La encrucijada del euro y dos modelos
Con la crisis del euro, el ajuste en los países europeos con tradición de indisciplina fiscal y subas de costos por encima de la productividad es inevitable. Jorge Colina.
En 1999 era el único alumno argentino en la carrera de finanzas en la Escuela de Negocios de Amsterdam. El euro estaba en plena gestación. Si bien todavía no se habían reemplazado las monedas locales, muchos precios y los saldos bancarios empezaron a registrarse en la nueva moneda. Por ejemplo, el cajero automático seguía dando billetes en guilders (la moneda holandesa) pero la tirilla de la extracción con el saldo se expresaba en euros. Como se había entrado a un régimen cambiario muy parecido a la convertibilidad fui invitado a dar varias charlas y participar de talleres de discusión interna. Régimen de convertibilidad también había (y sigue habiendo) en Hong Kong y había muchos alumnos de Hong Kong. La gran diferencia, y el especial interés de los europeos por la experiencia argentina, es que Hong Kong era (y es) una economía extremadamente flexible en términos de instituciones económicas y sociales. Mientras que la Argentina, en cambio, tenía instituciones mucho más rígidas y, por ello, parecidas a las europeas. Los debates fueron tan intensos como interesantes. La principal conclusión, a mi juicio, es que hay una tendencia a exagerar las potencialidades que tiene la política cambiaria como factor impulsor de desarrollo. Les señalaba a mis colegas europeos que las devaluaciones en la Argentina no fueron históricamente un mecanismo impulsor de crecimiento y progreso social, sino una manera de disimular la acumulación de malas decisiones de política. En ese momento no contaba con el testimonio muy ilustrativo de la devaluación de 2002 en la cual no sólo que no se resolvieron los problemas estructurales de baja productividad de la Argentina sino que en muchos aspectos se agravaron. La devaluación apenas sirvió para "licuar" costos, sobre todo el salario real, y por esa vía recuperar (transitoriamente) cierto nivel de competitividad. En igual sentido, la devaluación no corrigió la deficiente organización y gestión del sector público; sólo "licuó" salarios públicos y jubilaciones para eliminar (transitoriamente) el déficit fiscal. 11 años después el euro está en crisis y las analogías con Argentina recobran actualidad. El ajuste en los países europeos, con una larga tradición de indisciplina fiscal e incrementos de costos laborales y tributarios por encima de la productividad, es inevitable. Una manera de instrumentar el ajuste es abandonando el euro, como lo hizo la Argentina cuando abandonó la convertibilidad. Por este camino hay que tener presente que las consecuencias de las malas políticas públicas no se corrigen con devaluaciones, simplemente se disimulan. El camino alternativo es el de la economía alemana donde los desequilibrios del sector público y la falta de competitividad del sector privado se corrigen con reglas de organización económica y social que premian el esfuerzo, la inversión y la eficiencia; no con desvalorización de la moneda.

