Aquellos que nos ayudan a pasar de un idioma a otro
Traducir viene del latín “traducere” (hacer pasar de un lugar a otro). No basta reemplazar palabra por palabra, sino que es necesario comprender el sentido y la intención del autor.
De cuántas lecturas, películas, series, investigaciones nos habríamos perdido sin ellos… ¿Alguna vez pensaron en aquella persona que nos facilita el acceso a textos y filmes que están en otros idiomas? El suspenso de Edgar Allan Poe, el humor de Molière, las magistrales obras teatrales de William Shakespeare, la multiplicidad de series y películas extranjeras que circulan en nuestros televisores serían letras e imágenes ajenas a nosotros si no fuera por la mano amiga del traductor, que el 30 de septiembre se celebró su día, en honor a San Jerónimo (también patrono de Córdoba). San Jerónimo Este santo murió un 30 de septiembre, por eso se lo conmemora ese día. Nació en Dalmacia en el año 304 y viajó a Roma, cuna de las humanidades de ese momento, para perfeccionar sus competencias sobre las lenguas latina y griega. También era un estudioso de los textos sagrados, de allí que San Jerónimo tuviera conocimientos de hebreo también, sin embargo se trasladó a Belén para pulir aún más sus saberes. Gracias a este bagaje, el papa San Dámaso lo convocó para hacer la versión latina de la Biblia, con el objetivo de que su contenido llegara al pueblo. Así, San Jerónimo realizó en el año 382 la traducción que se llamó Vulgata (de vulgata editio , "edición para el pueblo"). Este libro fue la versión oficial del la Iglesia Católica hasta el año 1979 (es decir que tuvo vigencia 1.597 años), cuando se publicó la Neovulgata, que sirvió de referencia para traducciones a otras lenguas.En memoria de esta tarea de estudio y traducción, la comunidad de traductores e intérpretes conmemora a este santo, porque fue quien entendió que para traducir no basta reemplazar palabra por palabra, sino que es necesario comprender el sentido y la intención del autor. Traducir "Traducir" viene del latín traducere , "hacer pasar de un lugar a otro". De este modo, es llevar un texto expresado en una lengua a otro en otro idioma, y es condición sine qua non que mantenga el espíritu que el autor le legó en el original. El escritor Francisco de Quevedo y Villegas decía: "Las palabras son como monedas, que una vale por muchas como muchas no valen por una". Esto implica que el traductor debe ser preciso en la selección de las voces; asimismo, debe conocer las normas de la lengua y redactar en consecuencia.Además, como afirma la doctora en Letras Alicia María Zorrilla, es necesario que el traductor dude, porque duda es sana, lleva a la reflexión y al estudio. "Tengamos la prudencia de saber dudar a tiempo, antes de cometer el error", aconseja. Por medio de la lengua, los seres humanos expresamos el pensamiento. Buscamos las palabras exactas para que quede reflejado nuestro mundo interior y para que nuestro interlocutor nos comprenda. Unimos términos en frases que, en su contexto, adquieren un sentido específico. Traducir esto es volver a producirlo, es realmente una tarea digna de reconocimiento.

