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El hombre de las nieves

Manuel Belviso, agencia de esquí y rafting. Empieza su 18ª temporada llevando a esquiadores a Las Leñas. Él asegura que lo suyo no es un negocio sino un estilo de vida.

20 de junio de 2010 a las 12:01 a. m.
El hombre  de las nieves

Claramente, Belviso Viajes no está entre las grandes agencias de turismo, todo lo contrario. Sin embargo ocupa un espacio puntual que cuenta con una legión de seguidores: lleva gente a la nieve de Las Leñas o a las agitadas aguas del rafting mendocino. Según datos del mercado, por el centro de esquí -cuya temporada abre hoy- pasan unos 300 mil turistas del país y extranjeros, en particular brasileños, en cuatro meses.

Manuel Belviso ocupa una pequeña parte de ese mercado, pero su experiencia personal igualmente sirve para conocer ese negocio. "Antes que nada quiero decirle que yo no tengo un comercio, esto es un estilo de vida. A mi empresa la cuido porque lleva mi apellido al frente, pero no voy detrás del dinero jamás. Siempre fui así, a los 10 años cambié dos bicicletas por una moto, y de ahí en más hice lo que fuera necesario para vivir a mi modo (ríe). Nunca me fue mal".

-¿Formado en la universidad de la calle?

-De abajo, absolutamente. Mi papá es un trabajador ferroviario. Yo vine de Villa Mercedes, San Luis, a los 18 años a estudiar abogacía.

-Como tantos estudiantes que llegan a esta maravillosa ciudad que nos recibe a todos.

-Exactamente así. Hace casi 30 años que estoy y que funciono en los 50 metros alrededor de las calles Tucumán y Dean Funes. Tuve bares, quioscos, pizzerías, vendí plantas, crié pollos, hasta que entré en esta actividad que me encanta.

-Una especie de bicho del centro de la ciudad.

-Nunca me moví de acá. Tuve una casa de electrónica y ya llevamos ocho en la Galería Vía Nueva.

-¿En qué momento empezó a llevar gente a la nieve?

-Siempre he sido muy deportista, he jugado al tenis, al paddle y al básquet. 18 años atrás con un par de amigos que estábamos en esas cosas nos decidimos a ir a esquiar.

-Otro deporte intenso.

-Aparte tenía un amigazo en Río Negro que esquiaba muy bien. En un momento estábamos por ir pero el viaje a Las Leñas se suspendió. Entonces yo les dije: pago un colectivo y vamos. Fuimos y pasamos cuatro días estupendos. De ahí en más encontré a un amigo que tenía una agencia de viajes y le pedí alguna idea para meterme de cabeza en esto.

-Recuerda aquel día en que conoció la nieve.

-Sí, sí... fuimos en una Traffic. Éramos siete amigos. Ese fue el punto de inicio. Yo seguía en el negocio de electrónica con mi hermano pero fui armando los viajes. Contraté a ese amigo de General Roca que es un gran esquiador, reservamos los hoteles y salimos. El primer año llevamos cuatro o cinco colectivos...

-El entusiasmo es clave para arrancar con un proyecto.

-Fíjese que como tenía una cierta facilidad para juntar gente con ganas de pasear y divertirse, al segundo verano que estaba en esto me dijeron que tenía que armar un viaje para hacer rafting en Mendoza. Me habían prometido que allá podíamos contar con alojamiento y alguna infraestructura. !Cuándo llegamos no había nada!

-La típica del que vende lo que no tiene.

-Había sólo unas carpas, nos alojamos en el Automóvil Club y terminó saliendo un viaje espectacular de rafting. De ahí en más empecé a hacerlos todos los veranos. Les exigía a los mendocinos que mejoraran sus servicios, pero no me fue bien, así que apunté a buscar otro tipo de plataforma receptiva que por suerte nueve años después conseguimos.

-Es decir, sus dos principales "estilos de vida", para no decir negocios, son el esquí y el rafting.

-Sí, a los otros viajes los tenemos porque algunos clientes lo piden, pero la actividad está centrada en esas cosas. Por ejemplo, a Estados Unidos fuimos siete veces entre el \'90 y el 2000, con el dólar barato, a llevar gente a Aspen o a Canadá.

-¿Conoce muchas pistas?

-Serán 30 ó 40 centros de esquí a los que he ido.

-¿Y en Las Leñas todos los años se pone los esquís o sólo acompaña al contingente?

-Esquío, me mantengo en forma. Con los legendarios de la pista nos vamos a 15 ó 20 kilómetros y le damos.

