Una "casa" de palos y frazadas, en una de las zonas de mayor riqueza
En Oncativo, una familia fue desalojada de la habitación que ocupaba y asegura no tener salida. Tiene cinco hijos.
Oncativo. Estela Rivadero tiene 42 años. Está en pareja y suma cinco hijos, cuatro de ellos menores de edad. La mayor, de 20, está embarazada. Hace un tiempo fueron desalojados de la habitación donde vivían, en la ciudad de Oncativo, y desde entonces, viven en la calle. Con más precisión, habitan en un muy precario refugio que armaron con palos y frazadas en un baldío. Ese escenario podría pasar más inadvertido en la Capital cordobesa, donde muchas familias viven en la precariedad, pero cobra otra connotación en una de las ciudades de mayor bonanza económica de la provincia. Oncativo, con casi 15 mil habitantes, en el departamento Río Segundo, es reconocida como una de las localidades de mayor progreso, en buena parte desde el boom agropecuario de la última década. Según Estela, la odisea de su familia empezó hace un año. Argumenta que por problemas de salud no puede trabajar y que viven con el dinero que ganan como albañiles su pareja, su yerno y su hijo de 15 años. Asegura que recibe la Asignación Universal por Hijo, pero sólo por uno de los cuatro menores que tiene a cargo.Estela relata que no es la primera vez que atraviesan una situación delicada: antes fueron desalojados ya de otras también muy precarias habitaciones.La mujer asevera que nunca dejó de pagar el alquiler de la cochera donde vivió hasta hace semanas, y confiesa que no tenía buena relación con la dueña de la propiedad. Más allá de razones y argumentos, hace días ya que esta familia vive en un refugio que es bastante menos que una carpa, en un baldío, al lado de una iglesia. El cura párroco local les prestó una pequeña pieza en la capilla, "pero como algo provisorio", cuenta Estela, como que una asistente social del municipio se acercó y prometió alguna gestión de apoyo.Algunos vecinos de la cuadra les acercan alimentos, que alivian en parte la situación. Estela relata lo obvio: "Vivir en la calle es muy triste y duro", dice, y rechaza el prejuicio, que admite haber escuchado, de que no tienen un hogar porque no quieren trabajar. "Queremos progresar pero no tenemos muchas posibilidades", sostiene. Desde que se quedó sin techo, sólo vive con su pareja, su hija embarazada de 20 años y el novio de ésta. A los otros hijos, de 3, 11, 14 y 15 años, no los ve desde hace días, ya que se mudaron a Laguna Larga, a casa de familiares. Por eso, debieron dejar el colegio al que iban. Estela dice que más que a no tener techo, le teme ahora a que por una decisión judicial le quiten sus hijos. "Si me los sacan, me quedo sin razones para seguir viviendo", señala.

