Andreea, la rumana que se arraigó en Almafuerte
Se casó con un argentino y se instaló cerca del dique Piedras Moras. Le encanta la unión familiar y el afecto de la gente. Cursa el secundario y fue abanderada.
Almafuerte. Haber sido la abanderada argentina es uno de los logros más importantes que atesora Andreea Asavei (27), la rumana que reside en Almafuerte desde hace cinco años y que sueña con quedarse definitivamente en la Argentina.
Nació en Roman, en la región de Moldavia, al noreste de Rumania. A los 18 años se fue a España, en busca de la independencia económica, y allí conoció al argentino Juan Franco Amoroso (33), oriundo de San Juan, ahora su esposo. Hoy, la pareja vive en Almafuerte, donde un día decidieron acompañar a la abuela de Juan, quien padecía un grave problema de salud.
“Dos años antes, el 18 de octubre de 2008 habíamos llegado a Argentina y vivimos casi dos años en San Juan, donde hay familiares de mi marido”, recuerda, sentada en el departamento que habita con su marido y un pequeño perro caniche, a unas seis cuadras del lago Piedras Moras.
En ese hogar no hay vestigios de la cultura rumana, ni una foto que recuerde su infancia o su adolescencia. “Todas quedaron allá”, justifica.
Detalla que cuando partió de su casa rumana, donde vivía con sus padres y un hermano, se llevó apenas “algo de ropa”. Al poco tiempo conoció a Juan: “A los cuatro meses estábamos viviendo juntos. Luego, la crisis de España nos trajo hacia Argentina. Él me dijo que era lejos, pero no me imaginé que era tan lejos”, rememora entre risas.
Sí, era lejos, en otro continente, pero su adaptación no fue inconveniente. “El único que no se adaptó fue mi cuerpo que todavía pasa mucho calor”.
Cuenta que le llamó la atención la manera en que los argentinos se manifestaban el afecto. “Me sorprendió que él (por Juan) llevaba dos años y medio fuera del país y extrañaba muchísimo a su familia. En mi país no existe esa cercanía, esa unión”, describe.
Justamente, ese afecto de su familia política también la contuvo. “Me adoptaron desde el primer día como parte de la familia, como una nueva hija. Gracias a ellos, no siento la soledad de estar lejos”, cuenta. A diferencia de la suya, la familia política “es enorme”, comenta.
“Cuando los conocí se reunieron unas 60 personas y siempre están con esa unión familiar, los fines de semana se juntan a comer, en la semana toman mates”, cita.
Con el tiempo, al percibir esa buena relación, dice que le “dio ganas de sentir lo mismo, pero con la familia rumana, la propia”. Recuerda sus días en Rumania sellados de “una relación fría”, en que las reuniones sólo se dan para “cumpleaños, casamientos, fiestas de Navidad o Fin de Año y nada más”.
Valora que en Argentina “la gente inicia conversaciones con cariño y afecto, que en muy pocos lados se ve”. Disfruta cada sitio de Argentina y dice que aún “queda mucho por conocer”. “Mi suegra, cada año, me lleva a un lugar distinto de Argentina y siempre queda una belleza por descubrir”.
Para hablar mejor
Una mañana, como si fuera un día más, Andreea Asavei estaba tomando mates, una costumbre criolla que asegura tiene arraigada. De pronto, pasó un vehículo con una propaladora que anunciaba que los adultos podían realizar el primario. No dudó. Ahí nomás siguió el impulso y se fue a anotar al Cenma, la escuela para adultos. En Rumania había los estudios, pero aquí buscaba otra cosa.
“Necesitaba hacer algo en Almafuerte, entonces en 2010 empecé primario de adultos, quería estudiar para hablar mejor. Lo hice en un año, fui abanderada y después comencé el secundario que este año termino porque estoy recursando Matemática, la que más me cuesta. Lo hago para aprender, no por el título”, comenta.
De a poco, pese a su timidez, fue “haciendo conocidos y amigos”. Subraya que algunas veces comió en el comedor Paicor. Y con alegría añade: “Hasta fui Miss Cenma 2010”.
Recuerda que puso mucho empeño y responsabilidad. Así recibió “las medallas de mejor promedio en 2012, con un promedio de 9,50”, según consta en las libretas que muestra con satisfacción.
“Estuve muy orgullosa de llevar la bandera Argentina, la llevé tres años seguidos; en mi país no se lleva la bandera en los actos, no la llevé en mi país y acá sí”, subraya feliz con el resultado.
Su compromiso patrio argentino fue más allá: “Me aprendí el Himno (argentino) y la letra me gustó, dice que el país pasó por muchas cosas que los identifica. Por ahí me quedaba sola cantando, nadie lo cantaba (en los actos)”.
Para Andreea fue muy valioso porque, confiesa, se sintió desde el primer día “como parte de este país”.
El sueño pendiente
Andreea Asavei tiene metas claras y sabe que no quiere estar en otro lugar que no sea Argentina. “Me gustaría volver a Rumania, de visitas, no me veo viviendo allá. No me atrae. Quiero visitar a mi familia, que hace 10 años que no veo y la extraño. Pero me gustaría terminar mis días en Argentina”.
Una década atrás, en España, Andreea trabajaba de moza y limpiaba casas de familia. En la actualidad, vende en forma independiente productos naturales Herbalife y tiene en mente varios proyectos más.
Andreea está convencida de que está en la tierra donde cumplirá sus metas: “Mi sueño sigue siendo ser docente, el mismo que tenía cuando vivía en Rumania. En Argentina lo lograré seguro, los niños son mis favoritos”, destaca, a la vez que cuenta que aún resta cumplimentar algún trámite para obtener la ciudadanía argentina.
El respeto por los muertos
La Pascua. "Allá para Pascua se hacen huevos hervidos y pintados de color rojo, como lo dice mi religión ortodoxa. Para Navidad, niños y adultos disfrazados van casa por casa a cantar determinadas canciones según el día de diciembre, con una bolsa donde recibís dinero".
Los funerales. "Cuando alguien fallece, después del entierro van a la casa para comer y a los 40 días se repite, almuerzo o cena. Los muertos están tres días en la casa, arriba de la mesa, todavía se mantiene esa costumbre. Se lleva a la sala velatoria para el funeral, para enterrarlo. En esos tres días se prepara la comida, cuando se lo entierra se lleva un postre que se llama postre de los muertos, que tiene una forma de cruz, hecha con cacao (...) La noche de Pascua van al cementerio con la vela en la mano, el cura da la misa, se prende una vela y se va pasando y el pueblo queda iluminado de velas".
“Me quedo aquí”
Elección. "Me adapté y elijo el país, si no estuviera con mi marido no me iría, me quedo en Argentina. Es un país muy afectuoso, no sé si lo cambiaría. Siento como que soy argentina. La gente te hace sentir eso. Hay algunos que dicen que vivir fuera es lo peor que le puede pasar a uno, nunca me sentí identificada con ese sentimiento".
Costumbres. "En mi país no usaba ropa de baño. Cuando era chica no se usaba pollera corta, no era bien visto. Hasta los 18 años no se salía sola. Son estrictos con la disciplina. Cuando cumplí 18, me fui de mi casa".
Blog Voces. Más historias de inmigrantes
Escribinos a: [email protected].

