¿Por qué tenemos inflación?
Nuestra inflación no es de origen monetario. La expansión monetaria se ha adaptado al proceso, lo ha convalidado, pero no lo ha generado. Javier González Fraga.
Al Gobierno no le gusta hablar de la inflación porque, según sus estadísticas, no llega al 10 por ciento. Y prefiere no mencionar el tema para no hacer ridículos. Pero, de una manera indirecta, le hace decir a sus voceros, ministros y comentaristas oficiales, que la inflación es el precio que hay que pagar para seguir creciendo. Este argumento no resiste mucho análisis, porque la región y el mundo están llenos de países que crecen al mismo ritmo que nosotros y con inflaciones que raramente superan el seis por ciento anual. Por ejemplo, Perú creció más que nosotros en estos últimos ocho años, con una inflación menor al 4,5 por ciento. Lo mismo se puede decir de Chile, Brasil y muchos otros países. La di-ferencia entre tener un seis de inflación como mucho, y otra del 25 por ciento, es sumamente importante, por varias razones: La inflación es una fábrica de pobres, ya que son quienes no pueden defenderse, especialmente los jubilados, los empleados "en negro", y los de-socupados. Los obreros sindicalizados y los que cobran honorarios, pueden ajustar sus ingresos más fácilmente. La inflación es una fuentede conflictos, especialmente cuando no hay información oficial confiable, y circulan varias "sensaciones" que provocan reclamos, muchas veces justos, y a veces, exagerados. Estos conflictos crean incomodidades al ciudadano común, como vimos estos días en Ezeiza y Aeroparque, pero también pérdidas de productividad a las empresas que se traducen, tarde o temprano, en menos salarios o empleo. La inflación en niveles como los nuestros es altamente inestable e impredecible. Actualmente es del 25 por ciento, pero puede ser del 40 por ciento el año próximo, si se desbordan ciertos reclamos. Esto atenta contra la planificación, y por lo tanto, contra la inversión de las empresas más serias. Y nuevamente, menos inversión es menos salarios y empleo. Es cierto que hay "dispersión de precios", como dice la presidenta Cristina Fernández, pero eso es siempre la consecuencia de la inflación. Una inflación del 25 por ciento también es una fuente de injustas distribuciones de ingresos y costos. Notodos losprecios suben igual, ni todos los costos. Tampoco todos los obreros consiguen los mismos incrementos. Tampoco es fácil la comparación de precios, como sugiere el Ministro Boudou, ya que llevaría muchísimo tiempo si hay que hacerlo permanentemente. Una inflación muy baja genera mercados mucho más eficientes y transparentes, y no hace falta caminar tanto.Todos estos inconvenientes sufrimos los argentinos porque nuestro Gobierno no sabe o no quiere controlar la inflación, como lo han logrado la mayoría de los países emergentes del mundo, que también crecen por el contexto internación tan favorable. En breve, solamente lograremos que el beneficio de un crecimiento económico importante se reparta equitativamente entre todos los sectores, si controlamos la inflación.Pero para ello hay que conocer las causas. ¿De dónde viene?. Nuestra inflación no es de origen monetario, por lo menos significativamente. La expansión monetaria se ha adaptado a un proceso inflacionario. Lo ha convalidado, pero no lo ha gestado. Esto es importante entenderlo para evitar caer en soluciones que pueden ser peores que la enfermedad. ¿Qué hubiera pasado si la autoridad monetaria no la hubiera convalidado? Si el Banco Central (BCRA) hubiera absorbido la expansión monetaria generada por el superávit comercial, y el déficit fiscal, hubieran subido drásticamente las tasas de interés, generándose los ciclos que tantas otras veces vimos en las últimas décadas en la Argentina, y que incluyen: Un primer período de especulación, donde entran muchos dólares para aprovechar las altas tasas de interés pagadas en pesos, agravando el problema de expansión monetaria. Seguida por un problema de calidad de carteras de préstamos y rumores de quebrantos, primero de empresas y luego de bancos, lo que obligaría al BCRA a asistir con redescuentos a las entidades financieras, agravando nuevamente el problema monetario. Por la recesión y corridas generadas, termina toda esa expansión monetaria que lucró con las altas tasas, refugiándose en el dólar, provocando una maxidevaluación de la moneda. Las lecciones del pasado, en países de baja profundidad financiera como es Argentina, demuestran que la autoridad monetaria no puede corregir los excesos fiscales. Y nuestra inflación tiene causas fiscales, de manejo de oferta, de errores como lo del Indec, y de falta de inversión. Veamos con más detalle: Una parte del exceso dedemanda, que siempre hay en todo proceso inflacionario, tiene que ver con el crecimiento del gasto público, que ha sido excepcional en los últimos ocho años, pasando del 22 al 31 por ciento del PBI. Y no se trata, precisamente, de asistencia social, que sólo aumentó en el último año. El problema principal está en los subsidios que hoy benefician a sectores de clases altas y medias altas, principalmente porteños, a través de costos de electricidad residencial, gas natural y transporte fuertemente subsidiados. Otra parte de nuestra inflación se explica por los manejos de la Oncca y de la Secretaría de Comercio, que generaron destrucción del stock ganadero y lechero desde el año 2006, y en 2010 se sufrieron las consecuencias, con fuertes incrementos en lácteos y carnes. Adicionalmente, la política económica reciente es másexitosa estimulando el consumo que la inversión, con lo que los empresarios terminan prefiriendo incrementar precios que la producción. Finalmente, un rol no menor en el proceso inflacionario lo ha tenido el desmanejo del Indec. La ausencia de una medida creíble de inflación ha permitido una "anarquía de expectativas" que ha alimentado el proceso de incrementos de precios y salarios, agravando la situación. Consecuentemente, se puede controlar la inflación gradualmente sin enfriar la economía. Pero es necesario actuarsobre estas causas de política económica, y volver a estimular la producción y la inversión reproductiva.

