Ahora, la lucha por la vida sigue en casa
Luego de casi dos años en Estados Unidos, donde recibieron un implante medular, los hermanos Bustos Fierro volvieron junto con sus padres para continuar el tratamiento en Córdoba.
En la mañana de ayer, el aeropuerto era una fiesta. La ventolera y el mal humor de los taxistas que protestaban en el ingreso contrastaron con el clima que se vivía en el interior.
Un nutrido grupo familiar, donde había desde ancianos hasta niños, portaba carteles de bienvenida a los Bustos Fierro. La ausencia había sido larga y sentida. Muchos temieron no volver a ver a los chicos, severamente afectados por una enfermedad conocida como adrenoleucodistrofia (mirá el Video y la Galería de fotos). Cuando finalmente se corrieron las puertas, dando paso a Javier Bustos Fierro y Cecilia Bursi, junto a Agustín (16), Joaquín (11) y Matías (8), estallaron los aplausos. Su hermana Sofía (14) volvió a mediados del año pasado. A mediados de 2011, los dos primeros recibieron un implante medular en Estados Unidos, y venían resguardados por barbijos azules. El más pequeño traía una gran M recortada en el cuero cabelludo. Las lágrimas surcaron los rostros de propios y extraños, contagiados por la emoción. La magnitud del equipaje daba cuentas de la mudanza que los traía de regreso a casa, tras un año y 10 meses en el exterior. "¡Dios me dio vida para estar acá!", repetía Susana Bustos Fierro, madre y abuela. Era la única persona en silla de ruedas, a causa de una reciente caída. En cambio, a los jovencitos se los veía enteros, a pesar del cansancio por el viaje. "En el aeropuerto de Miami tuvimos que esperar ocho horas …", precisó mamá Cecilia. De allí a Santiago de Chile, y de Santiago a Córdoba. Esto explica la palidez de ambos convalecientes. Agustín sorprendió por su flacura (las últimas fotos lo habían mostrado hinchado por los medicamentos), y una barba tupida y oscura. A Joaquín se lo notaba francamente agotado, y deseoso de tranquilidad. Hoy en día, y gracias a Internet, ya no abundan tales "sorpresas". Si bien están infinitamente agradecidos a la clínica Amplatz de Minneapolis, donde estuvieron internados, y a la casa de Ronald MacDonald que los acogió tras el alta hospitalaria, el retorno se hacía imperioso. "Era muy importante para todos, pero en especial para la recuperación de los chicos", adelantó papá Javier. Tampoco dejó de subrayar que "el pueblo argentino", con su aporte de más de un millón y medio de dólares, hizo posible el viaje y las operaciones. En cuanto a la próxima etapa sanitaria, familiares directos aseguraron que, de aquí en adelante "la atención médica se realizará en el Hospital Privado, en cooperación con el Amplatz". Sin embargo, el director de dicha institución, doctor Ricardo Pieckenstainer, sostuvo que aún no se había producido ningún acercamiento. Ayer, los chicos querían hablar de cualquier cosa, menos de enfermedades. No veían la hora de reinstalarse en el sencillo hogar de Smata II, donde podrán ser visitados por sus compañeros de vida y colegio. Con cuidado, pero podrán. El asado, el fútbol y los amigos, en ese o cualquier orden, son la aspiración primordial.
Puntos de vista
Sofía, hermana. "Me tuve que volver a mediados del año pasado, para rendir libre segundo año en el Monserrat. Por suerte, aprobé todo".
Cecilia Bursi, madre de los niños. "Pasamos momentos muy feos, porque las recaídas eran constantes. Hasta que nos dijimos: 'Tenemos que aprender a soportar'".
Alejandro, padrino. "Aunque nunca perdí la confianza, parecía que este día no iba a llegar nunca. Los padres y los chicos son una lección de vida".

