¿De qué calibre son las balas?
Los cruces entre funcionarios judiciales nacionales y provinciales son absolutamente desmesurados y ponen al ciudadano en una situación de indefensión casi sin precedentes.
Dejemos de lado por un instante la gravedad de las causas que se investigan en la Justicia. Dejemos de lado los protagonistas de las causas más resonantes y el impacto político que pueden llegar a tener. Dejemos de lado quén es quién en cada una de las historias que se tejen en torno a los expedientes que se apilan en los juzgados y en las fiscalías nacionales y provinciales.
Dejando de lado todo, pero todo eso, hay elementos que resultan inadmisibles. La referencia es al cruce irracional y alocado entre magistrados de la Justicia Nacional y de la Justicia provincial. En el medio, quedan todos sospechados.
Están tirando balas de grueso calibre con total impunidad. Parece que nada ni nadie los puede detener y que no existen los límites.
De esto, surge un punto para analizar: ¿Qué garantía tiene un ciudadano cuándo va a la Justicia a resolver un conflicto?
¿Puede creer en las personas que deben acusar, defender e impartir Justicia en nombre del pueblo?
Las militancias no son buenas compañeras de ruta en este tipo de situaciones y la independencia de criterio queda absolutamente deshilachada frente a tamañas muestras de falta de mesura y decoro, dos requisitos indispensables para quienes integran el Poder Judicial, más allá de las jurisdicciones territoriales.

