Connecticut: cómo explicarles a los niños
La masacre de Connecticut, como otras tragedias similares, en las que toda la sociedad se ve afectada, nos deja el interrogante de cómo abordar la problemática de la violencia y la locura con nuestros hijos. Verónica Sipowicz.
¿Cómo les explicamos a los niños lo inexplicable, lo ominoso, de tan difícil elaboración psíquica? ¿Cómo enfrentar la noticia frente al bombardeo de los medios de comunicación y de la sociedad en general que menciona constantemente lo ocurrido y nos deja sin palabras ante tanta angustia?
Los niños son grandes observadores de los adultos y demuestran una gran sensibilidad frente a aquellos temas que preocupan a las personas relevantes para ellos. Es un error no hablar del tema pensando que el niño no se dará cuenta. Evitar hablar es ocultarle la realidad, lo que no se pone en palabras genera más angustia y puede que se hagan una idea errónea de lo sucedido, generando fantasías más confusas. Además, es importante que el adulto sepa cómo se siente el niño, cuáles son sus miedos y preocupaciones, para poder ayudarlo.
Es necesario que el niño se encuentre escuchado y comprendido. Hay que contarles la verdad de manera simple, sin detalles que los alarmen más. Se debe utilizar un lenguaje sencillo, acorde con la edad, y responder a las preguntas que formulen, con claridad y seguridad. Es conveniente contar lo sucedido filtrando lo macabro, evitando la sobreinformación y la exposición continua a datos, narraciones e imágenes de dichas experiencias. Debemos tener en cuenta la reacción del niño, sus emociones, inquietudes, miedos y creencias. Es el propio niño el que marca el ritmo y la dirección de la conversación, indicando hasta qué punto está preparado para hablar.
Es importante dejar en claro que a pesar de que estos hechos ocurrieron, ellos están seguros y no les va a suceder lo mismo. Si notamos que se encuentra desorientado y no entiende sus propias emociones, ayudará el hecho de ponerles nombre con compresión y empatía “se que te sientes triste; es normal, a nosotros también nos pasa”. “Es muy feo y terrible lo que sucedió, nosotros estamos tristes, pero tranquilos porque en nuestra escuela nunca va a suceder nada semejante, vos también tenés que estar tranquilo”. “Nosotros te vamos a cuidar y tus señoritas también”. Cualquier forma de expresión puede ser de ayuda al niño para la elaboración psíquica, como dibujar, escribir poemas, cuentos, cartas etcétera. Sin embargo, y a pesar de tomar todas las precauciones, el impacto de la información del hecho, sumado a la angustia de los padres que muchas veces les cuesta contener a sus niños por estar ellos afectados, puede generar una serie de síntomas compatibles con el estrés postraumático, tales como ansiedad, angustia de separación, regresiones o pérdida de habilidades recientemente adquiridas, irritabilidad, miedos, fobias, somatizaciones, labilidad atencional, trastornos de aprendizaje y/o conducta que, de persistir, es indicado consultar a un especialista.

