La Cañada, símbolo cordobés desolado y muy degradado
En buena parte de su recorrido, su estado es lamentable. Hay zonas con oscuridad total y tramos con derrames cloacales, escombros y yuyos. En el Centro está mejor.
La Cañada es, sin dudas, un lugar de alto simbolismo social para los cordobeses. Pero su estado actual es lamentable en la mayor parte de su recorrido por la ciudad de Córdoba, con excepción de la zona céntrica que se extiende desde bulevar San Juan hasta la confluencia con el río Suquía, poco más allá de la calle Humberto Primero (ver Galería de fotos).
Según un recorrido nocturno que efectuó La Voz del Interior días atrás, pudo observarse que, a la altura de los barrios Matienzo, Rosedal, Parque Capital, Suárez y Bella Vista, la Cañada es una postal de la oscuridad absoluta. No funciona casi ninguna luz del alumbrado público ni las de las columnas que, hace añares, se colocaron encima de sus muros laterales.
Este paisaje tenebroso se conjuga con una importante degradación ambiental: hay líquidos cloacales derramados sobre la calzada lateral a la Cañada (con olores no gratos en el aire), escombros tirados sobre la carpeta asfáltica y yuyales sobre las veredas próximas. Además, hay barandas destruidas y ya no están los globos o plafones blancos con focos de luz que la caracterizaron.
Hay zonas que están igual a 2002, oportunidad en la que este diario hizo un relevamiento similar.
A medida que la Cañada se despliega hacia el nordeste, su estado mejora un poco. El único sector “presentable” es entre San Juan y el río.
Sector por sector. En las inmediaciones del Parque de la Vida (Matienzo, Rosedal, Parque Capital), no hay luces públicas que permitan siquiera inferir que hay un cauce como el de la Cañada. No se ve nada de nada a lo largo de 600 o 700 metros, incluso en la ciclovía cercana. No hay carteles nomencladores de calles y no hay barandas o están muy deterioradas.
A la altura del puente Tronador, la Cañada sólo es distinguible gracias a unas pocas luces del alumbrado público. Encima, abundan los escombros sobre el pavimento, lo cual es un peligro para quienes transitan.
Cuando la Cañada pasa por barrios Suárez y Bella Vista, la “vista” no es, digamos, muy gratificante. La mayor parte de este tramo es oscura y no existe un solo globo de luz sostenido en sus parantes, producto del terrible vandalismo que impera. La gente advierte que los delincuentes robaron materiales eléctricos, que nunca se repusieron. Es peligroso caminar por allí. Tampoco hay carteles de calles para ubicarse.
Desde puente Kronfuss hasta puente Venus, hay unos 500 metros sin luces. El aroma a cloaca empieza a palparse al pasar por este lugar, ya que los líquidos se esparcen por todos lados. La escena se completa con montículos de tierra, podas en la calzada, escombros y barandas rotas.
Ya cuando la Cañada adopta el nombre de la calle Marcelo T. de Alvear y hasta el cruce con Elpidio González, la iluminación empieza a notarse más, aunque hay tramos invadidos por las penumbras. La suciedad sigue viéndose por todas partes, con basura desparramada y escombros sueltos.

