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"A veces siento impotencia, es un camino de rosas y espinas"

Mónica Quintana es coordinadora del Proyecto "Regalame una sonrisa" de la Parroquia Don Bosco. Se encuentra con casos de maltrato y abuso. Sumó también a su familia.

10 de diciembre de 2012 a las 12:01 a. m.
Rosana Guerra (Especial)
"A veces siento impotencia, es un camino de rosas y espinas"
Entrega. Mónica comparte con los chicos de la Villa El Tropezón clases de manualidades y pintura (Ramiro Pereyra/La Voz).

“Antes le preguntaba a Dios, por qué me había dado sólo dos hijos si yo quería tener más. Pero después, cuando comencé este voluntariado, me di cuenta de que todos estos chicos son como los hijos que me hubiera gustado tener”, confiesa Mónica Quintana, voluntaria del Proyecto “Regalame una sonrisa” que asiste y contiene a niños en situación de riesgo social que viven en Villa El Tropezón.

Su primera experiencia de voluntariado fue hace 14 años en el hogar Padre Luchesse en Villa Allende, cuando cuidaba a niños judicializados.

“Siempre tuve una sensibilidad particular con ellos. En aquel momento mis hijos eran pequeños, se pusieron celosos y sentí que no era mi tiempo y que tenía que esperar porque primero estaba mi familia”, relata. Es mamá de Josefina –hoy de 21– y Nicolás, de 23.

Pero el tiempo pasó y cuando su hija tenía 10 años ya no pudo contener su anhelo y un día fue a la misa de la Parroquia Don Bosco, en la avenida Colón al 6500, y escuchó que el padre Walter Mansilla estaba buscando voluntarios.

“En 2002 comencé dando baile para las nenas porque soy profesora de gimnasia y después di catequesis, manualidades y pintura”, relata.

Cuando llegó el padre David Troitiño en 2006, se interesó por el proyecto y le dijo que había que difundirlo para que tuviera más impacto. “En esa época agregamos apoyo escolar durante la mañana y ahí comenzó la idea de crear la Fundación Regalame una sonrisa. Me produce mucha alegría darme cuenta de que los chicos sienten que están en su casa”, señala.

Experiencias duras. Advierte que en su tarea de voluntariado también atravesó situaciones angustiantes y que el padre Troitiño la contuvo siempre. Uno de los casos que más la movilizó fue cuando a una nena de 11 años su madre la mandaba a vender droga y el hombre que le vendía abusaba de ella.

“Venía a la capilla marcada, golpeada, con la mirada perdida… Hicimos denuncias, fue a parar a un Instituto, después quedó embarazada a los 15 años y se fue de Córdoba. Sentía mucha impotencia. Esta tarea es un camino de rosas y espinas”, reconoce. Tiempo después llegó a la parroquia el padre Javier Bonechi, en quien Mónica reconoce otro pilar para afrontar situaciones complicadas.

“El dolor más grande para mí es ver a niños maltratados”, dice. No obstante, también ­confiesa que es una persona de mucha fe y que convivir con esas realidades la hizo crecer espi­ritualmente.

“Este trabajo me da mucha alegría y estoy muy agradecida”, reconoce esta mujer ama de casa que vive en Valle Escondido y dedica unas 20 horas semanales al voluntariado.

Su espíritu solidario contagió a sus afectos más cercanos. Su esposo Leopoldo y sus hijos se sumaron y coordinan el taller de fútbol y hasta una amiga, también se comprometió en el proyecto.

“Mi amiga, Mónica del Guste, se enteró del proyecto y se sumó a trabajar conmigo. Empezó con un taller de cocina y las chicas no sólo encontraron un lugar divertido y un oficio como salida laboral sino una gran madre que las contiene”, dice orgullosa.

Regalame una sonrisa

Qué es. El proyecto " Regalame una sonrisa " de la Parroquia Don Bosco asiste a 60 niños y jóvenes entre 8 y 16 años que viven en Villa El Tropezón, con la colaboración de 20 voluntarios.

Qué hacen. Brindan talleres de apoyo escolar y computación. También hay una escuela de deportes de fútbol, jockey, taller de manualidades, cocina, costura, clases de baile, música con instrumentos y catequesis. Periódicamente realizan paseos formativos y recreativos. En el equipo de voluntarios hay psicólogas, psicopedagogas, abogadas y asistentes sociales. Las madres de los chicos tienen un espacio de contención, catequesis y talleres.

Qué necesitan. Mantas, frazadas, acolchados y caloventores (en invierno) y zapatillas de número 30 a 40 durante todo el año. También necesitan voluntarios para los talleres, profesionales o no, para ejecutar distintas tareas operativas.

Contacto. Más información comunicarse con los teléfonos (0351) 484-3408 y 152-382843.