Bien en cultura, flojos en educación
La palabra cultura remite a cultivar, labrar. Tiene que ver con la tierra.
El miércoles pasado arrancó en Córdoba una nueva edición del Festival de Música Barroca. Pocas cosas nos hacen sentir y quedar tan bien como ese festival. Moviliza tantas buenas ondas que hasta es capaz de hacer llover a cántaros, razón por la cual habría que ingresarlo al santoral de la sequía. El primer concierto llenó la Iglesia de la Compañía. Aunque el calor era agobiante y el Magníficat es medio denso, la multitud escuchó con atención y sin mirar los celulares. Por ahí sonó un ringtone , pero uno en 500 es casi un milagro. El único defecto: la costumbre de aplaudir a cada rato. Los programas de mano deberían ir considerando la posibilidad de señalar cuándo aplaudir. Y por qué. Con el tiempo, el público puede llegar a aprender.
Pobre Platón
Si nos guiamos por el Festival y otros acontecimientos, podemos decir que en cultura nos va muy bien. En lo que nos va pésimo es en educación. Nos sobran artistas y estudiosos, pero no sabemos convivir ni cuidar el ambiente. Por las dudas, aclaremos que esto último no supone pararse con una pancarta, sino barrer, limpiar, reciclar.
La palabra cultura remite a cultivar, labrar. Tiene que ver con la tierra.
En cambio, educación significa criar, nutrir; originalmente se aplicaba a los animales.
Platón lo definía como un proceso de embellecimiento, que comprende la formación del ciudadano, del hombre virtuoso, y la preparación para una profesión.
Veintitantos siglos atrás, dejó claro que educación y ciudadanía son realmente inseparables.
Los más y los menos
El siglo 20 y el 21 se caracterizan por los avances logrados, casi a diario, en medicina y tecnología.
Argentina es uno de los países latinoamericanos con mayor número de científicos y protocolos. Nuestros artistas descuellan en todos lados. Pero la brecha entre los que más saben y los que menos estudian es igual o peor que la brecha económica.
Hasta podríamos decir que el abismo educativo nos está matando. Y no tiene que ver con sacarse buena nota en el colegio. Tiene que ver con la casa, el barrio, la autocontención, los modelos y mensajes que bajan los medios masivos.
Basta con ver las estadísticas (accidentes viales; edad de ingreso a la droga; 15 por ciento de los embarazos son adolescentes; mortandad juvenil) para darnos cuenta de que nuestro gran problema pasa por la educación. Es la “madre” de la inseguridad. Llegados a este punto, rápidamente le echamos la culpa a “la política”. Sin embargo, es muy difícil ser gobierno en una sociedad que no se pone de acuerdo en cuestiones básicas.

