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Cada vez más curas abandonan la Iglesia

En los últimos cinco años se fueron más de 20 y el Arzobispado de Córdoba ordenó 13 curas diocesanos. Este año ingresaron sólo cinco aspirantes al Seminario Mayor y en total hay 16.

23 de febrero de 2014 a las 01:33 p. m.
Redacción La Voz
Cada vez más curas abandonan la Iglesia
Escasez. Algunos curas tienen que oficiar sacramentos en más de una parroquia. El celibato es una de las cuestiones con las que muchos jóvenes con vocación religiosa no concuerdan. Y de hecho es una de las principales causas de deserción.

Si hiciéramos el ejercicio de analizar la carencia de vocaciones sacerdotales en función de convocatorias religiosas multitudinarias, como la que generó la beatificación del cura Brochero en Traslasierra, el año pasado, o la que despierta cada año la peregrinación a la Virgen de Lourdes en Alta Gracia, hay algo que no encaja.Si eventos como esos son capaces de reunir a tantos fervorosos fieles católicos, ¿por qué eso no se traduce en más ordenaciones sacerdotales o en más aspirantes en los seminarios?En este contexto, incluso, podríamos mencionar el impulso religioso que da el hecho de tener un papa argentino. Pero es evidente que el camino que conduce a las ordenaciones sacerdotales va en otra dirección.En 2008, en el Seminario Mayor de Córdoba se encendió una luz roja: en aquel año ingresó un solo aspirante a ser cura. El pronóstico en ese momento era que iban a quedar parroquias sin curas. Seis años después, en efecto, eso fue lo que sucedió. Aunque, en realidad, lo que ocurre es que un sacerdote debe hacerse cargo de oficiar en más de un templo.Este año, la institución formadora de sacerdotes recibió apenas a cinco aspirantes. La cifra preocupa. Por un lado, porque no todos ellos llegarán finalmente a ser ordenados curas, al cabo de ocho años de formación. Además, unos cuatro presbíteros dejan los hábitos cada año en Córdoba, cifra que habría que sumar a la de aquellos curas que por cuestiones de edad se retiran.Según la estadística que maneja el denominado "Grupo de la Cripta", que agrupa a sacerdotes y exsacerdotes católicos, en la última década al menos 30 curas dejaron los hábitos, nueve entre 2012 y 2013. Algunos de ellos se fueron de manera formal, solicitando una dispensa papal; otros, en cambio, simplemente se alejaron de la vida religiosa.Según datos del Arzobispado de Córdoba, entre 2009 y 2013 se ordenaron 13 curas diocesanos y 16 religiosos. La distinción es importante, ya que sólo los curas diocesanos van a ministrar en una parroquia. Los religiosos, en cambio, pertenecen a las órdenes, como los salesianos o los franciscanos, y tienen otras funciones inherentes a su hermandad.Preocupación globalEl fenómeno de la crisis en las vocaciones sacerdotales es una preocupación global de la Iglesia Católica. Es más que evidente que las condiciones del mundo actual no favorecen la "producción" de sacerdotes.En el quinquenio 2008-2012, según publicó la Agencia Informativa Católica Argentina (Aica), la Congregación para el Clero, el organismo del Vaticano que se ocupa de todos los sacerdotes del mundo, concedió 1.188 dispensas de las obligaciones sacerdotales y 130 dispensas del diaconado. Esto sin contabilizar a los que se fueron sin pasar por ningún proceso del Derecho Canónico.El celibato es una de las cuestiones con las que muchos jóvenes con vocación religiosa no están dispuestos a comprometerse. Y de hecho es una de las principales causas de deserción. Incluso, la Iglesia Católica es reacia a propiciar la condición de curas casados.El Arzobispado de Córdoba conoce todas las dificultades que hay que sortear, pero hace ya más de dos décadas que no quiere formar curas a cualquier precio. La Iglesia Católica, en general, espantada por los casos de sacerdotes pedófilos o abusadores, busca garantizar que sus pastores no se transformen en los lobos de sus rebaños.Daniel Blanco dejó este año de ser el rector del Seminario Mayor de Córdoba. Su gestión duró 12 años y ahora volvió a una parroquia. No le gustan las palabras "deserción" ni "reclutamiento" de jóvenes en los seminarios. "Hablamos, en cambio, del discernimiento que tanto el joven seminarista cuanto sus formadores tienen que realizar –dice–. Este discernimiento es complejo y requiere que la persona se conozca a sí misma, que sea consciente de las entregas (los 'sí') y las renuncias (los 'no') que implica la vocación sacerdotal; que considere serena y lo más objetivamente posible las motivaciones profundas que lo animan".Según Blanco, "todo esto supone tiempo, procesos, mucha oración, reflexión, diálogo, confrontación... Un muchacho entra al Seminario porque quiere ser cura; a medida que profundiza en el discernimiento, con la ayuda de sus formadores, puede ser que confirme aquella intuición inicial o que descubra que el camino que Dios le propone es otro. Lo importante no es 'sacar curas a toda costa', sino que cada muchacho descubra y secunde el proyecto de Dios para su vida. Por todo esto, es completamente normal y previsible que unos cuantos –a veces más, a veces menos– dejen el Seminario para seguir a Cristo por otros caminos".Para Adrián Vitali, uno de los excuras más críticos de la formación sacerdotal, "la oferta que hace la Iglesia Católica no está conectada con el mundo moderno. Quiere volver medievales a sus curas y fieles. Antes entrábamos al Seminario como jóvenes entusiasmados, sensación que iba quedando en el camino. La Iglesia tiene un sentido absolutamente sacramentalista: si no hay confesión o comunión, no hay Iglesia. Y lo que el mundo demanda hoy es otra cosa. La paradoja es que la Iglesia forma sacerdotes y después no los cuida; los termina expulsando", señala.