¿Más salario garantiza mejor educación?
Se necesita promover el debate de la calidad educativa. Alejandra Torres.
Nuevamente el inicio del ciclo escolar es postergado por un paro docente. Esto sucede aun cuando los educadores perciben una remuneración superior al resto de los trabajadores. Según datos del Ministerio de Educación de la Nación, a fines de 2011 un maestro de grado con 10 años de antigüedad tenía como remuneración bruta 4.392 pesos mensuales y una directora de secundaria de 1° categoría 6.432 pesos.
En la misma época un trabajador asalariado registrado en el sector privado en Córdoba ganaba en promedio 4.496 pesos. Además de la remuneración, hay diferencias en las condiciones laborales, como la jornada, las licencias y la estabilidad laboral.
Está muy bien que un docente gane más que un trabajador promedio. Esta es la manera de reconocer el rol estratégico de la educación. No es casualidad que en los países desarrollados los docentes aparezcan en los estratos superiores de la distribución de remuneraciones. El problema es que este esfuerzo que hace la comunidad no se condice con los resultados. Las evaluaciones educativas internacionales señalan que Argentina califica muy mal. Las evaluaciones nacionales, también.
En un notable esfuerzo técnico y logístico, la Nación, con colaboración de las provincias, realizó el ONE (Operativo Nacional de Evaluación) en el año 2010 para evaluar a 280 mil estudiantes en 7.300 escuelas de todo el país.
Si bien la información desagregada por provincias no se difunde, tomando datos de la región centro aparece que en 2010 el 22,7 por ciento de los egresados de la secundaria tuvo un desempeño caratulado como “bajo” en lengua, cuando en 2007 eran el 18,9 por ciento. Esto va en la tónica nacional donde entre los años 2007 y 2011 el nivel “bajo” pasó del 21,2 al 26,3 por ciento.
Más allá de que ambas evaluaciones no sean plenamente comparables, y que toda comparación es parcial y tiene limitaciones, es visible el fracaso. Es decir, pueden existir controversias en torno a la intensidad del fracaso, pero no a su existencia. Muchos factores explican estos pobres resultados, pero uno muy importante es el esquema de remuneraciones vigente. Se pagan iguales salarios a docentes que faltan con altísima frecuencia aprovechando las muchas oportunidades que brinda la legislación, que no se capacitan ni se comprometen con el aprendizaje, que a docentes que asumen con esfuerzo, vocación y entusiasmo la formación de sus alumnos. Una falla que ha contribuido a la decadencia es la intervención del gobierno nacional. Hasta ahora su rol más protagónico ha sido intervenir en las negociaciones salariales docentes procurando fijar un piso a las remuneraciones, que pagan las provincias.
Esto no sólo es contradictorio y contraproducente sino que lleva a eludir responsabilidades también muy importantes como promover el debate y las acciones a favor de aumentar la calidad educativa, disminuir la deserción de los jóvenes en el ciclo secundario y la formación adecuada para el mundo del trabajo.

