Antes todo era más fácil, pero se vivía menos
Antes la salud era más sencilla y manejable, pero se vivía menos. Ahora se confía más en la ciencia que en la fatalidad de un designio superior. Rosa Bertino.
En un solo siglo (el 20), este mundo cambió más que en todos los anteriores. Se constata en los hechos más insignificantes, lo cual nos permite maravillarnos de que las pulsiones más elementales sigan en pie. El recorrido por una librería de anticuarios nos permite toparnos con joyitas como La Cocinera Criolla , por Marta. Apareció en 1914 y tuvo algo así como 50 reediciones. Sin embargo, la identidad de "Marta" no figura ni en Google, o hacen falta decenas de links hasta hallar algún indicio. Más antiguo que eso, no hay. Es decir, que una persona considere que su obra importa más que ella misma. De hecho, "Marta" era el seudónimo de Mercedes Cullen de Aldao, una santafesina que recopiló centenares de recetas y donó el producto del libro a las Hermanitas de la Caridad. Alcanfor y lejía. La Cocinera Criolla tiene tres partes. La tercera es francamente llamativa porque contiene el Recetario Curativo Doméstico. Los remedios caseros te aliviaban la jaqueca y el mal aliento; los gases, las hemorroides y la caspa; el empacho, los panadizos e incluso los envenenamientos (queremos creer que eran accidentales). El flujo vaginal, la lombriz solitaria y el acné tenían los días contados si uno se aplicaba tal tisana o cataplasma. Todo servía o cumplía la función para la cual fue creado. Enfermedades nuevas. Cada vez que uno ve fotos o libros de antaño siente un irrefrenable deseo por volver al pasado. Lo cual es imposible. Además, por estresante que sea la existencia actual, vivimos hasta 25 años más que en la época de Marta. Su manual nos lleva a pensar que la salud era más sencilla y manejable que ahora. Pero se sobrevivía menos. Cuerpos y almas eran encomendados a las oraciones, y dependían de la suerte. Eso cambió con el avance de una filosofía que confía más en la ciencia que en la fatalidad o en un designio superior. Mucha gente se pregunta cuándo y por qué aparecieron tantas enfermedades exóticas. Quizá es parte del mismo proceso. Si las hay o se las conoce, es hay porque tienen diagnóstico y cura, que suele ser igualmente compleja, y carísima. Las enfermedades raras sacan a la superficie la pulsión de vida que sigue latiendo en la sociedad. Un par de chiquitas van casa por casa, juntando plata para Agustín Bustos Fierro. El adolescente de 14 años padece una extraña dolencia neurodegenerativa (adrenoleucodistrofia). "Hasta ahora han conseguido nada más que un millón (de pesos) y hacen falta cuatro para hacerle el trasplante de médula en Estados Unidos", aclara una belleza de 10 años. Amira está contenta porque recolectaron 150 pesos, pero triste porque Agustín "ya entró en la fase ocho y no tiene que llegar a la 10 …". Uno no se anima a preguntar cuánto tiempo insume cada fase. Todos piden "un milagro para Agustín". Pero ese milagro cuesta un millón de dólares. Más que corazón, se necesitan bolsillos.

