Desidia y transgresión
Tal vez si se dejase de hablar de accidentes viales comenzarían a percibirse con nitidez las causas de los terribles tributos de dolor y muerte que imponen la irracionalidad y la desidia.
El Diccionario de la Real Academia Española define al accidente como "suceso eventual que altera el orden regular de las cosas", y también como "suceso eventual o acción de que involuntariamente resulta daño para las personas o las cosas". Las diarias tragedias que se producen en las calles y las rutas de nuestro país no son ni accidentes ni eventualidades. Los fatales percances son causados por irresponsabilidad, desidia, cultura de la transgresión, ausencia de una política de Estado y absoluto desentendimiento de los partidos políticos. En las elecciones alemanas, por ejemplo, un capítulo entero de las plataformas que se proponen al ciudadano está dedicado a políticas de seguridad vial, aunque los alemanes hayan alcanzado una eficiencia excepcional en la materia. La Unión Europea está eliminando los pasos ferroviarios a nivel, que aquí son verdaderas trampas mortales. No por casualidad, el 90 por ciento de los accidentes de tránsito en la Argentina es atribuido al factor humano; el resto es una pequeña incidencia del azar. Hablar de accidente de tránsito es un eufemismo que impide asumir con sinceridad la terrible realidad. Ningún país, aunque esté superpoblado por suicidas potenciales, diseña rutas aptas para la tragedia. La orografía suele imponer caminos de cornisas, variadas altimetrías, curvas y contracurvas, pero son problemas perfectamente superables con una conducción racional. Los 15 muertos registrados en la medianoche del domingo en el kilómetro 875 de la ruta nacional 11, provincia de Santa Fe, no fueron la dolorosa vendimia de un accidente. El acoplado que quedó cruzado en la carpeta asfáltica, cargado de caña de azúcar, carecía de luces y de bandas reflectantes, es decir, era una muralla en sombras contra la cual se estrelló el vehículo que transportaba a una veintena de personas. La sobrecarga de pasajeros destruye la relación peso-potencia, sobre cuyo cálculo se diseña el vehículo, altera sus condiciones de maniobrabilidad y disminuye la capacidad de corrección ante una emergencia.Súmese a ello que la circulación nocturna de camiones y acoplados "cañeros" está prohibida por razones de seguridad, aunque Santa Fe sea una de las provincias llamadas grandes que aún no ha adherido a la Ley Nacional de Tránsito, y se advertirá que no queda margen para seguir hablando de accidente. A esta altura de la irracionalidad y la agresividad generalizadas en el tránsito, podría decirse que lo único accidental sería la rara obediencia a lo que se manda en orden a la seguridad vial.En nuestro país no existen los accidentes de tránsito; existen culturas de la desidia y la irracionalidad, que se cultivan con una pasión que se desentiende del doloroso tributo que imponen.

