos los tiempos. Es una producción conjunta de La Voz del Interior y la Unión de Colectividades de Inmigrantes de Córdoba (Ucic).

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