"Amo a los perros al igual que mi papá me quiere a mí"
Priscila Pérez sueña con tener un espacio más grande para albergar animales abandonados. Admite que humaniza demasiado la relación con ellos, pero que no puede quedarse sin hacer nada.
Priscila Pérez (28) hace tres años es voluntaria de Narices Frías, una agrupación proteccionista que recoge perros y gatos en situación de riesgo enfermos, maltratados o que fueron atropellados en la vía pública. La joven, estudiante de Abogacía, comenzó esta tarea en 2010 cuando se conectó con un refugio en Villa Allende. “Fui en 2010, llevé varios colchoncitos para los perros alojados en el refugio Revivir y me traje cuatro cachorros a casa. Los desparasité, los vacuné y luego gestioné hogares provisorios a través de Facebook hasta su adopción definitiva”, relata.
Narices Frías también gestiona hogares provisorios, guarderías y hogares definitivos para perros y gatos abandonados. También les proveen alimentos, atención veterinaria y si es necesario les consiguen un adiestrador para socializarlos. Las propias voluntarias financian esos gastos, con sorteos o aportes personales. “Si tengo dinero, en vez de comprarme zapatillas, lo uso para los gastos de veterinaria y al mes siguiente veo si me las puedo comprar”, señala.
En su casa materna, en San Martín de los Andes, siempre hubo animales: perros, gallinas y liebres. “Mis padres tienen familiares en el campo y es natural para nosotros estar conectados con los animales”, cuenta. Por aquella época Priscila vivía en una casa en barrio Observatorio, cerca de una plaza donde suelen dejar cajas con cachorros. “Y yo pasaba, los veía y no podía no hacer nada. Las levantaba y me las llevaba”, señala.
Cree que el eslabón más débil son los perros viejos y los cachorros. “Son los más vulnerables. Uno viejo es como un anciano y un cachorro, como un bebé. Si están en la calle es nuestra responsabilidad”, advierte.
Su idea es mudarse a una casa con patio grande. “Pero mi papá, José, me dice que es muy inseguro para una mujer vivir sola en una casa. Trato de que entienda que ellos son parte de mi vida. ‘Amo a los perros como vos me querés a mí’, le digo”, cuenta. En esta tarea aprendió a ser más tolerante. “Aprendí a aceptar a otras personas con ideologías diferentes a la mía, con tal que adopte y cuide a un perro”, dice. “Amo tanto a los animales que por ahí humanizo demasiado mi relación con ellos. Me ayudaron a encontrarme a mí misma”, dice.
Solos y abandonados
Narices Frías. Es una agrupación de voluntarios que trabaja en la protección y defensa de perros y gatos en situación de calle. Brinda asistencia, contención y gestiona hogares provisorios en guarderías y casas de familia que acepten adoptar animales enfermos, maltratados o atropellados. Les proveen alimentos y atención veterinaria.
Qué necesitan. Hogares provisorios hasta darlos en adopción definitiva. Alimentos balanceados para cachorros y donaciones para gastos de veterinaria. Más información comunicarse con el teléfono (0351) 153-866919.
Campañas. Hacen cada 15 días campañas de adopción los sábados, de 18 a 21, en el último puesto del Paseo de las Artes.

