En Argentina ya no está de moda fumar
La obligación de no fumar se cumplió sin chistar. Laura Leonelli.
En una sociedad que no se caracteriza por acatar las leyes prohibitivas de manera voluntaria, donde –por ejemplo– sólo se respetan las normas de tránsito si hay un inspector municipal en las esquinas de la ciudad o la Policía Caminera en las rutas de la provincia, la obligación de no fumar se cumplió sin chistar. Es más, se cumplió sin que se utilizara el recurso de aumentar los impuestos para desalentar el consumo, como sucede en países europeos. Fumar en Argentina aún es barato: una persona que consume 20 cigarrillos diarios, con los nuevos precios que rigen desde hoy (8,25 pesos la etiqueta), gasta menos en un mes que lo que cuesta –con el descuento de pago por adelantado– una de las multas de la Policía Caminera más común, es decir, la labrada por circular de día sin las luces bajas encendidas.Así, a pesar de que fumar es económicamente muy accesible, las estadísticas indican que no sólo se redujo el porcentaje de fumadores, sino también que bajó la exposición al humo ajeno y aumentó la conciencia de que fumar hace mal a la salud.Pero hay más. Lo que las encuestas aún no muestran es que los avances, además de notarse en la baja del porcentaje de personas que fuman, también se perciben entre las que sí fuman: al haber tantas limitaciones de los lugares donde se puede prender un pucho, muchos aún no dejaron el vicio pero sí bajaron en gran medida la cantidad de cigarrillos que consumen por día. Es más, la prohibición se extendió más allá de los lugares enumerados en las leyes: en muchas casos, también se respeta en el seno de los hogares, ese sitio donde se puede ejercer al máximo la libertad individual.Así, cada vez son más las familias que, incluso cuando alguno de sus integrantes fume, no permiten el humo adentro de casa. En estos casos, se entendió que no fumar no supone limitar la libertad propia, sino respetar la salud personal y familiar.No queda otra, entonces, que adaptarse a no prender un cigarrillo en el trabajo, en el bar, en hogares de no fumadores –y fumadores–, en las aulas de las universidades, en los ómnibus, todos espacios en los que hasta no hace mucho el derecho del fumador era más fuerte que el del no fumador.Ya no está de moda fumar. El cigarrillo tiene cada vez menos aceptación y tolerancia social, y los consumidores también. Hasta a los propios fumadores comienza a molestarles el olor del humo de tabaco a su alrededor y en su ropa.Todo este proceso es tal vez uno de los cambios culturales más importantes que se dieron en la Argentina de los últimos cinco años. Y de los venideros. Los costos del sistema sanitario, y la salud y la vida de los ciudadanos son los máximos beneficiarios.Sin dudas, es un gran avance que ya no tendrá retrocesos y que requiere, sin embargo, profundización. Después de todo, aún tres de cada 10 argentinos mayores de 15 años fuma tabaco.

