¿Qué ganamos?
Es innegable que Argentina –junto a toda Latinoamérica– está mejor ahora que en 2003, pero no mejor que Chile y casi tan bien como Uruguay, si tomamos el dato más abarcativo disponible, el Índice de Desarrollo Humano que elabora la ONU. Roxana Acotto.
El Gobierno festejó ayer 10 años de poder K bautizando el período como “la década ganada”, en contraposición con los años de 1980, que fueron –para toda la región– la década perdida en crecimiento y desarrollo.
¿Ganamos? ¿Qué ganamos?
Es innegable que Argentina –junto a toda Latinoamérica– está mejor ahora que en 2003, pero no mejor que Chile y casi tan bien como Uruguay, si tomamos el dato más abarcativo disponible, el Índice de Desarrollo Humano que elabora la ONU.
Todo el subcontinente que padeció las “venas abiertas” recibió el “maná” de una súbita mejora en los términos del intercambio, lo que impulsó un fuerte crecimiento económico, sin importar mucho si nuestros países eran gobernados por hombres (o mujeres) de izquierda, centro o derecha. El crecimiento económico, queda claro, no fue mérito del kirchnerismo.
Para que los primeros 10 años del nuevo siglo hubieran significado una “década ganada”, se deberían haber sembrado las bases para un desarrollo que no dependa tanto de las fluctuaciones económicas del mundo y tenga un eje y un norte claro.
Nada de eso se logró.
En materia de educación, si bien el plan Conectar Igualdad tuvo el innegable mérito de dotar a la mayoría de los adolescentes del acceso a herramientas informáticas, las evaluaciones de calidad educativa nos muestran en una pendiente plena (medida contra nosotros mismos) y una gran pendiente relativa (medida sobre países vecinos).
En materia de seguridad, Argentina sigue teniendo (igual que antes del kirchnerismo) uno de los índices de muertos violentos cada 100 mil habitantes más bajos de la región (junto a Uruguay y Chile), pero aumentó dramáticamente el índice de robos y delitos contra la propiedad. No es verdad, entonces, que a mayor crecimiento económico haya menos delito. Si crecer es un elemento sustancial para mejorar las condiciones sociales, no trae aparejado en forma directa una disminución de la inseguridad.
En materia de trabajo, Argentina (de nuevo: al igual que toda la región) se estacionó por debajo de un dígito de desempleo. Y hoy por hoy es uno de los países de la región con más problemas en este sentido.
En materia de inversiones estratégicas, el kirchnerismo hizo desastres: la red ferroviaria sigue en agonía, la red de carreteras es pobre, el mercado aerocomercial está distorsionado por la empresa estatal, y el agua potable y las cloacas siguen siendo una gran materia pendiente. En materia energética, no hace falta explayarse mucho: el autoabastecimiento que supimos conseguir se esfumó en manos de Julio De Vido.
Pero quizá lo más grave de estos 10 años es que toda la construcción del poder K se cimentó en la división y el enfrentamiento de sectores que no necesariamente son antagónicos.
La mejora en la institucionalidad del país que prometía CFK en su primer mandato fue exactamente lo contrario: un parlamento-escribanía, una Justicia acorralada y un Poder Ejecutivo que avanza y avasalla todo, empezando por el federalismo.
Quizá lo mejor que puedan hacer los conductores de la Argentina en la última década es entender que ya dieron “lo mejor” que tenían para dar y que corresponde ahora una retirada prolija y ordenada.

