El anfitrión de un tiempo de bohemia y creatividad
Santiago Cuello, dueño de lo que fue el Boliche de Santiago, recuerda las largas tertulias que reunían a músicos y artistas plásticos.
El patio de aquel templo pagano donde bohemios y noctámbulos veneraban la amistad quizá detente el récord mundial de abrazos y sencillas celebraciones espontáneas. Por eso, aquellos militantes de la juventud, soñadores obcecados de tiempos mejores, acordaron, con naturalidad y sin necesidad de discusión previa, juntarse esa noche en el "bar de las constelaciones" (así le decía al lugar "el Sapo" Cativa). El motivo: compartir el primer brindis de primavera y la emoción extraña (mezcla de alegría y conmoción) que les había provocado ver por televisión el encuentro entre Ernesto Sabato y el entonces presidente Raúl Alfonsín. Era el 20 de septiembre de 1984. Ese día, en Buenos Aires, el mandatario argentino había recibido el informe Nunca Más , elaborado por la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (Conadep), que presidía el autor de Sobre héroes y tumbas . Una procesión eufórica de 70 mil personas, más o menos, había acompañado al escritor hasta la explanada de la Casa Rosada. En Córdoba, ya habían florecido los lapachos que ornamentaban la calle Castro Barros al 900, donde funcionaba el Boliche de Santiago.La luna, casi llena, espiaba por encima de la copa del arce. Debajo del árbol monumental, Carlos "la Mona" Jiménez y Hugo "el Sapo" Cativa desafinaban parejo con La última curda , de Cátulo Castillo. Rubén Juárez completaba el improvisado trío de artistas cordobeses; intentaba alcanzarlos con su bandoneón."Con 'el Negro' (Rubén Juárez) éramos del mismo pueblo; siempre se daba una vuelta por el boliche cuando andaba por acá", cuenta Santiago Cuello y muestra una foto de aquella coincidencia encantadora. Este "parrillero de toda la vida" –como se autoproclama– nació en Ballesteros, provincia de Córdoba, el 11 de marzo de 1931. –¿Qué tenía de especial su boliche que seducía tanto a artistas y personalidades de la cultura? –En realidad no lo sé. Se fue armando de a poco y un tanto por casualidad. Al principio, teníamos pensionistas. Les dábamos de comer a un montón de estudiantes universitarios. Muchos eran salteños. Después, "el Rudy" (Arrieta) y "el Sapo" (Cativa) eligieron el lugar para juntarse con sus amigos. Así empezó a venir gente conocida. El lugar de todos El Boliche de Santiago inició su derrotero en 1968 y en 2004 comenzó a ser recuerdo. Muchos amigos de la casa (algunos famosos insignes y otros ilustres desconocidos) dejaron testimonios, en los muros rancios, de su paso por el reducto. Por caso, Cacho Castaña escribió sobre el revoque desparejo: "Si hubiera nacido en Córdoba, este hubiera sido mi Café la Humedad ". También estamparon sensaciones otros tangueros célebres: Osvaldo Pugliese, Roberto "Polaco" Goyeneche, Juan D'Arienzo, Horacio Ferrer, Amelita Baltar, Antonio Agri..."El primero en dejarnos su autógrafo en la pared fue Alberto Anchart", recuerda Cuello. El actor trabajaba entonces en Los Campanelli . La trama de este clásico de la televisión argentina relataba la historia de una divertida y disparatada familia. La idea y el libreto de la comedia pertenecían al cordobés Juan Carlos Mesa. El humorista incursionó en lo de Cuello, donde la "fauna" del gracejo docto buscaba cobijo a diario."El Gringo (Alberto) Cognigni, Crist (Cristóbal Reinoso), "el Negro" (Roberto) Fontanarrosa, "el Gordo" (Edgardo) Oviedo, "el Pelado" Alonso y otros muchachos de Hortensia venían siempre al local", cuenta el bolichero. Para que nadie dude de lo que afirma, desempolva el "Libro de Oro" del negocio, un verdadero arcón de emociones. Sus páginas contienen ofrendas, hechas de puño y letra por colaboradores notables de la legendaria revista.Los habitués del bar recuerdan un dibujo del gaucho Inodoro Pereyra y su perro Mendieta sobre el enlucido de la morada de Castro Barros al 900, con la expresión característica del "renegau": "¡Qué lo parió!"A Cuello también le dedicaron dibujos y metáforas los pintores Carlos Alonso, Antonio Seguí y Diego Cuquejo, entre otros. "Acá venía seguido un personaje muy talentoso y querido por todos: Sarlanga. Él supo retratarme con un parche en el ojo porque me habían operado de la vista", recuerda, mientras busca el boceto. Se refiere a Eduardo Ruccio, quien a fines de los '70 revolucionara al mundo gráfico local con el diseño del diario Tiempo de Córdoba . De la mano de otro maestro de la creatividad, Miguel "Cachoíto" De Lorenzi (yerno de Santiago Cuello), Sarlanga desembarcó poco después en La Voz del Interior , donde trabajó 20 años. –Los folkloristas iban con frecuencia al bar. –Sí, iban muchos. Horacio Guaraní, casi todos los de la familia santiagueña Carabajal, "el Negro" (Gerardo) López (voz emblema de Los Fronterizos). En una época hice convenio con Radio Nacional y atendía a los artistas que venían al auditorio de la emisora. Por eso pasaron un montón de figuras, como María Elena Walsh, Luis Brandoni, Patricio Contrera, Leonor Manso y otros que no recuerdo ahora.Santiago exhibe en su casa un retrato autografiado del poeta mendocino Armando Tejada Gómez. "Él me escribió y me dedicó una zamba hermosa. Para mí eso fue un honor, un regalo de Dios", celebra. –¿Cuál es el balance de las cuatro décadas del negocio? –Fue el mejor trabajo de mi vida. Me hizo muy feliz y me enseñó a disfrutar de las cosas simples.Santiago descubre en el libro de memorias del boliche la dedicatoria de un amigo entrañable que ya no está. La evocación le humedece los ojos y lo deja por un momento sin palabras.

