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Burak salió de Turquía para conocer otras culturas

Ors llegó a Córdoba hace un año y medio para presidir el Centro de Diálogo, una organización sin fines de lucro que promueve el diálogo interreligioso e intercultural. Dice que las novelas turcas muestran la vida de la elite y algunas costumbres. Asegura que viajar abre la mente y que los cordobeses son "muy cálidos".

30 de diciembre de 2015 a las 12:12 a. m.
Burak salió de Turquía para conocer otras culturas

“Si uno siempre se queda en su pueblo, la mente está cerrada. Pero si vas a otros lugares es mejor, se abre. Eso me ayudó mucho. También el conocimiento de otros idiomas. Yo hablo inglés y español. Tengo que aprender portugués e italiano por mi carrera, es obligatorio. En Turquía hay un dicho: ‘Un idioma es una persona. Dos idiomas dos personas’. Cuando aprendés más idiomas, también conocés culturas y cómo vive esa sociedad”.

Burak Ors (29) salió de Turquía, su país natal, hace varios años, pero llegó a Córdoba dos años y medio atrás, cuando fue designado para presidir el Centro de Diálogo, el nombre reducido de la Fundación para la Educación y el Diálogo, una organización sin fines de lucro, que surgió en Turquía y se expandió a distintas partes del mundo.

Burak nació en Eskişehir (en español “ciudad antigua”), ubicada entre Estambul y Ankara. “Se dice ciudad antigua porque se fundó 10 mil años antes de Jesucristo, los frigios la fundaron. Tiene 700 mil habitantes”, cuenta, en la sede de la Fundación, en pleno corazón de Nueva Córdoba.

Vivió allí hasta los 18 años, cuando que se trasladó a Bursa, la cuarta ciudad más grande de Turquía y la que fuera la segunda capital del imperio otomano, para estudiar ingeniería electrónica. “Hay un examen muy difícil para ingresar a las universidades. Allá se paga muy poco en las universidades públicas, que apoyan con una beca para el alojamiento. Las privadas son más caras que acá. En Argentina hay estudiantes que estudian y trabajan. En Turquía, no”, refiere.

Estudió en la universidad Uludag (que lleva el nombre de una montaña), en Bursa, una ciudad turística. “Cuando te vas a otras ciudades o países, hay otros tipos de dificultades. Tenés que aguantar, un poco te quedás solo. Está bueno para tener experiencias. Me ayudó mucho”, opina.

Actualmente, Ors cursa un doctorado en Sociología en el Centro de Estudios Avanzados (CEA) en la Universidad Nacional de Córdoba (UNC), con especialidad en estudios sociales de América latina. “Ingeniería tal vez haya sido una mala elección, porque yo siempre tuve interés por el arte, la historia, las ciencias sociales. Mi hermano también es ingeniero electrónico, tal vez él me influyó”, subraya.

Ors asegura que en Turquía las ciencias sociales no gozan de buena fama. Las familias creen que, luego, será difícil encontrar trabajo. “Por eso hay que estudiar medicina, ingeniería...”, remarca.

Novelas y realidad

“El occidente de Turquía se parece más a Europa. La parte dónde yo vivía era más europea”, dice Ors. Luego explica que las costumbres cambian de manera notable de Estambul a Ankara y de Ankara a Esmirna.

"En las novelas turcas se muestra un poco la clase alta, la elite de Estambul. Se muestran costumbres también. Burjan (uno de los personajes de Las mil y una noches) muestra que no se ingresa a las casas con zapatos, es tradición. En el interior del país, según las regiones, hay diferentes costumbres", precisa.

Burak asegura que siempre quiso viajar a otros países, ver culturas nuevas, intercambiar con personas de otras religiones y costumbres. Eso lo motivó a viajar, a conocer el mundo. Su primer destino fue Estados Unidos.

Antes de llegar a la Argentina, Ors fue profesor de Física en colegios secundarios norteamericanos. Trabajó en Texas durante un año y medio. Allí aprendió el español hasta que volvió a su país.

De regreso en Turquía, conoció la organización no gubernamental de Fethullah Gülen, un intelectual, teólogo y erúdito del Islam, que se expandió por el mundo. “La gente empezó a fundar este tipo de organizaciones, que predica, especialmente, sobre educación, el diálogo cultural e interreligioso y la ayuda social. Se construyeron 1.300 colegios y 30 universidades en varios países. Yo conocía bastante esta organización, me gustaba mucho esta obra”, asegura Burak.

Las escuelas son laicas, aunque en los miembros de la Fundación responden al Islam. “La organización se sostiene con voluntarios y donaciones de hombres de negocios. Ellos construyeron escuelas, universidades, algunos son bastante ricos, otros tienen negocios pequeños, pero igual dan caridad para apoyar a estudiantes”, plantea Ors.