-De esas dos actividades, ¿cuál es la más redituable? ¿La nieve?

-No, para mí es el rafting porque yo lo disfruto más. No es tan especulativo como la nieve, donde hay que ver si hay mucha o poca. El 25 de mayo fuimos con un montón de gente y todos volvieron felices porque el clima de Potrerillo es espectacular. Además opero desde una buena plataforma sobre el río.

Pura especulación

-¿Cuándo comienza y termina la temporada de nieve?

-Arranca este domingo (hoy) y termina el 12 de octubre. Y si no hay nieve la cierran el 23 de ese mes. La nieve es toda especulativa, hay que ver si hay o no y en función de eso se mueven un montón de variables.

-Claro, dependen del que manda allá arriba.

-En cambio el rafting es diferente. El caudal del río, por menos que traiga, siempre alcanza para practicarlo. Además es muy divertido para la gente, tengo trekking, rappel, tirolesa, cancha de bochas, fogón, música. Y la base está enclavada en el mejor curso de agua, donde se hace el campeonato panamericano.

-¿Cómo es la infraestructura que usted usa en Potrerillo?

-Ese fue todo un tema. Estuve nueve años luchando con los proveedores. Les pedía vasos de vidrio, me ponían de plástico. Si yo tomo en vaso de vidrio, mi pasajero también.

-A mí no me de vino en un vaso plástico porque se lo tiro por la cabeza.

-Exacto, no se puede escatimar en esas cosas. Además la comida es muy buena. La base cuenta con dos pabellones con 50 camas para mujeres y 50 para hombres que forman parte de un acuerdo con el Ejército de la Cordillera.

-¿Sus clientes son todos veinteañeros?

-En rafting el grueso está entre los 18 y los 40 años. También van muchos padres y madres con sus chicos. A mí me gusta que haya poco alcohol, mucha diversión y sobre todo muchísimo deporte y actividad física, para lo cual tengo profesores y auxiliares contratados ahí.

-¿Y en la nieve cómo es la cosa?

-El grueso de la temporada son casi todos hombres de entre 20 y 50 años que van a esquiar. En julio se agregan las familias, con chicos que van de 12 a 18 años que aprovechan las vacaciones para la escapada.

-¿En Las Leñas usted posee una infraestructura propia?

-!No, ni la quiero tener! No tiene sentido. Los colectivos, coche cama de primer nivel, son rentados. Cuestan 12 mil a 13 mil pesos. Y los hoteles o los departamentos, que valen 70 mil u 80 mil dólares, también. A mí me gusta viajar y tener cero problema, igual que mis pasajeros.

-¿Usted va en todos los viajes?

-A todos. Hace 18 años que voy a todos. Voy los viernes y vuelvo el miércoles. Estoy en Córdoba el jueves y el viernes salgo de nuevo. Son tres meses, además mejoran mi matrimonio porque no estoy en casa (risas).

-¿Cuál es la clave de su negocio? ¿Comprar bien?

-No, no. La constancia y la continuidad son las claves. Si usted quiere ir por su cuenta a las Leñas, tiene que llamar para reservar alojamiento. Le van a pedir que les mande una reserva de dinero. A nosotros ya no nos piden nada. Hablo, necesito tantos departamentos, llego y ahí están. Punto.

-¿Cómo es la relación con el cliente de la nieve que, se me hace, debe ser jodido y exigente?

-Desde que nació Internet se solucionó un montón la relación con el cliente. En otras épocas uno viajaba y allá se enteraba si había o no había nieve. Ahora el complejo cuenta con una cámara en vivo en la web. Y con los datos actualizados en diferentes horarios sobre la cantidad de nieve acumulada en la base, en el medio y en la cumbre.

-Eso ayuda.

-Entonces el pasajero sabe si va a poder esquiar y después no viene a decirme que le sobraron pases, o le faltaron días, etcétera. Si es un poquito vivo nadie lo puede embromar.

-¿Cuánta gente lleva todos los años a ese centro de esquí?

-Depende justamente de la cantidad de nieve que haya. Aspiramos a unos 1.800, podemos llegar o quedar abajo. Hay que ver cómo viene la temporada porque no existen parámetros fijos cuando uno comparte el negocio con el estado del tiempo. Si la temporada es más larga o más corta también incide.

-¿Cuánto puede gastar un esquiador en cuatro días?

-Contando el viaje, la estadía y su alimentación, que va por su cuenta, unos tres mil pesos. Los esquiadores profesionales se llevan provisiones y bajan costos.