Que las bolitas de Nesquik sirvan para discutir
¿Está bien o está mal que un país como Argentina, con capacidad para alimentar a 400 millones de personas, importe alimentos? Laura González.
¿Está bien o está mal que un país como Argentina, con capacidad para alimentar a 400 millones de personas, importe alimentos? ¿Se vulnera mucho la soberanía alimentaria si comemos jamón español? ¿Pero si desayunamos con las bolitas de cereal integral de Nesquik, que se hacen en Chile? ¿Importamos como en los '90 y le quitamos actividad a la industria local? ¿O protegemos la industria local, aun a costa de que el consumidor tenga que pagar más?El fenómeno es complejo. En mayo pasado, el Gobierno aplicó una fuerte traba a la importación de alimentos porque necesitaba frenar la salida de dólares, problema grave en 2008 y 2009. Hoy la situación es diferente. Los dólares abundan por la cosecha, la gente que tiene plata no la saca de los bancos y un dólar anclado en cuatro pesos hace meses no le interesa a nadie. De hecho, el Banco Central compró en el año más de 10 mil millones para sostener el dólar en cuatro. Si no, hubiera bajado.Argentina exporta alimentos procesados por 12 mil millones de dólares e importa por 900 millones. Importar un poco más de comida no cambiaría la ecuación.Pero hay dos cuestiones: qué se importa y por qué. Una cosa es tener en las góndolas pasta seca italiana, aceite de oliva español, chocolate suizo, jamón español o prosciutto italiano. Son delicatessen que no mueven la balanza, no pasan del uno por ciento de las ventas de un súper. Otra cosa es importar el cereal procesado de Chile o de Brasil, la carne de Uruguay o el cerdo de Brasil. La importación de alimentos en los que Argentina tiene el potencial de ser líder indiscutible se explica porque la falta de inversión privada en esos sectores y, a los fines de moderar, viene bien ampliar la oferta. Pero también por un Estado que no ha tenido –o ha destruido incluso– una política clara para hacer que produzcamos mucho más de lo que nos comemos.