Paisaje y parrilla

Desde Texas. Ors regresó a Turquía para visitar a su familia y, en febrero de 2012, se mudó a Buenos Aires para trabajar con esta ONG que promueve el intercambio cultural. A Córdoba se trasladó un año después.

“Me quedaba en un departamento pequeño en calle Ituzaingó, que tiene una sola habitación, con cocina y baño, con un amigo del trabajo en Buenos Aires. Llegué para buscar un lugar dónde alquilar, para fundar acá un Centro de Diálogo. Me quedé ahí cinco meses”, relata.

El año pasado, desde la organización alquilaron y restauraron una bella casona en calle Crisol, a pocos metros de la Plaza España.

“En Buenos Aires conocí la cultura argentina. De Córdoba me gustó el paisaje. En mi ciudad también hay mucha naturaleza y pasa el río. Me gustó más Córdoba. No me gustan tanto las ciudades cosmopolitas. Para pasear está bien pero no para vivir”, opina.

Los fines de semana, recorre las Sierras con amigos y estudiantes extranjeros (actualmente hay panameños y turcos que cursan carreras de grado en la Universidad) que residen en el Centro de Diálogo. “En Turquía también hay cultura de parrilla. Cada fin de semana, sí o sí hacen parrilla. Generalmente, carne de ovejas. No hay tanta carne de vaca. Acá es muy rico”, subraya.

Civilizaciones y diversidad 

Burak piensa en quedarse en Córdoba. “Me siento como un viajero. Hace cinco años que estoy afuera”, dice. Y agrega: “Extraño mi familia. Mi madre. Sí o sí, se extraña. Si pasa algo, se preocupan”, subraya.

Cuando llegó a la Argentina, tardó tres años en volver a visitar a los suyos. “Extraño la comida también. Acá es muy rico. Pero yo creo que en Turquía hay mucha más diversidad”, sostiene.

Ors asegura que argentinos y turcos son bastante parecidos porque, dice, “la gente es muy cálida”. “Es fácil hacer amistad, ir a sus hogares a tomar algo, invitar. No es tan cerrada la gente. Hay relación entre los vecinos. Hay confianza”, opina.

Y remarca: “Acá, en Argentina, hay mucha diversidad porque tuvo inmigrantes de muchos pueblos. En ese sentido, similar a Turquía. Porque Turquía es cuna de civilizaciones. Me gusta mucho esa diversidad, las diferentes culturas”.

El Isis

Cuando se le pregunta sobre el Estado Islámico (Isis, por sus siglas en inglés), Burak Ors responde que los miembros del Isis –que están sembrando el terror en Medio Oriente y Europa- forman parte de un “Estado terrorista”.

“Ellos no actúan como musulmanes. Están usando el nombre de la religión para sus intereses. Especialmente para la política. Ellos, más que otros, matan a musulmanes también. Usan el nombre de la religión pero matan a musulmanes. Hay muchos intereses económicos, petróleo, control de recursos”, explica. Y agrega: “El mundo necesita dialogar para que no surjan conflictos entre los pueblos”.

Un lugar de encuentro

El Centro de Diálogo realiza charlas, conferencias, almuerzos y cenas con académicos, referentes de distintas religiones, comerciantes, políticos, universidades. Funciona en una bella casona de Nueva Córdoba que, este año, abrió sus puertas en la Noche de los Museos.

“Repartimos ayuda social en barrios humildes, porque tenemos la fiesta de sacrificio. En esos tiempos repartimos ayuda social, carne en barrios humildes. En Turquía, nuestra religión envía mucha donación; es obligación enviar para los necesitados, para los vecinos y para los amigos también”, cuenta.

Los Centros de Diálogo, explica Ors, nacieron para enfrentar algunas necesidades: desunión, pobreza e ignorancia. Para mejorar la educación se abrieron colegios laicos y para promover la unión, se generaron espacios de encuentro.

“Si no se dialoga se producen prejuicios. Estas instituciones los eliminan. Por eso en Turquía fue un éxito. En Turquía pasaron muchas civilizaciones. Hay 33 idiomas. Hay un idioma oficial, pero hay dialectos. Hay que respetar los diferentes pensamientos, sin pelear, sin insultar, hay que sentarse a dialogar y ver qué se puede hacer”, resume.

Cursos. En el Centro de Diálogo se ofrecen cursos de idioma, cocina y arte turco. Informes: Crisol 384, teléfono: (351) 460-6308, e-mail: [email protected], Twitter:@Centrosdialogo o Facebook: /centrosdialogo.

Colaboración: Verónica Sudar, de la Unión de Colectividades de Inmigrantes de Córdoba (Ucic).